En el siglo XX, la soberanía de una nación se defendía exclusivamente en sus fronteras físicas: hitos terrestres, costas y espacios aéreos. Sin embargo, en la Sociedad del Conocimiento del siglo XXI, el concepto de territorio se ha expandido de forma irreversible. Hoy, Venezuela se defiende también en una dimensión invisible pero omnipresente: el ciberespacio.
Como científicos y planificadores formados en la visión estratégica, debemos comprender que la información es hoy el activo más crítico del Estado. Por ello, propongo una máxima que debe guiar nuestra doctrina de seguridad y defensa integral: "Un byte vulnerado es un centímetro de soberanía perdido".
La Dimensión Digital de la Seguridad
Esta metáfora no es una simple figura retórica. Cuando hablamos de ciberseguridad, no nos referimos simplemente a proteger computadoras o redes sociales. Estamos hablando de la integridad de los datos de nuestros Organismos de Seguridad Ciudadana, de la trazabilidad financiera que supervisa la UNIF bajo la LOCDOFT (Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo) y de la operatividad de nuestras infraestructuras críticas.
En la era de la "Guerra Híbrida" y de Quinta Generación, un ataque telemático exitoso tiene un impacto equivalente al de una incursión militar convencional: puede paralizar la economía nacional, interrumpir el suministro eléctrico o neutralizar la capacidad de respuesta policial ante el delito. Si un actor hostil logra vulnerar un byte de nuestra red estratégica, ha penetrado nuestra frontera digital. Cada dato filtrado, alterado o secuestrado es terreno que cedemos ante intereses contrarios a la República.
Hacia la Soberanía Tecnológica y la Química Fina
Venezuela ha dado un paso fundamental con la creación del Consejo Nacional de Ciberseguridad en agosto de 2024. Este órgano tiene la misión estratégica de "vacunar" nuestras instituciones. Desde mi perspectiva como bioquímico y especialista en planificación, veo este proceso como el fortalecimiento del sistema inmunológico del Estado frente a patógenos digitales.
Para un país petrolero que debe transitar hacia la Química Fina —una química de alto valor agregado, menor consumo energético y compromiso con el ambiente (Química Verde)— la ciberdefensa es el escudo indispensable. No hay desarrollo soberano posible si nuestra propiedad intelectual, nuestros datos científicos y nuestra seguridad pública están expuestos al sabotaje externo.
Conclusión: Ciencia, Política y Diplomacia
La defensa de la soberanía digital exige un vínculo orgánico entre la academia, el gobierno, el empresariado y la sociedad civil. Debemos formar talento humano con conciencia patriótica, capaz de desarrollar herramientas tecnológicas propias que nos liberen de la dependencia tecnológica.
En última instancia, en un mundo donde los problemas son globales —desde el cambio climático hasta la gobernanza del ciberespacio—, proteger el bit es proteger al ciudadano. Defender cada byte de información pública es, en esencia, defender la paz, la independencia y el futuro de Venezuela.