El Factor Complejo en la Ecuación... Cirugía de Alto Riesgo en un Cuerpo Insano

Martes, 17/02/2026 03:35 PM

En la historia política universal, ninguna transición puede sostenerse sobre un terreno minado por lealtades armadas. Si las riquezas del suelo son la sangre económica de la nación, las Fuerzas Armadas son el sistema inmunológico que, en muchos casos, ha mutado hacia un cáncer metastásico.

Aquí es donde la analogía exige un análisis crítico sobre el trato quirúrgico, aplicado con pulso de explosivista, que se requiere para gestionar el factor militar en esta ecuación compleja.

España y Chile: La Bomba de Relojería bajo la Alfombra

Tanto en la España post-franquista como en el Chile post-dictatorial, el tratamiento hacia lo militar fue cauteloso, casi tímido. Podríamos decir que se optó por una cirugía sin bisturí.

En el caso español, el intento de golpe de Estado de 1981 reveló que la democracia nacía bajo la mira de los fusiles. Se logró estabilizar la situación, pero a costa de dejar intactas las redes de influencia del antiguo régimen dentro del cuerpo castrense. En el caso chileno, el dictador se mantuvo como Comandante en Jefe del Ejército hasta 1998, ocho años después de dejar la presidencia. Esto creó un enclave autoritario donde lo militar operaba como un poder fáctico intocable, capaz de vetar decisiones civiles.

Como lectura política histórica, se podría asegurar que el error crítico en ambos casos fue tratar al militar como un actor pasivo que se retira con honor. Se evitó la explosión inmediata, pero se dejó la pólvora húmeda bajo los cimientos de la nueva casa.

La Paradoja del Tutelaje Armado es que desmontar la dirección representa el corte quirúrgico inicial. Sin embargo, esto solo altera la funcionalidad del organismo.

En muchas latitudes, el estamento militar no es solo un ejército; es un conglomerado económico que controla puertos, minas, energía y, crucialmente, infraestructuras invisibles.

Aquí es donde el pulso de explosivista se vuelve necesario pero peligrosamente volátil. Una transición bajo tutelaje implica una presión externa para reestructurar este poder militar. El dilema es brutal:

La Cirugía Limpia o el Riesgo de la Parálisis…Si el gobierno auxiliar, bajo supervisión externa, opta por purgas masivas inmediatas para limpiar el cuerpo, corre el riesgo de fragmentar la cadena de mando. Un ejército fragmentado jamás es sinónimo de paz; significa señores de la guerra que podrían tomar el control de las estructuras básicas como rehenes estratégicos, incluyendo las riquezas naturales.

Es aquí donde toma valor el Pulso del Explosivista. El Riesgo de la Insurgencia ,si el tratamiento es demasiado agresivo como una intervención directa de fuerzas externas o desmantelamiento rápido de las estructuras, la reacción podría ser una explosión asimétrica. No un golpe clásico, sino una insurgencia prolongada, utilizando el control territorial para financiar la resistencia.

En este contexto entra la pregunta… ¿Democratización o Cambio de Uniforme?

El punto crítico de esta analogía es la soberanía. En los casos históricos, los militares protegieron el modelo económico imperante. En países bajo tutelaje externo, ¿a quién protegería las Fuerzas Armadas reestructuradas?

Existe el peligro latente de que el trato quirúrgico no busque la democratización real de la institución con control civil efectivo y transparencia presupuestaria, sino simplemente un cambio de lealtad.

Se pasaría de unos militares leales a un proyecto nacionalista a unos militares leales a un proyecto de seguridad hemisférica tutelada.

El pulso de explosivista radica en la tensión de mantener unidos los pedazos de un ejército que ha sido parte de un todo . Si se gobierna con el respaldo exterior, pero sin el control real de la tropa y los mandos medios, el poder será un cascarón vacío.

La seguridad de la nación dependería entonces de la buena voluntad de los generales, replicando el vicio histórico donde lo militar tiene veto sobre lo civil.

La soberanía bajo custodia de bayonetas extranjeras implica que, finalmente, no se puede disociar los recursos de los cuarteles.

En este tipo de escenarios, quien controla la fuerza, controla el flujo. Una transición que no logre sacar a los militares de la gestión de los recursos estratégicos estará condenada a repetir la historia.

El tratamiento quirúrgico debe ser radical en lo institucional pero preciso en lo humano: juzgar los crímenes sin desarticular la defensa nacional.

Pero bajo un tutelaje extranjero, esta precisión es casi imposible.

El riesgo es que el pulso explosivista detone una crisis de seguridad donde los caudillos regionales controlen los grifos, convirtiendo el derecho humano en un privilegio otorgado por la gracia de un uniforme.

En resumen, ni los casos europeos ni los del Cono Sur lograron resolver del todo la ecuación militar; la heredaron.

En un escenario que no enfrente este monstruo con una estrategia propia, soberana y justa, y no impuesta desde el exterior, se podría encontrar que se cambió una dirección por una junta invisible, donde el poder sigue fluyendo hacia los mismos lugares, solo que ahora vigilada por nuevos ojos.

Soberanía Extractiva y Transiciones Tuteladas

Sería una buena analogía crítica comparar la transición de la España post-franquista y el Chile post-dictatorial con los escenarios actuales de transiciones tuteladas. La historia no se repite, es cíclica, con la misma sed y la misma codicia.

