Nuestro gran escritor, patriota y antiimperialista José Martí, ante los delegados latinoamericanos que participaron en la Conferencia Internacional Americana en los Estados Unidos entre 1899 y 1891 les dirigió unas importantes y sentidas palabras, es el Discurso pronunciado en la velada artístico-literaria de la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York, el 19 de diciembre de 1889. Es un discurso que tiene un carácter decolonizador y descolonizador puesto que tienen como objeto la descolonización del pensamiento colonialista que prevalecía aún en la sociedad latinoamericana y que perpetuaban el sometimiento y las estructuras de poder alineadas con Europa y los Estados Unidos. Hemos consultado las páginas 133 a la 140 del volumen 6 de las Obras Completas de José Martí, versión digital, 2011, publicada por CLACSO.
En Madre América se reivindica la aspiración cubana por alcanzar su independencia, completando así la "última estrofa del poema de 1810" y dice mucho de nuestra identidad nuestroamericana. Es también la idea de lucha y defensa de los legítimos derechos de nuestras repúblicas, es el rechazo a la imposición de modelos extraños a nuestro carácter e idiosincrasia. En respuesta a ello nuestras ideas, necesidades y pensamientos. Destaca la imbricación de nuestros pueblos: los pueblos originarios, el campesino, esta conjunción forma al hombre natural que interactúa, en condiciones de inferioridad con el hombre ilustrado. Esas condiciones debían ser superadas. Martí anteponía el pensamiento de nuestros libertadores, cuando nuestros pueblos se abrazaron en la unidad con la que lograron la independencia de España. El Apóstol de la independencia cubana y gran bolivariano resalta la voz de nuestro Libertador Simón Bolívar, en su deseo de "ver formar en América la más grande unión del mundo." Esas ideas hay que mantenerlas. Martí hace en su escrito sobre la lucha enconada y firme de los ejércitos de Bolívar para la libertad y el trabajo de latinoamericanos contemporáneos a través del trabajo tenaz y valiente y con la unidad para la lucha por la libertad, la independencia, la soberanía y el bienestar de los pueblos de la patria grande.
Nos explica Martí, que los españoles se aprovecharon de las diferencias de nuestros pueblos originarios para arrebatarles sus territorios, sus riquezas y someter y asesinar a sus gentes. En su propuesta Martí reivindica lo propio frente a lo foráneo. La modernización, el mejoramiento de nuestras condiciones de vida debe ser producto de las ideas y de los recursos de nuestras tierras y de nuestras gentes. La unidad es muy necesaria para nuestros pueblos, ellos, con su originalidad, su identidad, marcan la autoctonía que les distingue. El trabajo de la tierra, la resistencia es la clave para la integración. Considera fracasados los modelos importados en América. La unidad en la lucha política, constituye un imperativo para el logro pleno de la libertad, hay que detener la acción depredadora y expoliadora de los Estados Unidos en su afán de adueñarse de vastos territorios de América.
Extractos seleccionados de Madre América para esta publicación:
Señoras y señores: Apenas acierta el pensamiento, a la vez trémulo y desbordado, a poner, en la brevedad que le manda la discreción, el júbilo que nos rebosa de las almas en esta noche memorable. ¿Qué puede decir el hijo preso, que vuelve a ver a su madre por entre las rejas de su prisión?
Del arado nació la América del Norte, y la Española del perro de presa. Una guerra fanática sacó de la poesía de sus palacios aéreos al moro debilitado en la riqueza, y la soldadesca sobrante, criada con el vino crudo y el odio a los herejes, se echó, de coraza y arcabuz, sobre el indio de peto de algodón.
