La delgada cornisa sobre la que caminan las COP climáticas

Viernes, 20/02/2026 01:38 PM

 En la serie distópica Extrapolaciones, de la estadounidense Apple TV (2023), la cumbre climática de 2037 se escenifica en formato híbrido en Israel…

Ocurrencias como esa no pintan tan descabelladas, luego de 30 años de hacer lo mismo con resultados cuestionables y especialmente después de la 30 Conferencia de las Partes (COP30) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc), de noviembre último en la ciudad brasileña de Belém, en plena Amazonia, en una serie de sesiones que atrae a 196 países y la Unión Europea (UE).

Este episodio del largo melodrama climático sin colofón alimenta más dudas sobre el esquema de las COP anuales y de su viabilidad para solucionar la catástrofe climática, el mayor riesgo existencial que enfrenta la humanidad en el siglo actual, y cuya próxima cita 31 tendrá lugar en Turquía en noviembre, bajo la presidencia compartida entre esa nación y Australia.

"La arquitectura (institucional) ya está. Ahora se debe orientar a cómo estamos aplicando los acuerdos. Quisiéramos empezar a ver los resultados de un acuerdo global. Es clave tal vez que la COP se oriente más hacia la implementación, eso va a ser importante en la COP31. Falta el esfuerzo mayor para empezar a ver ese proceso de descarbonización", señaló a IPS, desde Bogotá, Silvia Calderón, directora del Instituto de Ambiente de Estocolmo Latinoamérica.

La carabela insignia de la Cmnucc, el Acuerdo de París sobre cambio climático de 2015, hace agua, pues las emisiones y la temperatura suben sin tregua y la meta del dique calorífico alrededor de 1,5 grados centígrados ha quedado a centímetros del piso, si bien la transición energética hacia modos menos contaminantes avanza, aunque aún sin hacer mella en el entramado fósil.

Los resultados, decepcionantes para muchos y halagüeños para otros más optimistas, de la COP30 alimentan las inquietudes sobre la viabilidad del mecanismo, mientras persiste el consuelo colectivo de que la situación del planeta estaría peor sin la Convención bajo la premisa de peor es nada.

La cita de Belém, que reunió a más de 40 000 personas, entre altos funcionarios, representantes de organismos internacionales, de la sociedad civil, la academia y periodistas, fluyó entre lemas para la galería, como "la COP de la verdad" y la "COP de la implementación", pero que como la retórica grandilocuente quedaron lejos de los resultados, en una cumbre que ya parece más un festival climático que un paquete de reuniones para enfrentar la mayor amenaza global presente.

La COP30 había prometido un marco para la adaptación, incluyendo un paquete integral de 100 indicadores; una hoja de ruta para cero deforestación en 2030 y una nueva meta de financiamiento.

Pero la cumbre no se tradujo en un plan de abandono de los combustibles fósiles, que empujaron varios países industriales y en desarrollo, organizaciones de la sociedad civil, pueblos indígenas y académicos, pese a que el tema no figuró en la agenda oficial que la presidencia brasileña de la COP promovió, para no pisar callos de por sí sensibles y lavarse las manos en los ríos circunvecinos a Belém.

En contrapeso, aprobó un esquema edulcorado de indicadores de adaptación, un plan de transición energética justa y una nueva meta de 300 000 millones de dólares anuales para 2035, mayor que la previa de 100 000 millones de dólares por año para 2020. Sin embargo, ese nivel es aún insuficiente para atender los impactos y la adaptación.

Por eso, los líderes de todas las naciones también acordaron que todos los actores deben trabajar juntos para movilizar 1,3 billones (millones de millones) de dólares al año para 2035 para los países más vulnerables a los impactos del cambio climático.

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