Cuando se analizan los procesos de salida a la fuerza por parte de los gobernantes de los estados unidos, la narrativa oficial suele centrarse en las urnas, los presos políticos y los discursos de libertad.

Sin embargo, existe una verdad material que dicta la verdadera soberanía de una nación: quién posee el subsuelo y quién controla el flujo.

En la gobernabilidad bajo un esquema de tutelaje o supervisión de gobiernos extranjeros, es obligatorio mirar los espejos retrovisores de las transiciones pasadas para entender las implicaciones profundas de este posible futuro.

Pero hay una corrección crítica que hacer: si bien el agua es vida en la ciencia biológica, en la geopolítica se escribe en barriles de petróleo y gramos de oro. El agua es la víctima colateral; el petróleo y la minería son el botín.

La Energía y los Minerales como Anclas

Las transiciones históricas ocurrieron bajo la sombra de crisis energéticas globales. La seguridad energética era prioritaria para Occidente, lo que influyó en la estabilidad de la región. El agua fue gestionada como territorio, pero el combustible fósil fue la moneda global.

El espejo más nítido es el caso chileno. La transición mantuvo intacta la Constitución y el modelo económico. Pero el verdadero pilar fue el cobre; la estatal financió la transición, pagó la deuda social y garantizó la estabilidad macroeconómica, pero bajo reglas que privilegiaban la intervención extranjera y el extractivismo.

El agua fue privatizada para servir a la minería. La lección es clara: se puede tener democracia electoral, pero si el recurso estratégico está hipotecado a intereses globales, la soberanía es un espejismo.

El Petróleo como Rehén Geopolítico

Al igual que en los casos históricos se gobernó dentro de los márgenes del modelo económico anterior, en este contexto podría significar gobernar dentro de los márgenes de la seguridad energética de las potencias externas. Aquí es donde la analogía se vuelve crítica.

La soberanía de enfrenta a una Transición Tutelada donde el petróleo y la zona de riqueza mineral son el centro de la mesa de negociación.

La Faja Petrolífera Es la reserva de crudo más grande de la región. En un escenario de tutelaje, la rehabilitación requeriría capital y tecnología extranjera. El riesgo crítico es un esquema de Deuda por Petróleo. ¿Se convertirá el crudo en la garantía de pago para las sanciones levantadas y para las corporaciones que reconstruyan el país? Si el petróleo se usa para pagar la transición, el pueblo seguirá pobre mientras las bombas trabajan para acreedores externos.

La Zona Minera y la Muerte del Agua, Aquí es donde el análisis hídrico se fusiona con el económico. El sur del territorio es una de las reservas de agua dulce más grandes, pero también el objetivo del extractivismo minero (oro, coltán, diamantes y otros minerales estratégicos). En un escenario con supervisión extranjera, existe el riesgo de que la reconstrucción implique una entrega de los derechos mineros a consorcios internacionales bajo la excusa de eficiencia.

El costo hídrico es letal. la minería industrial y el fracking contaminan los acuíferos con mercurio y químicos. Una transición que priorice el oro y el petróleo sobre el agua estará firmando la sentencia de muerte ecológica de las comunidades indígenas y rurales.

La Infraestructura como Botín: Las grandes represas no son solo para agua; son para energizar la extracción. Quien controla la energía, controla la capacidad de extraer riqueza.

Pueblo Digno como Espectador del Saqueo

En estos casos, el pueblo siempre será el sujeto pasivo. En España, se pidió silencio por la estabilidad. En Chile, se pidió paciencia por la inversión. En otras latitudes, se podría hablar de pedir gratitud hacia el "salvador externo", mientras se negocia el futuro de sus riquezas naturales y soberanía a puerta cerrada.

La crítica fundamental radica en la justicia transicional.

Si esta no viene acompañada de una auditoría profunda de quién se robó los recursos de la Nación y quién se benefició de la crisis, estaremos ante un recambio de élites. Bajo tutelaje, ¿tendrá la nueva gobernabilidad la autonomía para nacionalizar los beneficios del petróleo para programas sociales, o estará atada de manos por tratados de protección impuestos como condición para el levantamiento de sanciones?

La historia del modelo extractivo nos dice que lo segundo es más probable.

Soberanía en Barriles y Gotas

Con la anterior analogía solo se busca advertir sobre el peligro de las soluciones importadas.

Las transiciones pasadas tardaron décadas en abordar los crímenes del pasado y aún luchan contra el modelo extractivo que privatizó sus aguas para servir a su minería.

Un país que despierta bajo un esquema de tutelaje extranjero y continuidad light, corre el riesgo de pasar a ser servidumbre de un poder global extractivista.

Nos queda preguntarnos: ¿El petróleo y el oro financian el bienestar nacional o pagan la deuda de la transición a corporaciones extranjeras?

Si el agua de la principal cuenca fluvial sigue contaminada por el oro y la luz de la infraestructura hidroeléctrica sigue hipotecada por el petróleo extranjero para pagar deudas de una guerra que el pueblo no declaró, entonces la transición habrá sido un éxito para la geopolítica, pero un fracaso para la humanidad.

La historia nos enseña que las transiciones que no devuelven el recurso al pueblo, solo le devuelven la urna.

Y con la urna llena, pero el río muerto y con el petróleo vendido por anticipado, la libertad es solo una metáfora seca. De una ecuación compleja y una cirugía de alto riesgo.

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