El Neo-emperador Trump: “mi poder no tiene límite”

Viernes, 09/01/2026 11:09 AM

El 3 de enero de 2026 marcó un nuevo capítulo en la historia de la confrontación entre Venezuela y los Estados Unidos. Ese día, las acciones militares estadounidenses en el Mar Caribe provocaron la condena inmediata de la Organización de las Naciones Unidas, que señaló la violación flagrante de la soberanía venezolana y el quebrantamiento del derecho internacional.

Sin embargo, la respuesta del presidente Donald Trump fue tan contundente como alarmante: "no le hago caso al derecho internacional". Con esta frase, el mandatario estadounidense no solo despreció la institucionalidad global, sino que se autoproclamó, en la práctica, como un neo-emperador cuyo poder pretende estar por encima de toda norma y límite.

El derecho internacional no es un capricho académico ni un conjunto de normas abstractas: es el pacto civilizatorio que busca evitar la barbarie entre naciones. Cuando un jefe de Estado declara abiertamente que lo ignora, está enviando un mensaje de supremacía imperial, de imposición unilateral, y de desprecio hacia la comunidad internacional.

La ONU, al condenar los hechos del 3 de enero, reafirmó que la intromisión militar en Venezuela constituye una violación de la soberanía nacional, principio fundamental consagrado en la Carta de San Francisco de 1945.

Resulta revelador que incluso el Senado de los Estados Unidos haya exigido el retiro de las fuerzas militares del Mar Caribe. Este gesto, aunque insuficiente, demuestra que dentro de la institucionalidad norteamericana existen voces conscientes del peligro que representa la arrogancia imperial.

Sin embargo, la indiferencia de Trump frente a esa decisión confirma su narrativa de poder absoluto: un gobernante que se coloca por encima de su propio sistema político, y que se presenta como dueño de un poder sin contrapesos.

La historia venezolana ha estado marcada por la defensa de la soberanía frente a las pretensiones imperiales. Desde Bolívar hasta nuestros días, la idea de independencia ha sido el núcleo de nuestra identidad nacional. La intromisión militar estadounidense no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia histórica de dominación. Pero cada intento de intervención ha encontrado en el pueblo venezolano una resistencia que dignifica y fortalece la lucha por la autodeterminación.

El autoproclamado "neo-emperador" Trump representa más que una amenaza para Venezuela: es un desafío para el orden mundial. Al declarar que no reconoce el derecho internacional, abre la puerta a un escenario de anarquía global, donde la fuerza sustituye a la norma y la imposición reemplaza al diálogo. Este modelo no solo pone en riesgo la paz regional, sino que erosiona los cimientos mismos de la convivencia internacional.

"El poder sin límites" que Trump pretende encarnar es, en realidad, la expresión más cruda del imperialismo contemporáneo. Venezuela, al ser blanco de esta arrogancia, se convierte en símbolo de la resistencia de los pueblos frente a la imposición extranjera. El informe de la ONU y la decisión del Senado estadounidense son recordatorios de que la comunidad internacional y hasta sectores internos de Estados Unidos reconocen la gravedad de la situación.

Frente al neo-emperador que proclama su supremacía, la respuesta debe ser clara: la soberanía no se negocia, el derecho internacional no se ignora, y la dignidad de los pueblos no se somete.

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