Donald Trump=Barbarie y Oscurantismo

Jueves, 15/01/2026 05:36 AM

El 3 de Enero del 2026 quedará en la historia y la memoria como el día que la Patria de Bolívar y Chavez, fué víctima del Neo-Fascismo liderado por Donald Trump, este narco-pedofilo y terrorista, fué capaz de mandar a bombardear a Venezuela y secuestrar a su presidente Nicolas Maduro y la primera dama; y diputada Cilia Flores.

“Toda época tiene su fascismo: sus señales premonitorias se evidencian por donde se vea. Niega al ciudadano la posibilidad y la capacidad de expresar y actuar por su propia voluntad. A esto se llega de muchas maneras y no necesariamente con el temor de la intimidación belica, sino negando o distorsionando la información, para luego contaminar la justicia.

Venezuela es un pueblo pacífico, solidario y profundamente Revolucionario. Esta plenamente comprobado que no representamos una amenaza para ningún país de la región, ni mucho menos para una potencia hegemonica como los Estados Unidos, que en 2015 declaró de manera infame a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria,” en el gobierno de Obama. Lo que sí somos es una Revolución socialista. También somos una democracia regida por una Constitución nacida del debate del pueblo y refrendada por el voto del poder popular en 1999 con el respaldo del 71,80% de los electores, constituyendo uno de los consensos nacionales más amplios de nuestra historia moderna. Nuestra democracia es directa, participativa y protagonica,  organizada en cinco poderes públicos y profundamente distinta a los regímenes occidentales basados en formas de representación indirecta. En veintiséis años de Revolución Bolivariana se han celebrado veintiocho procesos electorales.

Desde 2024 se han reactivado las consultas populares para que las comunidades decidan de manera directa sus proyectos de desarrollo. Sin embargo, desde el origen mismo de este proceso, los grandes medios corporativos y las élites políticas que gobiernan los Estados Unidos y Europa, han insistido en presentar a Venezuela como un régimen dictatorial. Esa narrativa no es política: es económica. Venezuela posee la principal reserva petrolera certificada del mundo, una de las  reservas de gas más grandes del continente, oro, coltán, cobre y plata, además de una inmensa biodiversidad, grandes reservas de agua dulce y una posición geoestratégica privilegiada. Desde el triunfo de nuestra independencia republicana dirigida por el gran Simón Bolívar y la consecuente caída del imperio español en el continente, este territorio ha sido uno de los más codiciados por las potencias mundiales.

Y esta es la única razón por la cual desde la llegada de la Revolución Bolivariana, de mano de Comandante Hugo Chavez, se ha intentado deslegitimar y criminalizar al Estado venezolano, usar la guerra cognitiva para preparar a la opinión pública mundial y justificar cualquier forma de despojo disfrazada de democracia, de derechos humanos y de libertad, los mismos argumentos falsos que se usaron para invadir Irak, Afganistan, Libia, entre otros tanto casos.
Si analizamos con objetividad los ultimos 100 años, Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro Moros han sido los presidentes que con mayor firmeza defendieron la soberanía nacional y se opusieron frontalmente a la Doctrina Monroe, impulsando la integración latinoamericana y caribeña como una patria grande de desarrollo compartido. De ahi nacieron organismos como UNASUR, la CELAC y el ALBA. La historia venezolana tiene una larga lista de Presidentes, derrocados por esta misma razón: el petróleo. Cipriano Castro fue derrocado en 1908; Isaías Medina Angarita, en 1945, Rómulo Gallegos, en 1948.  El Comandante Hugo Chávez fue derrocado en 2002 y restituido apenas cuarenta y ocho horas después, por el pueblo movilizado en las calles. El presidente Nicolás Maduro Moros ha sido objeto de guerras económicos, bloqueo, intentos de golpe de Estado en 2017 y 2020, un intento de Magnicidio con drones, hasta culminar en su secuestro ilegal y criminal el pasado 3 de enero de 2026.

