Monólogos decoloniales

Hegemonías Imperiales en Disputa: La Política Venezolana en la Encrucijada geopolítica mundial

Viernes, 30/01/2026 05:33 AM

Históricamente, la polarización política e ideológica, hunde sus raíces en el Encubrimiento de 1492 y la Revolución Francesa, que inauguran la modernidad occidental capitalista. En el parlamento de esa revolución burguesa, los autores políticos jacobinos, se ubicaron a la izquierda de dicho parlamento y sus encendidos discursos promovían una ruptura con lo tradicional, conservador, lo singular, con el statu quo y los autores políticos girondinos se ubicaban a la derecha de dicho parlamente, defendiendo lo tradicional, los valores patriarcales, lo individual por sobre lo colectivo, emergiendo la polarización ideológica y partidista de izquierdas y derechas. 

Durante la conquista y colonización, hubo una polarización civilizatoria moderna   de nuestro continente entre los civilizados conquistadores y las alianzas con las oligarquías configuradas durante la colonización y los bárbaros, los descendientes de los pueblos conquistados, polarización civilización vs barbarie.   

El devenir histórico desde el Encubrimiento, hasta hoy, ha tenido un eje transversal polarizador político ideológico en el siglo XX y lo que hemos recorrido del XXI ha dividido ideológicamente el partidismo entre izquierdas y derechas.

 Durante la conquista, colonización y colonialidad actual la polarización ha transitado en Nuestramérica por lo menos desde la polaridad civilización o barbarie, luego en la bipolaridad geopolítica entre capitalismo, democracia y libertad vs comunismo, autoritarismo o dictadura, opresión. De los 60 en adelante del siglo XX, centro/periferia, progreso, desarrollo, vs dependencia, primer mundo vs segundo mundo vs tercer mundo y en el siglo XXI, Norte Global vs Sur Global, teniendo como sustento epistemológico la economía liberal, la economía política marxista, la economía neoliberal y más recientemente la economía digital tecno feudal de Yanis Vaukofakis, que trataremos en próximos artículos.

La polarización política venezolana no es un fenómeno doméstico aislado, sino un espejo de la disputa geopolítica mundial entre narrativas, poderes y epistemes que pretenden ordenar el mundo desde categorías binarias y dominantes: liberalismo vs socialismo, mercado vs. Estado, populismo vs tecnocracia, civilización vs barbarie. Desde entonces, Venezuela se convirtió en un laboratorio geopolítico, epistémico y mediático donde actores internos oficialistas y opositores, reproducen no solo intereses, sino también imaginarios importados, coloniales y tutelares. Entre sanciones, crisis, corrupción, bloqueos, retóricas de salvación y epistémicas de negación, se configuró un campo de fuerzas atravesado por dispositivos de intervención tanto internos como externos.

Lo que sigue es un monólogo decolonial imaginario, donde dos voces nacionales en disputa, la voz oficial y la voz opositora, exponen cada uno su lógica comprensiva e interpretativa de la realidad nacional, sus narrativas de legitimación, sus coartadas y sus heridas; para luego intentar, quizás por primera vez, construir una reflexión de consenso hacia la paz y la reconciliación del tejido sociopolítico venezolano.

Oficialista: Nos acusan de haber destruido la Patria, cuando la destrucción comenzó hace décadas con la dependencia petrolera, el rentismo importador y el imaginario colonial que redujo la política a la ilusión de que el mercado extranjero podía salvarnos, mejor que el Estado venezolano. Nosotros intentamos romper esa dependencia con soberanía, la respuesta fue el asedio imperial, las medidas coercitivas unilaterales, el bloqueo financiero y la confiscación de activos nacionales en el exterior, una guerra económica silenciosa y una guerra cognitiva permanente, con sello de Washington, sus padres de origen, el imperio británico y Unión Europea (UE) en general.

Opositor: No niegues lo evidente: hubo corrupción, improvisación y dogmatismo ideológico. Se destruyó el aparato productivo, se administró PDVSA como si fuera un abasto, con disculpas para los dueños de abastos, se negó la hiperinflación hasta que el dólar se impuso por la vía informal. La crisis económica, no puede explicarse solo desde las medidas coercitivas unilaterales y la guerra económica. También hubo “gestión en la calle” ineficiente, autoritarismo y represión.

