La pobreza en España

Sábado, 07/02/2026 07:17 AM

Un 25,7 % de la población española —12,6 millones de personas— se encuentra en riesgo de pobreza, según datos de la EAPN, Red de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español. Sin embargo, más allá de las cifras, el problema no es sólo económico: es también cultural, ideológico y moral. Buena parte de la sociedad española —no únicamente la ultraderecha, sino la derecha en general— mantiene una aversión casi instintiva al comunismo, heredera del viejo antagonismo capitalismo-comunismo que sigue estructurando el imaginario político occidental. España y Estados Unidos destacan, en ese sentido, como naciones especialmente intolerantes con el pobre, al que sólo se le reconoce el derecho a la caridad y a la filantropía, nunca a la justicia.

En el otro gran eje ideológico, libertad-igualdad, característico de las sociedades capitalistas —y con mayor crudeza de las neoliberales— se denuncia con frecuencia la existencia de disfunciones, pero rara vez se cuestionan las causas profundas de la desigualdad. Se señala la miseria como una anomalía, nunca como una consecuencia lógica del sistema. Así, la defensa casi religiosa de la libertad individual se impone sistemáticamente sobre cualquier aspiración seria de paridad social, como si con ello se cerrara el círculo de la racionalidad política.

Es cierto que dentro del propio capitalismo existen Estados que intentan amortiguar las diferencias mediante ayudas, subsidios y políticas sociales. Pero también los hay —y España se aproxima peligrosamente a este grupo— que, gobernados por élites económicas, sociales y políticas, trabajan en sentido contrario: invisibilizando al pobre, culpabilizándolo de su situación o empujándolo fuera del sistema. No se trata siempre de una voluntad explícita; a menudo basta la indiferencia estructural.

Aunque la condición humana sea capaz de traicionarse a sí misma incluso en principios forjados durante siglos, la conclusión resulta incómoda pero lógica: esos 12,6 millones de españoles preferirían vivir en una sociedad donde la desigualdad no se naturalice. No una sociedad perfecta —que no existe—, sino una en la que la esperanza no sea una palabra hueca. En los sistemas comunistas también existen diferencias, porque el azar y las circunstancias siguen operando; la diferencia es que allí la desigualdad es indeseable. No es un dogma.

El problema principal del pobre es el techo: la vivienda. En el comunismo, a diferencia del capitalismo, la vivienda se concibe como una responsabilidad del Estado, como una necesidad básica inmediatamente posterior a la alimentación. El Estado la garantiza en la medida de sus posibilidades. En eso consiste la esperanza. En la España actual, para millones de ciudadanos, el acceso a una vivienda digna no es una dificultad: es una quimera.

El mundo será más justo el día en que las naciones asuman los principios rectores del comunismo: la aplicación de la máxima racionalidad posible a la organización de la sociedad humana.

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