El bombardeo criminal, acompañado de ataques cibernéticos y electromagnéticos que culminaron con el secuestro ilegal del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y de su esposa, la Primera Dama y diputada Cilia Flores, debe comprenderse como el punto culminante de un largo proceso de injerencia, conspiración y sabotaje dirigido por el gobierno de los Estados Unidos desde al menos el año 2019.
Durante el primer mandato del presidente Donald Trump se activó una política abierta y descaradamente hostil contra Venezuela. Las sanciones impuestas a la industria petrolera redujeron los ingresos nacionales en más de un 98%, generando un impacto demoledor sobre la vida social y los derechos humanos de nuestro pueblo. Este asedio económico constituye una de las causas estructurales de la diáspora venezolana hacia América Latina, Europa y Norteamérica.

Estas medidas no actuaron de forma aislada. Fueron acompañadas por operaciones encubiertas de la CIA y el financiamiento de la USAID, a factores de derecha y extrema derecha, y por múltiples intentos de Magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro, entre ellos la Operación Gedeón, hecho sin precedentes en la historia política contemporánea. Paralelamente, se promovió un gobierno paralelo cuya única función fue el despojo ilegal de activos de la República: el oro venezolano retenido en bancos del Reino Unido, fondos bloqueados en Portugal y empresas estratégicas como CITGO en los Estados Unidos y Monómeros en Colombia. Estos antecedentes forman parte inseparable del expediente del bombardeo ilegal perpetrado contra la ciudad de Caracas el 3 de enero de 2026, que costó la vida de militares venezolanos y cubanos, de civiles inocentes, dejó más de un centenar de heridos de gravedad y ocasionó daños severos a infraestructuras de salud, científicas y residenciales. El crimen de guerra contra la Unidad de Diálisis en el estado La Guaira.

Lo ocurrido ese día constituye una de las más graves violaciones de la soberanía nacional de un país latinoamericano en la historia reciente y expresa el colapso del derecho internacional como marco regulador de la convivencia entre naciones. Estamos presenciando una era de oscurantismo geopolítico, donde la ley es sustituida por la fuerza militar, y la barbarie del más poderoso pretende imponerse como norma.
Con esta exposición se caen las caretas y las matrices de opinión emanadas de los mismos centros hegemónicos que durante veintiséis años estigmatizaron a la Revolución Bolivariana y que hoy intentan justificar esta atrocidad. En Venezuela no hubo traición. Hubo resistencia y dignidad frente a una agresión cobarde.
La madrugada del 3 de enero de 2026, el presidente Nicolás Maduro Moros decidió evitar una masacre y enfrentar la agresión por la vía legal, jurídica, diplomática y política, en estricto apego al derecho internacional. No fue rendición, sino responsabilidad.

El 19 de agosto de 2025, el gobierno de los Estados Unidos sorprendió al mundo con un despliegue militar desproporcionado en el Caribe, movilizando flotas submarinas y aeronaves artilladas en una operación inédita de amedrentamiento contra los países de la región y contra la soberanía de Venezuela en particular. Este despliegue fue acompañado por una narrativa débil y fantasiosa que pretendía vincular al Estado venezolano con el llamado “Cartel de los Soles”. Como demuestran documentos de organismos internacionales y de agencias estadounidenses, Venezuela nunca ha sido un país relevante en el tráfico internacional de drogas. No existen en su territorio cultivos, laboratorios, pistas ni infraestructuras propias de carteles. El 95% de la droga que entra a Estados Unidos y Europa transita por el océano Pacífico, no por el Caribe, especialmente desde Ecuador y Colombia. Durante más de quince años, Venezuela ha sido un país activo en el combate contra el tráfico de drogas. Sólo en el 2025 fueron neutralizadas 40 aeronaves provenientes de Colombia e incautadas casi 70 toneladas de drogas destinada a mercados estadounidenses y europeos.

El supuesto “Cartel de los Soles” constituye un falso positivo más, una operación de propaganda y falsa bandera destinada a justificar acciones militares ilegales como la perpetrada contra Venezuela. La narrativa del Cartel de los Soles, ha sido cuestionada previamente por organismos estadounidenses y desestimada como causa jurídica apenas 24 horas después de la presentación del presidente Nicolás Maduro Moros ante tribunales neoyorquinos. Altas autoridades del propio gobierno de los Estados Unidos han reconocido que dicho Cartel no existe. El pirata mayor, el Presidente de Estados Unidos ha reconocido públicamente, que su interés central en Venezuela es el petróleo.

