¡Qué buena vaina contigo, compañero Trump! Nosotros haciendo todo lo posible para que la gente crea que aquí, sí, aquí, en Venezuela, hay una dictadura arrechísima, y en parte lo hemos logrado, porque hay unos cuantos pendejos nuestros que repiten como loros esa vaina, y ahora viene usted, y con esa carita mimada que todo lo tiene y pide de todo, y dice que es un dictador. Entonces, ¿cómo carajo quedamos nosotros, que estamos luchando a brazo partido y cintura perdida contra esta dictadura desde hace más de veinte años? Porque si las dictaduras son buenas, ni hacen daño ni dan pena, y se acaba por llorar, entonces no vale la pena seguir echándole bolas a esta vaina. Lo bueno es que usted puede hacer lo que le da la gana —no vamos a olvidar nunca la humillación que le hizo a nuestra premio nobel de la paz, cuando fue a entregarle el premio—, y el derecho internacional le importa un carajo y cuando dice una vaina, la gente, los países, los presidentes se cagan, literalmente. Allí está Dinamarca esperando que deje a Groenlandia tranquila, y está la OTAN recibiendo lo suyo. Y todo esto empezó cuando capturó —secuestro dicen los chavistas— al dictador con su señora y se los llevó a Estados Unidos, no sin antes asesinar a un gentío. A partir de ahí, más de uno anda asustadísimo, hasta el comunista de aquí de al lado, el Petro, declaró que usted también se lo podía echar al pico en cualquier momento, hasta que usted lo invitó a la Casa Blanca para que se le quitara el susto.
Aquí los chavistas decían que el dictador anterior nos tenía locos, y esa vaina era verdad, pero ahora también mucha gente en el mundo dice que usted los tiene locos de bola a bola, porque usted es la noticia, usted declara y sale todo el mundo a comentar lo que dice, y todo lo demás que pueda pasar a nadie le importa un carajo; incluso hay gente que pregunta: "¿Qué declaró hoy el loco amarillo?" Además, usted ha creado una Junta de Paz para Gaza, y se da el lujo de invitar a los presidentes de los países para que estén presentes allí; eso sí, pueden dar mil millones de dólares voluntariamente y, de paso, a usted le importa un carajo la ONU, y cuando le preguntan por ella, se ríe. Y aprovecho para decirle una vaina: aquí los compañeros están asustados, porque, por lo visto, la dictadora encargada que tenemos está haciendo las vainas bien, y eso nos preocupa, porque si todo sigue bien, entonces nosotros tendremos que inventar otra cortina de humo, como hace usted con la isla de Epstein. Porque si no pueden venir al país Antonio Ledezma ni Julio Borges ni el poeta Leopoldo ni Carlos Vecchio, gente sacrificada por lo que queda de país, mi país, tu país, seguimos en las mismas. Además, nuestra compañera Dinorah Figuera, quien ha estado luchando por la libertad al frente de esa Asamblea Nacional en el exilio, también nos preocupa porque no sabemos si le van a quitar su legalidad. Lo bueno es que los sueldos sí los están cobrando. Ismael García anda feliz con eso porque no hace un carajo y le pagan en dólares. Y ahora, otro que anda que no sabe qué hacer es Andrés —a cero cincuenta— Velásquez, porque salió a pedir elecciones libres y por puesto, y la gente preguntaba quién era ese, porque estaba en la clandestinidad y ya lo habían olvidado. En verdad, compañero dictador Trump, estamos, como dicen los orientales, como volador sin rabo. No tenemos a quién creerle aquí, y los que pueden mover las masas están en el exterior. No tenemos a quién prenderle una vela.
El papá de Margot llegó de la calle diciendo: "¿Qué les parece esa vaina, ahora el compañero Trump se declaró dictador? Tarde piaste, pajarito. Esa vaina ya lo sabíamos; lo que pasa es que no lo decíamos por cobardes. Haces lo que te da la perra gana sin importarte un carajo nada. Ahora, cuando decimos que aquí hay una dictadura, los chavistas nos dicen: "Vayan a Estados Unidos para que sepan lo que es una verdadera dictadura. La policía del ICE anda buscando latinos para enviarlos a sus países. Y asesinando gente, mataron a una maestra porque les dio la gana. Ahora, ¿qué carajo vamos a hacer nosotros?". Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina salió gritando: "¡Vete para Groenlandia, muérgano!".
—Vendrá la muerte y tendrá tus ojos —me declama Margot.