Ante la situación crítica de injerencia bélica de Estados Unidos, con su estrategia de "guerra de conquista", para el saqueo del petróleo venezolano y demás recursos, veamos cómo los gobiernos yanqui, han formado y educado a los cuerpos represivos, desde la Escuela de las Américas, la cual representa uno de los capítulos más controvertidos en las relaciones diplomáticas y militares entre Estados Unidos y América Latina. Fundada en el inicio de la Guerra Fría. Esta institución se convirtió en el epicentro de la formación castrense del continente, moldeando no solo las tácticas de combate, de las fuerzas armadas de la Región, sino también la estructura política de las naciones caribeñas y latinas. Su legado está íntimamente ligado a la implementación de regímenes autoritarios y a la violación sistemática, de los derechos humanos bajo el amparo de doctrinas de seguridad hemisférica, según las políticas del imperio.
La Escuela de las Américas fue fundada originalmente en 1946 en la Zona del Canal de Panamá, bajo el nombre inicial de "Latin American Training Center - U.S. Ground Forces". Su creación fue una iniciativa directa del Ejército de los Estados Unidos y el Departamento de Defensa, diseñada para consolidar la influencia estadounidense en la región, tras la Segunda Guerra Mundial; en 1963, bajo la administración de John F. Kennedy, la institución adoptó formalmente el nombre de "U.S. Army School of the Americas", reflejando un cambio estratégico hacia la contención del comunismo tras el triunfo de la Revolución Cubana.
Debido al cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter, que estipulaban la devolución del Canal a la soberanía panameña, la escuela fue trasladada en 1984, a Fort Benning, Georgia, en territorio estadounidense. Este cambio de ubicación no alteró su misión fundamental, sino que la integró más profundamente en la estructura militar de los Estados Unidos. La creación de la escuela respondió a la necesidad geopolítica de Washington, de contar con aliados militares locales capaces de actuar como una primera línea de defensa contra la influencia soviética en el hemisferio occidental.
El objetivo declarado de la institución, era fomentar la profesionalización de los ejércitos latinoamericanos y promover la estabilidad regional, a través de la cooperación técnica. Sin embargo, el currículo de la escuela reveló propósitos mucho más profundos y oscuros. A medida que la Guerra Fría se intensificaba, las materias impartidas evolucionaron, desde la ingeniería y la logística hacia tácticas avanzadas de contrainsurgencia, guerra psicológica e inteligencia militar. Las enseñanzas de la escuela se centraron en preparar a los militares para un tipo de guerra no convencional.
Entre las materias más polémicas que se impartían, eran: Métodos de interrogatorio. El uso de manuales que incluían técnicas de coerción física y psicológica; Operaciones de comando. Entrenamiento en incursiones rápidas y eliminación de objetivos; Guerra psicológica. Estrategias para manipular la opinión pública y desmoralizar a grupos opositores; Inteligencia de combate. Técnicas para identificar y neutralizar redes de resistencia interna. Esta evolución curricular transformó a los cuadros militares latinoamericanos, en fuerzas especializadas en el control de su propia población, priorizando la eliminación de la disidencia interna, sobre la defensa de las fronteras nacionales y Alcance Geográfico de su Instrucción.
La magnitud de la influencia de la Escuela de las Américas se refleja en la cantidad y el perfil de sus egresados. Se estima que, a lo largo de su historia, la institución instruyó a una cifra que oscila entre 60.000 y 83.000 militares procedentes de casi todos los países de América Latina y el Caribe. La procedencia de los alumnos abarcó naciones con contextos políticos diversos, pero con un patrón común de inestabilidad o regímenes militares: Cono Sur: Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y Paraguay. Región Andina: Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Centroamérica: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá. También, militares venezolanos durante los últimos cuarenta años de la Cuarta República también pasaron por La Escuela de las Américas.
Según Diana González en su libro, "Escuela de las Américas" destaca que: "En el año 2002, entre los militares que encabezaron el intento de golpe de Estado contra el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, figura el general Efraín Vázquez, graduado de la Escuela de las Américas. Hasta el año 2004, el Estado venezolano se mantenía enviando funcionarios militares a la Escuela de las Américas para recibir entrenamiento militar. Sin embargo, ese año el presidente Hugo Chávez, anunció el retiro formal de su país de la Escuela. Para el mandatario, el retiro de Venezuela de la escuela militar mostraba "un deseo de que vivamos juntos en paz y para que haya paz tiene que haber justicia".