Tras el bombardeo criminal contra la ciudad de Caracas, el Gobierno Bolivariano se mantiene en pie de lucha,  haciendo valer el hilo constitucional.
De conformidad con la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, corresponde a la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asumir la Presidencia Encargada, reconociendo que el único presidente legítimo de Venezuela es Nicolás Maduro Moros, y se encuentra secuestrado en los Estados Unidos y sometido a un juicio ilegal. Él y su esposa, la diputada Cilia Flores, son prisioneros de guerra, en pleno siglo XXI.
Su liberación se ha convertido en causa de unión nacional y en la primera reivindicación de nuestra soberanía y de nuestros derechos políticos como nación. Hoy, Nicolás Maduro Moros y su esposa, la diputada Cilia Flores, son símbolos de lucha, como lo fue Mandela en su momento. Hoy libramos junto a ellos una batalla diplomática, política y jurídica que concentra la causa fundamental de nuestro país y que debe llamar a la solidaridad activa del Sur Global, amenazado por la nueva doctrina imperialista.

Las encuestas más recientes realizadas en los propios Estados Unidos muestran un rechazo superior al 70% de su población a las operaciones militares contra Venezuela y al secuestro de su Presidente. Esto evidencia que la operación militar fue una victoria táctica y al mismo tiempo una derrota estratégica toda vez que tanto la narrativa falsa contra Venezuela, como las acusaciones contra el Presidente Nicolas Maduro, se han derrumbado dejando al desnudo la verdadera causa de este crimen político y de guerra: siempre ha sido el hambre de petróleo lo que motiva a los gobiernos demócratas y republicanos de los Estados Unidos a desprestigiar y agredir moral, política, económica y militarmente a nuestra Revolución Bolivariana.

Le hacemos un llamado a la comunidad internacional a comprender la gravedad del momento histórico que estamos viviendo. Este tiempo exige de los pueblos,  una participación activa y una sensibilidad alerta frente a lo que constituye un acto de barbarie contra un país y una amenaza contra el sistema-mundo.

Venezuela no es ni será jamás un protectorado de los Estados Unidos ni de ninguna potencia. Todos los acuerdos discutidos con posterioridad a los ataques habían sido propuestos previamente por el presidente Nicolás Maduro Moros, quien insistió de manera permanente en el diálogo y en una salida política y diplomática frente a la amenaza imperial. Fue Donald Trump quien en 2019, impuso sanciones petroleras y obligó a las empresas norteamericanas a salir de Venezuela, como quedó en evidencia en reciente reunión en la Casa Blanca con compañías petroleras. Fue Donald Trump quien bloqueó comercialmente a Venezuela e impidió que las empresas de bienes y servicios de su país operaran en el nuestro. Fue Donald Trump quien se negó en su primer gobierno, a reconocer las instituciones republicanas y cerró el diálogo con el gobierno Bolivariano, reconociendo un gobierno paralelo cipayo y títere encabezado por un vende Patria llamado Juan Guaidó. Todo lo que hoy pretende exhibir Donald Trump como victoria, se hubiese podido resolver con una llamada telefónica como se espera de gobiernos civilizados regidos por mecanismos legales.

No tendrían que haber muerto mas de un centenar de personas, entre soldados Venezolanos, agentes Cubanos y población civil, no tendrían que estar heridos decenas de soldados norteamericanos ni haberse puesto en riesgo la Paz de nuestra Patria Grande. La arrogancia supremacista quien se impuso y cruzó las líneas rojas de lo moralmente aceptable y lo legalmente tolerable.El pueblo venezolano jamás se rendirá. El presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, jamás se rendirán ante el fascismo del siglo XXI y hemos pasado a una nueva fase de nuestra lucha: la diplomacia Bolivariana de paz y derecho internacional. El desafío que hoy enfrentamos no es solo venezolano, sino latinoamericano y caribeño, defender la verdad y restituir el respeto a la autodeterminación de los pueblos.

"La batalla continua y nosotros Venceremos".

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