Cortés atrae a Moctezuma al palacio que debe a su generosidad o a su prudencia, y en su propio palacio lo pone preso. La simple Anacaona convida a su fiesta a Ovando, a que viera el jardín de su país, y sus danzas alegres, y sus doncellas; y los soldados de Ovando se sacan de debajo del disfraz las espadas, y se quedan con la tierra de Anacaona. Por entre las divisiones y celos de la gente india adelanta en América el conquistador; por entre aztecas y tlaxcaltecas llega Cortés a la canoa de Cuauhtémoc; por entre quichés y zutujiles vence Alvarado en Guatemala; por entre tunjas y bogotáes adelanta Quesada en Colombia; por entre los de Atahualpa y los de Huáscar pasa Pizarro en el Perú: en el pecho del último indio valeroso clavan, a la luz de los templos incendiados, el estandarte rojo del Santo Oficio. Las mujeres, las roban…Lo que come el encomendero, el indio lo trabaja; como flores que se quedan sin aroma, caen muertos los indios; con los indios que mueren se ciegan las minas.
¡El glorioso criollo cae bañado en sangre, cada vez que busca remedio a su vergüenza, sin más guía ni modelo que su honor, hoy en Caracas, mañana en Quito, luego con los comuneros del Socorro; o compra, cuerpo a cuerpo, en Cochabamba el derecho de tener regidores del país; o muere, como el admirable Antequera, profesando su fe en el cadalso del Paraguay, iluminado el rostro por la dicha; o al desfallecer al pie del Chimborazo, «exhorta a las razas a que afiancen su dignidad». El primer criollo que le nace al español, el hijo de la Malinche, fue un rebelde.
Libres se declaran los pueblos todos de América a la vez. Surge Bolívar, con su cohorte de astros. Los volcanes, sacudiendo los flancos con estruendo, lo aclaman y publican. ¡A caballo, la América entera! Y resuenan en la noche, con todas las estrellas encendidas, por llanos y por montes, los cascos redentores.
Hablándoles a sus indios va el clérigo de México. Con la lanza en la boca pasan la corriente desnuda los indios venezolanos. Los rotos de Chile marchan juntos, brazo en brazo, con los cholos del Perú. Con el gorro frigio del liberto van los negros cantando, detrás del estandarte azul. De poncho y bota de potro, ondeando las bolas, van, a escape de triunfo, los escuadrones de gauchos. Cabalgan, suelto el cabello, los pehuenches resucitados, voleando sobre la cabeza la chuza emplumada. Pintados de guerrear vienen tendidos sobre el cuello los araucos, con la lanza de tacuarilla coronada de plumas de colores; y al alba cuando la luz virgen se derrama por los despeñaderos, se ve a San Martín, allá sobre la nieve, cresta del monte y corona de la revolución, que va, envuelto en su capa de batalla, cruzando los Andes. ¿Adónde va la América, y quién la junta y guía? Sola, y como un solo pueblo, se levanta. Sola pelea. Vencerá, sola.
¿Qué importa el duelo, sombrío y tenaz, de Antonio de Nariño y San Ignacio de Loyola? Todo lo vence, y clava cada día su pabellón más alto, nuestra América capaz e infatigable.
Todo lo conquista, de sol en sol, por el poder del alma de la tierra, armoniosa y artística, creada de la música y beldad de nuestra naturaleza, que da su abundancia a nuestro corazón y a nuestra mente la serenidad y altura de sus cumbres; ..
De aquella América enconada y turbia, que brotó con las espinas en la frente y las palabras como lava, saliendo, junto con la sangre del pecho, por la mordaza mal rota, hemos venido, a pujo de brazo, a nuestra América de hoy, heroica y trabajadora a la vez, y franca y vigilante, con Bolívar de un brazo y Herbert Spencer de otro;…
¡Sólo perdura, y es para bien, la riqueza que se crea, y la libertad que se conquista, con las propias manos!
Por eso vivimos aquí, orgullosos de nuestra América, para servirla y honrarla.
No vivimos, no, como siervos futuros ni como aldeanos deslumbrados, sino con la determinación y la capacidad de contribuir a que se la estime por sus méritos, y se la respete por sus sacrificios; porque las mismas guerras que de pura ignorancia le echan en cara los que no la conocen, son el timbre de honor de nuestros pueblos, que no han vacilado en acelerar con el abono de su sangre el camino del progreso, y pueden ostentar en la frente sus guerras como una corona
¡Donde no se olvida, y donde no hay muerte, llevamos a nuestra América, como luz y como hostia;…
¡Madre América, allí encontramos hermanos!
¡Madre América, allí tienes hijos!