El guapetón imperial

Martes, 20/01/2026 11:02 AM

El escenario internacional actual no se asemeja a una mesa de negociación diplomática, sino más bien a un tablero de asedio donde la racionalidad jurídica ha sido sustituida por el garrote. Bajo la administración de Donald Trump, la política exterior estadounidense ha abandonado cualquier pretensión de "soft power" para encarnar la figura del "guapetón imperial". Ese actor que, consciente de su musculatura militar y financiera, atropella la legalidad internacional con la convicción de que su voluntad es la única fuente de derecho.

Lo que hemos presenciado recientemente en aguas del Caribe no es otra cosa que un acto de piratería del siglo XXI. El asesinato de más de cien personas en operaciones navales encubiertas, bajo la excusa de la seguridad hemisférica, representa una ruptura total con los protocolos de las Naciones Unidas. La agresión no se detuvo en las costas.

El luto que hoy embarga a Caracas, con un centenar de personas asesinadas tras incursiones violentas financiadas y dirigidas desde el Norte, constituye un crimen de lesa humanidad. No son daños colaterales; es terrorismo de Estado aplicado por una potencia que ha decidido que la soberanía venezolana es un estorbo para su hegemonía energética.

La degradación moral del imperio alcanzó su cenit con el secuestro de la pareja presidencial. Este acto, que evoca los episodios más oscuros del colonialismo decimonónico, es un ataque directo al corazón de la República.

En el Derecho Internacional, la inmunidad de los jefes de Estado es una norma de jus cogens que garantiza la estabilidad mínima entre naciones. Al violentar esta norma, Trump ha declarado que no reconoce pares, sino súbditos.

A esto se suma el despojo descarado de nuestra riqueza. El robo de buques petroleros en alta mar es un acto de filibusterismo moderno. Al confiscar activos que pertenecen al pueblo venezolano, Estados Unidos no sólo busca el colapso económico de la nación, sino que envía un mensaje aterrador al mundo: "Sus bienes solo están seguros si se alinean con mis intereses".

El "guapetón" no solo golpea a quienes considera enemigos ideológicos; su política de confrontación es universal. La amenaza constante de aranceles punitivos se ha convertido en una herramienta de extorsión global. Desde Pekín hasta Bruselas, nadie está a salvo.

El comportamiento belicoso de Trump es, paradójicamente, el síntoma de una hegemonía en decadencia que solo sabe comunicarse a través de la violencia y la bota arancelaria de un Washington que no entiende de cooperaciones, sino de sumisiones.

Ante la política del "guapetón", la respuesta de las naciones soberanas debe ser la unidad inquebrantable en torno al Derecho Internacional.

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