Oficialista: Claro que hubo errores, pero ¿y la oposición qué? Mientras denunciaban corrupción, viajaban a EE. UU, UE y a los países del Grupo de Lima, a pedir intervención militar y sanciones que afectaron a millones de venezolanos y venezolanas. ¿O es que no es corrupción geopolítica entregar el país a intereses extranjeros a cambio de tutelaje imperial? Además, el discurso opositor, borró del mapa nacional, los daños de las medidas coercitivas unilaterales, el bloqueo financiero y el robo de CITGO, séptima empresa refinadora de petróleo del mundo. Ese epistemicidio mediático también destruyó la comprensión del país, mediante la Guerra cognitiva.

Opositor: Tampoco puedes negar que hubo un epistemicidio desde el poder. Se criminalizó la crítica, se clausuraron espacios laborales, académicos y mediáticos. Se instaló una epistemología de la negación: negar la inflación, negar el colapso industrial, negar la migración masiva, negar la corrupción en PDVSA, negar el deterioro sanitario, mediante el ocultamiento de indicadores de producción, rendimiento y sanitarias entre otras. Ese negacionismo impidió rectificar.

Oficialista: No reconoces las raíces históricas del conflicto. Venezuela no es un caso aislado. Somos parte de un reacomodo geopolítico mundial: EE. UU, un imperio hegemónico en declive relativo, China en ascenso, Rusia en guerra contra la OTAN- Ucrania, Eurasia reconfigurándose y América Latina entrelazada en nuevos polos geopolíticos de disputa. La guerra cognitiva no se redujo al país: fuimos objeto de propaganda falsa, sanciones y diplomacia coercitiva, en gran parte del planeta y en la ONU, a pesar de nuestro valiosos informes cargados de evidencias de asedio y agresión, presentados valiente y contundentemente argumentados por el Embajador Samuel Moncada, en el Consejo de Seguridad de la ONU, sin respuestas y acciones de un supuesto mundo y sociedades manejados por reglas desde 1945.

Opositor: Tú tampoco reconoces que la narrativa anti imperial fue usada muchas veces para encubrir elites nacionales que se enriquecieron bajo su sombra retórica. Ustedes también produjeron desigualdad, exclusiones y nuevas élites de boli burgueses. La crítica al imperialismo no exonera la corrupción interna, ni la opacidad del poder.

Oficialista: Entonces coincidimos en que el desastre es una dialéctica en espejo: corrupción oficial + corrupción opositora + tutelaje extranjero + neoliberalismo + populismo + colonialidad epistémica, colonialidad del poder y colonialidad del ser. Guerras de narrativas que no dejó lugar para el país real: el país del pueblo decente y trabajador.

Opositor: Coincido, agrego algo más: la polarización nos convirtió en operadores de guiones que no escribimos. Mientras nosotros gritábamos “¡Libertad!” mirando hacia Washington, UE, países del Grupo de Lima, ustedes gritaban “¡Soberanía!” mirando hacia Moscú y Pekín. Ambos polos político ideológicos partidistas acabamos delegando nuestra capacidad política en potencias que solo entienden la geopolítica desde sus intereses.

Reflexiones consensuadas

Venezuela no debe seguir siendo laboratorio de prueba de la Doctrina Monroe y su versión Donroe de Trump 2, ni espacio de tutelaje por ninguna potencia extranjera. Venezuela es y debe seguir siendo, territorio soberano de resistencia, re-existencia, libertaria insurgente y de paz, como lo manda el artículo 2 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. 

Sin soberanía económica no hay soberanía política, sin transparencia no hay confianza, sin reconocimiento del otro no hay consenso, reconciliación ni acuerdos, sin geopolítica paz no hay proyecto nacional, sin memoria histórica no hay pedagogía política colectiva

Ni tutelaje imperial ni tutelaje interno: Venezuela debe ser capaz de pensarse y gobernarse a sí misma.

La polarización político partidista, fue útil para el imperio, para las élites políticas y para los intermediarios, pero jamás para el pueblo. El desafío ahora es desarmar la colonialidad polarizante, subalternizadora e inferiorizadora de “ellos o nosotros”, y construir una política de reconocimiento mutuo. Si los polvos iniciales fueron ideológicos y los pantanos hoy son geopolíticos, la salida solo puede ser epistémica: pensarnos desde nosotros, desde Venezuela soberana en un mundo pluriverso y multipolar.

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