Para todo el que quiera comprender, explicar o escribir sobre nuestros países y sobre estos tiempos en el mundo, no podrá hacerlo sino incluye dentro de sus planteamientos el papel que han tenido o jugado los escritores y políticos canallas que son todos aquellos que independientemente de su posición ideológica o política, esta solo le ha servido para desde esa posición aprovecharse de ella, enriquecerse, enlodar a su país, venderlo al extranjero y escupir sobre los demás y quienes defienden al país o una posición contraria a la de ellos.
No buscan escribir, buscan dañar y difundir el daño para confundir para evitar una decisión o distorsionarla. Y utiliza su prestigio o proyección para favorecer sus argumentos dañinos.
Este fenómeno no es nuevo, pero en tiempos de crisis se agudiza, convirtiendo a muchos en meros mercenarios de las palabras y las ideas, dispuestos a sacrificar su integridad por ambiciones personales. En este panorama, el verdadero espíritu crítico se ve amenazado, y la voz de los auténticos defensores de la justicia social y la verdad se vuelve más necesaria que nunca.
Cuando hablamos del escritor canalla estamos haciendo una radiografía sobre la figura de la desfiguración o la traición intelectual y política en este 2026, un tiempo donde las fronteras de la lealtad se han vuelto difusas ante el peso del billete extranjero o el brillo de los focos internacionales.
El escritor canalla que daña a su país no es un bohemio romántico de los que duermen donde los agarra la noche, no; es un ingeniero del lenguaje que ha descubierto que la demolición de su propia casa es el espectáculo mejor pagado en los mercados del exterior imperialista. Este autor no escribe para sus compatriotas, sino para un jurado lejano que busca confirmar sus prejuicios sobre las naciones que considera "bárbaras" o "fallidas".
Su mayor interés no es la crítica, la cual es necesaria para avanzar en los debates, sino en caricaturizar situaciones o decisiones, con sarcasmo o ironía o con comparaciones que no tienen nada que ver con lo tratado, pero que llevan al lector o participantes a una deformación interesada de hechos y personas.
Para este escritor, Patria, independencia, soberanía, Venezuela, solo para nombrar algunas, son las palabras preferidas para su fiesta de desprestigio. Y además en su actuación se entrega a lo extranjero mediante una estética de la miseria que se vende como "verdad incómoda", pero que en realidad es una mercancía diseñada para el consumo de las grandes capitales extranjeras.
En sus textos, su país no es una comunidad de seres humanos luchando por el progreso y la industrialización, sino un vertedero de vicios inenarrables, un laberinto sin salida que solo merece la intervención o el desprecio de las potencias "civilizadas", sus habitantes son unos sucios desclasados, vagos e inmorales. El escritor canalla esta movido por grandes desprecios hacia la clase obrera, los pobres y la Patria.
El daño que este canalla inflige es profundo, pues busca erosionar la autoestima colectiva. Al querer convencer a la población de que su identidad venezolana es una enfermedad, busca preparar el terreno psicológico para la sumisión.
Se convierte en un "guía hacia la tragedia" para agentes extranjeros, ejércitos y fundaciones internacionales, diseñando el preámbulo de su trabajo intervencionista. Su pluma no es un bisturí que sana, sino una daga que secciona los hilos de la unidad y la identidad venezolana.
Desde la distancia lanza sentencias que desmoralizan a quienes sí padecen las consecuencias de sus palabras, aunque en Venezuela son los grandes defensores de los políticos presos, situación en la que nunca se verán. Es, en última instancia, un creador de la infamia que vende el alma de su pueblo por una traducción al inglés, un cheque con muchos fondos, una palmadita en el hombro de aquellos que miran a su país con ambición o desdén.
Para lograr su cometido, el escritor canalla utiliza cualquier argumento, siendo su favorito la Libertad de Expresión; la utiliza sin contexto legal para ubicar sus planteamientos en un supuesto terreno ético y de principios. Así, reclama fervorosamente su derecho de opinar para destruir la nación donde vive, elevando lo canalla y la traición al rango de bien supremo.
Utiliza los derechos constitucionales para destruir y atacar a la propia constitución y por ende a la integridad del país.
La intencionalidad y el destino de esa crítica son la agresión y la intervención, hasta llegar al secuestro presidencial que estamos viviendo.
Este tipo de escritor canalla, que tenemos muchos en Venezuela impunemente, sin que las leyes accionen, no actúa solo, por inspiración cerebral, sino que es un "tipo" de escritor falangista, como una parte muy importante en la estrategia de guerra no convencional donde la palabra es el arma que precede a la bota. Y que estos escritores canallas venezolanos no quieren que nos la quiten de encima, pues para eso les pagan.