El presidente Nicolás Maduro lo apodó cariñosamente "El Abuelo", durante una reunión en Caracas por allá por 2017 por el parecido físico que vió entre el magnate estadounidense y su propio abuelo, según comentó.
Harry Sargeant III, es un multimillonario de Florida con décadas de experiencia en el petróleo pesado y el asfalto, que logró lo que pocos: entrar en el círculo íntimo del gobierno y asegurar contratos con PDVSA, dándole algo de oxigeno a la maltrecha posibilidad económica del país ante el bloqueo.
Sargeant no es un extraño en la Venezuela de la industria petrolera pues desde hace años, su imperio (construido sobre el negocio familiar de transporte marítimo de derivados pesados) ha prosperado gracias a exportaciones de asfalto venezolano.
En 2024, bajo la figura de los Contratos de Participación Productiva (CPP) impulsados por la entonces Ministra de Petróleo y hoy Presidenta (E) Delcy Rodríguez, registró empresas como Nabep y LNGEG Growth I en Caracas. Estos esquemas le permitían retener hasta el 57% de la producción, una ventaja enorme frente a las antiguas empresas mixtas. Premio a años de contactos, paciencia y navegación en aguas turbias con olor a petróleo por un lado y a sanciones por el otro, en conclusión, un empresario estadounidense operando cómodamente en Venezuela.
Tras el secuestro del presidente Maduro el 3 de enero de 2026 y el cambio drástico en el panorama político venezolano, Sargeant, como viejo conocido de Trump y compañero de golf en Mar-a-Lago, además de ser un donante republicano, posicionó su experiencia para ayudar a reactivar la presencia de compañías petroleras estadounidenses en Venezuela, funcionando como un puente ideal para esas empresas pues conoce tanto el petróleo venezolano, como la actualidad política del país, así como también los pasillos del poder en Washington.
Se cree que ha tenido reuniones con gigantes como EXxON Movil y Conoco Phillips, quienes han buscado su asesoramiento para evaluar posible regreso a los campos venezolanos, incluidos contactos con el gobierno a cargo del país, con quienes tiene mejor relación de la que podría llegar a tener Marco Rubio o el mismísimo Trump en toda su vida
Pero Trumpoleón, fiel a su estilo, no tolera que nadie se lleve el crédito que considera suyo, por lo que, el 12 de febrero de 2026, tras un artículo en The Wall Street Journal que destacaba el rol de Sargeant como asesor clave en la nueva relación EE.UU.-Venezuela, Trump estalló en Truth Social: "Hay un artículo sobre un hombre llamado Harry Sargeant III en The Wall Street Journal. Él no tiene autoridad, de ninguna manera, forma o modo, para actuar en nombre de los Estados Unidos de América, ni tampoco la tiene nadie más que no esté autorizado por el Departamento de Estado. Sin esta aprobación, nadie está autorizado a representar a nuestro país".
Fue una desautorización pública, directa y humillante. Trump alabó las "relaciones extraordinarias" con la nueva Venezuela (mencionando que se lleva "muy bien" con Delcy Rodríguez), pero dejó claro que el mérito era solo de su administración: Marco Rubio, el Departamento de Estado y él mismo. Nadie más.
La naturaleza mezquina de Trump salió a flote una vez más. Sargeant había hecho el trabajo durante años (negociar con Maduro, mantener contactos con Delcy, posicionar sus empresas vía CPP) y ahora, cuando el gran premio (el acceso masivo al petróleo venezolano) está al alcance, Trump no quiere compartir ni un ápice de gloria, prefiriendo desautorizar a su propio aliado de partido y amigo golfista antes que permitir que se le atribuyera influencia real en uno de los mayores giros geopolíticos de su segundo mandato.
Harry Sargeant III sigue siendo un titán del sector energético, con contactos en ambos lados del pasillo venezolano. Pero Trump dejó en claro: en su mundo, los méritos no se comparten. Se los queda él solo ¿caimanes del mismo pozo? NO, definitivamente no, del mismo pozo no, pero caimanes Si.
Sargeant III dirá para si, como dijo el gobernador de California y como decimos nosotros: Trump es sólo un presidente más de los EEUU y como mucho durará sólo tres años más, mientras el negocio petrolero del magnate Sargeant durara décadas más y el negocio petrolero venezolano durará siglos (mínimo tres más)