¿Si de verdad vino el director de la CIA, por qué no lo detuvieron?

Jueves, 22/01/2026 05:45 AM

En los pasillos del poder y en las calles de una Venezuela que aún procesa los impactos de la "Operación Resolución Absoluta", una pregunta incómoda flota en el aire con la densidad del humo tras un combate: ¿De verdad estuvo William Burns, director de la CIA, en el Palacio de Miraflores? Y si la respuesta es afirmativa, la duda que corroe la lógica del honor nacional es inmediata: ¿Por qué el hombre que representa el brazo ejecutor de la agresión militar y el secuestro de la pareja presidencial no salió de Caracas esposado?

Fuentes internacionales y reportes recientes sugieren que Burns no solo aterrizó en suelo venezolano, sino que mantuvo reuniones de alto nivel con la estructura política que hoy encabeza la vicepresidenta encargada, Delcy Rodríguez. Se dice que en la mesa no se discutieron cortesías, sino las crudas realidades de una transición forzada por el estruendo de los cazas estadounidenses y la extracción ilegal de Nicolás Maduro y Cilia Flores hacia tribunales de Nueva York.

Desde el punto de vista del Derecho Internacional, Burns es, como mínimo, un cooperador necesario en la violación de la soberanía nacional. Entonces, ¿por qué no se le aplicó la ley venezolana?

Muchos analistas simplistas sugieren que detener a Burns habría sido un suicidio ante una superpotencia que ya demostró su disposición a usar la fuerza bruta. Sin embargo, para un experto en soberanía, la respuesta es más compleja y se divide en tres dimensiones críticas:

  1. La Realidad de una Guerra Desigual: Enfrentar a un imperio en su fase más agresiva bajo la administración Trump requiere algo más que retórica. Una detención de Burns habría escalado la intervención militar de una "operación de extracción" a una invasión total de ocupación. La prudencia, en este caso, podría ser el escudo que evita un baño de sangre aún mayor.

  2. La Jugada Maestra de la Diplomacia Bolivariana de Paz: La actual dirigencia en Caracas parece estar aplicando lo que algunos llaman "realismo bolivariano". Si Burns vino, fue para establecer las líneas rojas del control territorial, la operatividad de la industria petrolera y el destino de los prisioneros de guerra. Mantener el canal abierto con la CIA, por paradójico que suene, podría ser la única vía para garantizar la integridad física de los secuestrados y evitar el desmembramiento total del Estado.

  3. El Dilema del Juicio Imposible: Abrir un juicio a Burns en Caracas habría sido un acto de dignidad simbólica, pero de nulidad práctica en el escenario de fuerza actual. La diplomacia venezolana parece haber optado por el "reconocimiento del adversario" para ganar tiempo y reorganizar la resistencia desde la legitimidad institucional que aún conserva la estructura del Estado.

Si Burns estuvo en Miraflores y se fue tranquilo, queda claro que el poder en Venezuela está navegando aguas desconocidas. ¿Se negoció la entrega de crudo a cambio de paz? ¿Se pactó la estabilidad de las facciones internas ante la ausencia del líder?

Lo que el mundo político venezolano se pregunta es si estamos ante una capitulación silenciosa o ante una resistencia estratégica que utiliza la diplomacia como su última línea de defensa. La historia nos ha enseñado que, en geopolítica, lo que no se dice en los micrófonos es lo que realmente mueve las fronteras.

Si el jefe de los espías entró y salió, no fue por miedo, sino porque en el tablero de Caracas, hoy se juega una partida donde la soberanía se defiende con la astucia de quien se sabe rodeado, pero no vencido.

 

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