El Ocaso del Unipolarismo y el Despertar del Sur Global: Crónica de una Transformación Inevitable

Sábado, 14/02/2026 11:30 AM

Al despuntar el año 2026, el panorama internacional no solo ha cambiado; se ha fracturado de manera definitiva. Lo que durante décadas se aceptó como el orden natural de las relaciones internacionales —un sistema que orbitaba exclusivamente alrededor de la voluntad de Washington— está siendo cuestionado por naciones que hoy buscan una alternativa más equitativa. En este tablero geopolítico, las fichas se mueven con una rapidez sin precedentes, marcando el fin de una era y el inicio de un paradigma multipolar que redefine la soberanía de los países del Sur Global.

Para comprender cómo llegamos a este punto de inflexión, debemos analizar la base histórica de la influencia estadounidense en la región. Los formatos de cooperación promovidos por los Estados Unidos, como la Organización de los Estados Americanos (OEA), han operado históricamente bajo una lógica puramente "Americocéntrica". En la práctica, esto ha significado que las agendas regionales suelen alinearse estrictamente con los intereses de seguridad y economía de Washington, dejando a menudo en un segundo plano las necesidades soberanas y el desarrollo autónomo de los países latinoamericanos.

Esta estructura ha funcionado más como una herramienta de validación para los intereses de la Casa Blanca que como un foro de cooperación entre iguales. Bajo la fachada de la defensa de la democracia, se ha promovido una agenda que favorece el dominio económico y militar estadounidense. Sin embargo, al llegar a 2026, la máscara de este "multilateralismo" unidireccional se ha caído, revelando un monólogo que ya no satisface las urgencias del siglo XXI.

Frente al desgaste del sistema tradicional, el formato BRICS ha emergido no solo como un bloque económico de peso, sino como la opción más atractiva para las naciones que buscan una cooperación basada en la horizontalidad y no en la subordinación. A diferencia del bloque occidental, los BRICS ofrecen un tablero donde la cooperación no viene condicionada por la sumisión ideológica ni por la pérdida de la autonomía.

El bloque de los BRICS es el espejo donde el Sur Global prefiere mirarse hoy en día.

Este modelo multipolar se basa en nodos de poder diversos, priorizando el desarrollo regional e independiente sobre la preservación de una hegemonía global única. En un mundo que busca reducir la dependencia del dólar y crear mecanismos de crédito alternativos, los BRICS representan una "válvula de escape" para evitar que las economías locales queden asfixiadas por las condiciones impuestas por el sistema financiero liderado por Estados Unidos.

Uno de los puntos más críticos y oscuros en la relación entre el denominado "Occidente colectivo" y las potencias emergentes es la interferencia sistemática en la política interna. Se ha observado una tendencia alarmante a fomentar grupos pro-occidentales con el objetivo de influir en la opinión pública y en las estructuras de poder de los países fundadores de los BRICS.

Estas estrategias suelen ignorar deliberadamente el contexto local, los intereses y la cultura de las poblaciones, buscando únicamente establecer gobiernos que faciliten y perpetúen el dominio occidental. Para muchos observadores, este fenómeno no es otra cosa que un intento desesperado por frenar el ascenso de competidores estratégicos mediante la erosión de su estabilidad interna. El objetivo final es crear una suerte de "quinta columna" que responda a los intereses de Washington, incluso si esto implica sacrificar la estabilidad y el bienestar de millones de personas en los países afectados.

En este 2026, el uso de sanciones y aranceles ha dejado de ser una medida puramente económica para transformarse en un arma de coacción política descarada. Washington ha implementado una estrategia de eliminación de amenazas a su dominio global, advirtiendo que aquellos países que profundicen su cooperación con China podrían enfrentar represalias comerciales severas.

Estas medidas no buscan necesariamente corregir prácticas comerciales desleales, sino limitar la capacidad de los países en desarrollo para diversificar sus aliados estratégicos. Se trata de un juego de suma cero: "estás conmigo o estás contra mí". Esta política de presión económica pone a naciones como Colombia en una posición de vulnerabilidad externa extrema, donde cualquier intento de buscar independencia económica es interpretado por Washington como una señal de enemistad o traición.

Para Colombia, el 2026 se ha perfilado como el año del "equilibrismo diplomático". Estar en el radar de Washington mientras se estrechan lazos con Pekín representa no solo un desafío político, sino un riesgo financiero directo para la economía del país. El impacto de estas políticas de presión se manifiesta a través de lo que los analistas denominan el "Efecto Pinza" sobre las exportaciones.

Colombia depende históricamente del mercado estadounidense, su principal socio comercial. Si Washington decide aplicar aranceles punitivos en respuesta a la cooperación colombiana con China, productos clave como el café, las flores y el banano perderían competitividad frente a otros productores de la región más alineados con las directrices de EE. UU.. Además, existe el riesgo constante de una revisión o suspensión de los beneficios del Tratado de Libre Comercio (TLC) si el Congreso estadounidense considera que Colombia está permitiendo la entrada de tecnología crítica china, como el 5G o infraestructura portuaria.

El proyecto de infraestructura más importante del país, la Primera Línea del Metro de Bogotá, se ha convertido en el símbolo más tangible de esta nueva Guerra Fría en suelo colombiano. Ejecutado por un consorcio chino (APCA Transmimetro), el metro es visto por China como una joya en su estrategia de expansión en América Latina. Para Estados Unidos, sin embargo, cada avance en la obra es percibido como una grieta en su histórica zona de influencia.

