La dura reflexión militar después del 3E: se requiere de tácticas para soñar la estrategia

Miércoles, 14/01/2026 01:15 AM

Normalmente, se busca el talón de Aquiles para atacar a un contrario. Un hueco, una fisura, un descuido… Pero atacarlo por donde precisamente se cree más fuerte o invulnerable ha de ser una máxima de gran encomio en el arte militar. Es la definición de la sorpresa en grado sumo.

Así ocurrió con Venezuela. Los avanzados sistemas de defensa antiaérea rusos le inspiraron esa confianza fatal la madrugada del sábado 3 de enero. Los S-300 y los Buk-M2 los compró Hugo Chávez en 2009 y posicionó a Venezuela como un espacio aéreo prácticamente invulnerable en el continente.

Los S-300 son unos de los sistemas antiaéreos más avanzados del mundo, con un alcance de 200 km. Su acompañante defensivo en Venezuela, los Buk-M2, orugas móviles con un alcance de 40 km, venían a configurar la segunda barrera de defensa. La tercera barrera recaía sobre los Igla-S, unos misiles antiaéreos portátiles con un alcance de 6 km, presuntamente en cantidad de 5 mil.

Pero todo ello, desastrosamente, estuvo apagado esa madrugada, desconectado de los radares. Así lo evidenciaron las fuerzas estadounidenses cuando penetraron con impunidad al territorio presuntamente con más de un centenar de aeronaves para extraer al presidente Nicolás Maduro y a su esposa.

Se sabe que hubo un corte eléctrico y de INTERNET a la 1:55 am y que puntos neurálgicos para la comunicación militar fueron bombardeados, siendo emblemáticas las antenas del Cerro El Volcán, en El Hatillo (además del Observatorio Cagigal, el aeropuerto de Higuerote, la Base Aérea La Carlota y la Academia de la Armada Bolivariana en La Guaira).

Ello podría explicar en parte la ceguera del sistema defensivo venezolano en hora tan funesta, pero de ningún modo justifica que las temidas armas defensivas no estuviesen desplegadas, tanto menos cuanto se podía considerar inminente un ataque gringo. Los lanzadores Buk-M2, destruidos con especificidad por los agresores en La Guaira, Catia La Mar, La Carlota e Higuerote, dieron fe de que sus componentes estaban hasta almacenados, en nada operativos.

La acritud conclusiva estriba en que el ejército no estuvo tácticamente preparado para la contienda, con radares de detección desactivados y carente de un plan B. La sorpresa enemiga ante defensa tan desguarnecida apunta a dos tristezas develadas: equipos militares inoperativos y abandono aliado.

 

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