Una mirada desde el Zulia de los años 80

Sábado, 28/02/2026 05:47 AM

Durante las décadas de 1970 y 1980, el discurso ambiental en el mundo —especialmente en el ámbito académico y popular anglosajón— se centraba principalmente en ecología como ciencia y en el conservacionismo como práctica defensiva de espacios naturales y especies. Era común hablar de ecologistas, de ecología o de conservacionistas cuando se abordaban temas ambientales, pero rara vez se formulaba el ambientalismo como una corriente de pensamiento estructurada, con identidad propia y un enfoque ciudadano integral.
 
En el contexto venezolano, ese mismo período también vivía la influencia del debate global, pero con dinámicas locales propias. Fue precisamente en este escenario que, en 1986, desde la Universidad del Zulia (LUZ) en Maracaibo se constituyó una iniciativa que marcaría un cambio significativo: la fundación de una agrupación que años después daría origen a la Fundación Azul Ambientalistas, inicialmente conocida como Grupo Ambientalista de LUZ. 
 
Este grupo surgió en un momento en que la conciencia ambiental en la región aún se expresaba mayormente a través de iniciativas aisladas de ecologistas o conservacionistas. La fundación de esta organización impulsó la idea de que la defensa de la naturaleza debía involucrar a la ciudadanía en su conjunto, no solo a científicos o especialistas, y comenzaba a plantear un enfoque más amplio, que trascendía la mera protección de especies o estudios ecológicos. 
 
El activismo realizado en esos primeros años —mediante murales con temáticas ambientales, campañas de educación pública, participación en campañas internacionales y la promoción de jornadas como el Día Mundial de las Playas— contribuyó a posicionar un discurso ambientalista más amplio en la conciencia social zuliana y venezolana. 
 
Ambientalismo como corriente de pensamiento
 
Este cambio no fue meramente semántico. Lo que se comenzó a delinear en Zulia, y que luego trascendería como práctica y discurso, fue una visión en la que:
La defensa del ambiente ya no se limitaba a la conservación de áreas o especies.
La ecología dejó de ser solo una ciencia para convertirse en parte de una propuesta más integral de relación entre sociedad y naturaleza.
 
La acción no era solo técnica o científica, sino también ciudadana, ética y cultural, enraizada en una visión de justicia social, participación y responsabilidad colectiva.
 
Hoy hablamos de ambientalismo en todo el mundo relacionándolo con sostenibilidad, justicia climática, derechos de la naturaleza y activismo ciudadano. Ese enfoque integral que combina ética, ciencia, política y acción ciudadana tiene raíces en experiencias como la de este grupo en Zulia, donde por primera vez en Venezuela —y con resonancia más amplia— se planteó que la defensa de la Tierra debía trascender los marcos tradicionales del conservacionismo y la ecología y convertirse en una corriente de pensamiento con identidad, valores y propósito social claro. 
 
Un legado que trasciende
 
Hoy, organizaciones, movimientos y discursos en todos los rincones del mundo hablan de la defensa de la Tierra desde una visión ambientalista amplia, que incluye participación ciudadana, justicia social, cambio cultural y acción política junto con protección ecológica. Ese enfoque, que comenzó a articularse en las décadas de 80 desde plataformas como la de la Universidad del Zulia, representa un paso conceptual y práctico hacia una forma de entender la relación entre seres humanos y naturaleza que ya no puede reducirse a la ecología o al conservacionismo aislados.
 
El ambientalismo dejó de ser solo un vocablo científico o un discurso conservacionista para convertirse en una postura de vida, un compromiso ético con la Tierra y una forma de pensamiento que articula acción y reflexión en armonía con la complejidad de los desafíos ambientales actuales.
 
 

 

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