Desde las aulas de esta escuela de adiestramiento para el terror, egresaron figuras que posteriormente ocuparían las más altas esferas del poder, a través de golpes de Estado. Se estima que al menos 10 altos funcionarios entre presidentes y dictadores y miembros notorios de los gobiernos dictatoriales, fueron graduados en la Escuela de las Américas, junto a 38 ministros de Defensa y 71 comandantes en jefe.
Entre los egresados más notorios se encuentran los dictadores: Manuel Noriega en Panamá. Efraín Ríos Montt en Guatemala; Hugo Banzer, responsable del sangriento gobierno militar de Bolivia en 1971 y de la consiguiente dictadura que duró hasta 1978. Leopoldo Galtieri en Argentina; Juan Velasco Alvarado en Perú. General Roberto Eduardo Viola, promotor de un golpe de Estado en Argentina en 1976, fue un militar argentino que ejerció como presidente de facto entre marzo y diciembre de 1981, durante la dictadura conocida como "Proceso de Reorganización Nacional". Su breve gestión se caracterizó por una severa crisis económica, incluyendo una fuerte devaluación monetaria, y fue destituido por un golpe interno, siendo posteriormente condenado por crímenes de lesa humanidad.
Otros altos funcionarios notorios como: Roberto D'Aubuisson, graduado en 1972 y justo después forma parte del Servicio de Inteligencia de El Salvador, acusado como líder de un escuadrón de la muerte entre otros delitos; General Héctor Gramajo, se desempeñó como Ministro de Defensa de Guatemala desde el 1 de febrero de 1987 al 20 de mayo de 1990, durante los largos años de la Guerra Civil de (1960-1996), autor de políticas militares genocidas en los años ochenta. Manuel Contreras, líder de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), máximo organismo de represión del gobierno de Augusto Pinochet en Chile y condenado por múltiples causas de violaciones a los derechos humanos en ese mismo país. Romeo Orlando Vásquez, exjefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras, directamente involucrado en el Golpe de Estado al presidente José Manuel Zelaya Rosales en 2009.
La base ideológica de la Escuela de las Américas fue la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN). Esta doctrina establecía que la principal amenaza para el Estado, no provenía de una invasión extranjera, sino del "enemigo interno": los ciudadanos, organizaciones sociales, sindicatos o movimientos políticos que pudieran estar alineados con la ideología comunista. Bajo esta premisa, cualquier forma de oposición política era clasificada como una amenaza a la seguridad del Estado, lo que justificaba el uso de la fuerza militar contra la población civil.
Las consecuencias políticas de esta doctrina fueron devastadoras para la región, produciendo la inestabilidad democrática de la Región. La formación recibida incentivó la intervención militar en la política, facilitando numerosos golpes de Estado; violaciones a los Derechos Humanos, la implementación de las tácticas de contrainsurgencia aprendidas, se tradujeron en desapariciones forzadas, torturas sistemáticas y ejecuciones extrajudiciales; Terrorismo de Estado: la coordinación entre egresados de la escuela, facilitó operaciones transnacionales de represión, como la Operación Cóndor.
El análisis de la Escuela de las Américas permite extraer conclusiones fundamentales, sobre la historia reciente de América Latina y el papel de la intervención extranjera en la región. La Institución funcionó como un catalizador para la profesionalización de la represión estatal, proporcionando las herramientas técnicas, para el autoritarismo; el apoyo financiero y educativo de los Estados Unidos, fue determinante en la permanencia de las dictaduras latinoamericanas, durante la Guerra Fría. Tras décadas de protestas, la escuela fue clausurada formalmente en el año 2000, siendo reemplazada en 2001 por el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad (WHINSEC).
Aunque esta nueva entidad enfatiza formalmente los derechos humanos, sin embargo, aún es considerada la continuación del mismo adoctrinamiento ideológico, bajo un nuevo nombre. La historia de la Escuela de las Américas, destaca la importancia de subordinar las fuerzas armadas, al poder civil y garantizar que la formación militar esté estrictamente alineada con el respeto a los derechos humanos y los "valores democráticos", aunque en la práctica, no suele ser tal como lo manifiestan. La Escuela de las Américas no fue simplemente un centro de entrenamiento, sino un instrumento ideológico que dejó una huella profunda de contrariedad y autoritarismo en el continente, cuyo estudio sigue siendo esencial para comprender la lucha por la memoria, la verdad y la justicia en América Latina, lo cual debe servir de lección para el futuro de nuestros pueblos.