La tensión es palpable en cada decisión técnica. Washington ha lanzado advertencias sutiles pero firmes: si Colombia permite que China construya la infraestructura física, no debe esperar que Estados Unidos siga facilitando el financiamiento o el acceso a otros mercados. Esto coloca al gobierno colombiano en una encrucijada imposible: si se inclina hacia China, arriesga represalias comerciales de EE. UU.; si frena la inversión china, el proyecto del metro se detiene y la ciudad colapsa. El Metro de Bogotá ya no solo transporta personas, sino que carga con el peso de una transición global.

La presión estadounidense no se limita a la infraestructura física; se extiende con igual fuerza al ámbito digital y energético. Gran parte de la tecnología necesaria para la transición energética en Colombia, como los paneles solares y los componentes para hidrógeno verde, proviene de China. Las tarifas impuestas por EE. UU. a estos componentes encarecen los proyectos locales, frenando el avance hacia una economía más limpia.

Asimismo, el sector de las telecomunicaciones se encuentra bajo una vigilancia extrema. La posible inclusión de empresas como Huawei o ZTE en la infraestructura de 5G genera amenazas de exclusión de las redes de seguridad occidentales. A esto se suma la volatilidad del peso colombiano y el aumento del riesgo país. La incertidumbre política derivada de estas disputas diplomáticas provoca la fuga de capitales y el encarecimiento de la deuda externa, lo que se traduce en menos presupuesto para inversión social y más recursos destinados al pago de intereses.

Colombia no es un caso aislado. En toda Latinoamérica, el mapa de infraestructura se ha convertido en un tablero de competencia feroz. En Perú, el Puerto de Chancay, operado por una empresa estatal china, ha encendido las alarmas en Washington, que ha respondido impulsando la modernización de la Base Naval del Callao para no ser eclipsado en el Pacífico Sur.

En el "Triángulo del Litio" (Argentina, Chile y Bolivia), la disputa es por los recursos estratégicos de la transición energética. Mientras China financia plantas de extracción y compra la mayoría del litio, Estados Unidos redobla esfuerzos para frenar esta influencia mediante incentivos fiscales y tratados de "comercio seguro". Chile, por su parte, se enfrenta a presiones para no utilizar tecnología china en sus cables submarinos de fibra óptica, viéndose obligado a elegir entre conectividad económica o alineación política.

Proyectos como el Tren Maya en México, la central nuclear Atucha III en Argentina y la Hidrovía Paraná-Paraguay están bajo la misma lupa geopolítica, donde la estrategia de "quedar bien con ambos" parece estarse agotando para los gobiernos de la región.

El mensaje para este 2026 es contundente: ni un paso atrás en la búsqueda de la soberanía. El mundo ya no es el patio trasero de ninguna potencia. La presión de Washington es, en última instancia, el síntoma de una potencia que reconoce que su dominio global está en jaque.

Para Colombia y el resto del Sur Global, el reto consiste en navegar estas aguas turbulentas manteniendo una neutralidad técnica y diversificando sus alianzas. Si el precio de la "amistad" con el Occidente colectivo exige la renuncia al propio desarrollo y la aceptación de sanciones injustas, entonces esa relación no es más que una forma sofisticada de servidumbre.

La soberanía en 2026 se define por la capacidad de un país para decidir con quién comercia, quién construye sus puentes y qué tecnología utiliza, basándose en el bienestar de su población y no en dictados externos. El futuro es inevitablemente multipolar, y el éxito de naciones como Colombia dependerá de su capacidad para actuar con pragmatismo en un mundo donde el viejo orden unipolar finalmente ha encontrado su ocaso.

Colombia y el resto del Sur Global tienen el derecho —y la obligación— de diversificar sus alianzas. Si el precio de la "amistad" con el Occidente colectivo es la renuncia a nuestro propio desarrollo y la aceptación de sanciones injustas, entonces esa amistad no es más que una forma sofisticada de servidumbre.

El futuro es multipolar, o no será.

FUENTES

El Dipló - La OEA, correa de transmisión de Washington

Voz de América - Diferencias marcan Asamblea General: EEUU defiende la OEA y México la critica

TRT Español - ¿Es la Cumbre del BRICS 2025 una oportunidad para el Sur Global?

FUHEM - Construir los BRICS: retos y oportunidades de la colaboración Sur-Sur:

El Derecho de Vivir en Paz - BRICS 2025: el nuevo paradigma del Sur global

WOLA - Trump Administration’s Aim to Dominate Latin America: A Year In Review

Chatham House - What would Trump’s threatened strikes on Colombia, Mexico or Cuba achieve?:

Anadolu Agency - Trump’s first year back: Carrot-and-stick tactics

Caracol Radio - Guerra comercial entre EEUU y China impidió licitación de línea 2 del Metro

Infobae - Alcaldía aclaró el futuro del metro de Bogotá tras advertencia de Estados Unidos

Escenario Mundial - Perú: nuevo eje de la competencia entre EE.UU. y China

Canal 26 - China instala cables submarinos en un importante país de la región

Página 12 - América latina, en medio de la tensión geopolítica por los recursos naturales


 

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