Lo que hubo fue una vergonzante derrota militar que contrastó con todos los shows, bailaderas y poses aguajeras de "guerra asimétrica" o "guerra popular prolongada", recuerdos de una adolescencia maoísta mal digerida, destinada a la galería. La realidad pinchó el globo de la épica oficialista. Lo que presenciamos no fue ni siquiera la caricatura de una gesta heroica, sino una lamentable escaramuza con decenas de muertos de un solo lado, que, no solo dejó al desnudo la fragilidad de un aparato que solo parece fuerte contra civiles desarmados, sino que dio paso a una capitulación de grandes consecuencias históricas.
Es evidente que, además de ineptitud e irresponsabilidad, hubo filtraciones a la CIA, a la cual hoy se recibe con calurosos estrechones de manos, y una traición no investigada, que tampoco se investigará. Ahora se pretende una "normalidad" que no es tal porque están suspendidas las garantías constitucionales. Aunque hubo excarcelaciones, no hay liberaciones plenas y continúan las "puertas giratorias". Hay la paz aparente de un país aplastado por la represión de un gobierno sin ninguna legitimidad. La Ley de amnistía no puede retenerse más. Ese sería un buen gesto de paz.
Pero todos sabemos que estamos ante una dictadura tutelada directamente por el gobierno de Trump. Un gobierno sin legitimidad de origen ni de ejercicio no puede ofrecer la paz basada en el derecho, solo puede administrar el miedo.
Esto, por supuesto, causa una gran disonancia cognitiva entre las personas que todavía siguen al PSUV. No hay armonización posible entre el abierto tutelaje gringo y el manido discurso antiimperialista. Esto causa desconcierto, rabia, dolor incluso. Pero el lodo del sometimiento, viene de los polvos del oportunismo geopolítico de una burguesía parásita de la renta petrolera, que quiso hacer maromas aprovechando las contradicciones entre los imperialismos chino, ruso y americano, no para salvar a la nación, sino para garantizar su propia permanencia y el flujo de sus negocios. Al final, el cálculo les falló y terminaron entregando la soberanía que decían defender.
No hubo invasión. Hubo una extracción sin bajas norteamericanas y despliegue de tecnología avanzada. Por recientes declaraciones de Trump, se evitó un escenario como el de Irak, de un país despedazado por una guerra civil, al querer los invasores "despedir" a los jefes militares y estos integrarse al ISIS. El modelo colonial que parece querer aplicar Trump en Venezuela, tiene precedentes. Según un artículo del Huntington Post, los politólogos Oliver Stuenkel y Adrian Feinberg, del Carnegie Endowment for International Peace de Washington, han analizado otras experiencias similares de "intervención fiscal" norteamericana, a principios del siglo XX, en algunos países latinoamericanos.
Se sabe que EEUU "tomó" (como "tomó" Panamá EEUU cuando Roosevelt era presidente, allá en 1903) varios buques petroleros y vendió su carga de crudo venezolano. De allí, salieron varios cientos de millones de dólares que, colocados en un fideicomiso en Qatar, fueron enviados al Banco Central de Venezuela para que este coordinara con cinco entidades bancarias venezolanas las subastas de esas divisas. Los bolívares resultantes, han dicho Delcy y los gringos, tendrían destinos como la compra de insumos, bienes de capital y hasta un fondo social para animar un poco el mercado interno, amenazado por la hiperinflación. Trump, a la semana de la "extracción", se reunió con las petroleras para que invirtieran en la recuperación de la producción petrolera. Unas, mostraron reservas; otras, mostraron entusiasmo. Rápidamente, como parte de una gran reforma legal que incluye el marco jurídico del trabajo, el presidente de la AN, anunció un cambio a la Ley Orgánica de Hidrocarburos, que ahora se llamará "código". Todo para calmar los temores de las grandes empresas petroleras.
Lo que aquí se está desarrollando para diferente a las intervenciones estadounidenses de las últimas ocho décadas, especialmente las hechas en el Medio Oriente. Pero no es nuevo, tampoco. No hay motivaciones ideológicas, nada de idealismo democrático. La franqueza de Trump no deja chance a "teorías conspirativas". El interés es el petróleo, el hierro, el aluminio, el oro y las tierras raras. En todo caso, se trata de aplicar el modelo denominado de "sindicatura fiscal". Se trata de un enfoque, iniciado por el presidente Theodore Roosevelt, a principios del siglo XX, en particular República Dominicana, Cuba, Haití, Nicaragua y Panamá, en las primeras décadas del siglo XX. Estos acuerdos no equivalían a protectorados formales, pero a menudo funcionaban como tales en la práctica.
Así, los funcionarios estadounidenses, en aquel entonces, asumieron el control de fuentes de ingresos clave y, en algunos casos, también ejercieron autoridad sobre la tributación interna y la presupuestación. Los gobiernos locales conservaron la soberanía nominal y las instituciones políticas formales, pero las decisiones sobre la recaudación de ingresos, el servicio de la deuda y el gasto público fluían cada vez más a través de Washington.
Los analistas norteamericanos estiman que, sin una presencia sostenida, capacidad administrativa y legitimidad política sobre el terreno, las perspectivas de reforma del sector petrolero venezolano siguen siendo inciertas, especialmente en un entorno marcado por la corrupción, la fragilidad institucional y el riesgo de conflictos. Estas mismas reservas hacia los planes de Trump se expresaron en la reciente reunión de este con las petroleras.
Las administraciones fiscales de principios del siglo XX ofrecieron la ilusión de control, pero no lograron resolver problemas estructurales, estabilizar la política ni generar beneficios económicos duraderos, ni para los países involucrados ni para los inversores estadounidenses. La lección que sacan de estas experiencias históricas los politólogos Oliver Stuenkel y Adrian Feinberg, del Carnegie Endowment for International Peace de Washington es que incluso las potencias hegemónicas enfrentan fuertes limitaciones al intentar gestionar la economía política de otros estados a distancia, lo que genera un sentimiento antiestadounidense y efectos de apoyo mutuo.
Efectivamente, la intervención ha despertado muchas expectativas. No están descaminadas las encuestas que muestran, sobre todo, el rechazo masivo de la población hacia el aparato de dominación chavista-madurista, decapitada, pero que sigue funcionando, ahora con un cerebro gringo, y la esperanza de que mejore algo la situación económica por el mito de la eficacia gringa. No es descabellado pensar que venga una purga en el chavismo- madurismo de los elementos que entorpezcan el plan de Rubio, de estabilización- recuperación- transición. La figura de la Machado, mejor tratada al menos que Zelensky, aunque siga con mucho apoyo, como lo muestran las mismas encuestas, ha quedado como una carta para el futuro condicional de Venezuela: cuando al fin se restituya la Constitución. Casi textualmente lo dijo Rubio: MCM tiene el apoyo del pueblo para cuando haya elecciones.
Ante este panorama, no debemos esperar que la democracia nos caiga del "cielo" trumpista. El pueblo debe desechar las ilusiones y prepararse para nuevas luchas populares orientadas hacia la restitución de la Constitución y sus garantías. Este objetivo es el que debe dictar la hoja de ruta. La gravedad del momento histórico exige una política de alianzas amplia y sin complejos. Si el objetivo es rescatar el hilo constitucional y devolverle el poder al ciudadano, la unidad debe ser tan vasta como el sector de la sociedad que hoy padece la bota de la represión y el hambre. Solo la vuelta a la legalidad democrática podrá abrir caminos para sacar al país de este tutelaje humillante y de la violencia sistemática.