Hay un misterio en curso. Los rusos parecen reacomodarse a la acción de desmantelamiento geopolítico que ejecuta Donald Trump. Están impávidos, concentrados en su Ucrania, origen de su progenie, mientras mucho de su entorno aliado parece despedazarse a manos de su arquetípico rival.
El misterio estriba en un repentino cambio de narrativa. De pronto empezaron a dejarse hacer a título de estar ocupados con su guerra. El hecho contrasta enormemente con anteriores posiciones de amenazas contra sus adversarios, de exterminio nuclear, inclusive. Por ejemplo, es célebre la declaración de Dimitri Medvédev en 2024 sobre la desaparición de Gran Bretaña por efecto de sus misiles hipersónicos.
A finales de ese año, por cierto, perdieron a Siria, sin mucho arriesgo. Simplemente se retiraron. Allí se empoderaron antiguos terroristas, reivindicados por los Estados Unidos (Trump entonces ya era el presidente electo). En 2026, perdieron geopolítica en Venezuela, donde quedó al descubierto el descuido del arsenal defensivo a su cargo: allí Trump secuestra al presidente y neocoloniza el país. Poco después, se dejan incautar por los mismos gringos un barco petrolero con su bandera, el Bella 1, vinculado a Venezuela.
Y hace apenas unos días casi pierden a su aliado ejemplar en el Medio Oriente, Irán, ante los mismos desestabilizantes Estados Unidos. En el caso del Bella 1, enviaron un buque de guerra, pero se mantuvieron estáticos ante los otros hechos.
El misterio es ese claro abandono geopolítico en áreas de reciente defensa, en evidente concesión a los Estados Unidos. O bien se encuentran cerca de ganar la guerra en Ucrania y evitan distracciones; o, simplemente, acordaron un arreglo de poder con sus eternos rivales, sumando a China a la ecuación.
Los rusos sueñan con la toma de Groenlandia por Trump porque, en efecto, desmoronaría a la OTAN: sus integrantes tendrían que enfrentarse. Ello repercutiría en su seguridad nacional, debilitando ipso facto a sus jurados enemigos europeos: Francia, Alemania y Gran Bretaña.
Y son ambiguos con el novedoso Consejo de Paz propuesto por Trump, el mismo que Emmanuel Macron rechazó porque socavaría el marco protagónico de la ONU en la resolución de conflictos mundiales. Ya ofrecieron los $1000 millones de membresía solicitados por Trump y sugirieron que Estados Unidos podía comprar Groenlandia.
Los rusos, en fin, parecen precipitar el fin de una era y empezar a remachar el surgimiento de la tripolaridad de poder que se sospecha pactaron con los Estados Unidos en agosto de 2025 en Anchorage, Alaska: Europa para ellos, Suramérica para los americanos y Medio Oriente y Oceanía para los chinos.