Una civilización deja de ser tal si se hunde en el fango moral. Podrán circular por ella los individuos, las mercancías, los flujos de dinero, energía e información, pero esta entidad –"Occidente"- se hunde como comunidad de comunidades, que es a lo que podemos llamar una Civilización. Occidente está dejando de ser algo. Este es un hecho palpable, una realidad que se impone al espectador ajeno y al desprejuiciado.
Usted debería andar este camino: aunque haya nacido y se haya educado en alguno de esos países que se dan en llamar "Occidente Colectivo", debería empezar a sentirse libre y distante, como paso previo a una nueva actitud rebelde. Le va la vida en ello. Y si usted tiene hijos, pareja, hijos y amigos: a ellos también les va la vida, se la juegan. Literalmente.
Libre para decir: basta. Así se tiene que sentir usted. Esta llamada civilización que permite, en vivo y en directo, la comisión de varios genocidios en el mundo, siendo el más ostensible el de Gaza, no merece seguir existiendo.
La máquina talmudista fanática del llamado "Estado de Israel", esa máquina de muerte, hay que pararla. Mientras este cáncer subsista en Oriente Medio, todos los países de Europa y América que colaboran, callan, consienten, se contaminan gravemente, cada día que pasa, cada minuto. Llegaremos a un punto en que la nazificación de Occidente no tendrá retorno. Ellos, los talmudistas occidentales se vuelven prolongaciones infectas del cáncer. Mi país, España, como todos los demás estados de la OTAN, se tiñe de rojo (una vez más) al entrar en tratos, y seguir en tratos con la Entidad Sionista. Vergüenza para el "gobierno más progresista de Europa", como proclaman en Sumar y en el PSOE.
Nunca más va a ser creíble ningún proyecto político, económico, cultural, en definitiva, civilizatorio, procedente de Europa o de América (ese "Occidente" que se supone está en peligro), mientras las élites, los ejércitos y las grandes empresas que dicen ser "de los nuestros" ayuden a estos nazis talmúdicos que han cambiado –por ironía terrible de la Historia- la esvástica por una estrella de David. Si Occidente está en peligro, este mismo Occidente colonialista, racista, sionista y asesino, se lo ha ganado. No merece existir: que se vaya a la mierda Occidente, de igual manera que Occidente está mandando a la mierda a pueblos enteros (y es su tónica desde el siglo XV). Quiero el mejor bien para los pueblos que forman Europa y América, pero para los gobiernos, ejércitos y corporaciones que mantienen a los naziosionistas en Tierra Santa, masacrando a mujeres, niños, enfermos, ancianos y gente civil desarmada, a este Occidente como Poder, le deseo un final rápido e inmediato. Cada minuto que pasa en el cual los pueblos de Europa y América no denunciemos el crimen colectivo, planificado y diabólico que se comete en Gaza, seremos pueblos acreedores de la vergüenza eterna ante el resto de la Humanidad. Acreedores de títulos poco hermosos, como cobardes y cómplices.
Debemos distanciarnos, primero, y oponernos, inmediatamente después, ante todos estos proyectos de endurecimiento coriáceo de Europa. Militarización, recortes sociales, desertización industrial, ideología woke. La Unión Europea debe ser destruida desde dentro y de manera inmediata. Es mejor que la destruyamos nosotros, los propios pueblos que habitamos dentro, ya como rehenes, a que nos la destruyan las demás civilizaciones, los rusos (a quienes hemos echado de casa, ellos que son más europeos que nadie) y los extra-europeos, es decir, todas las culturas que se sienten humilladas, amenazadas, atacadas en su más íntima implantación existencial en el mundo. Habrá menos sufrimiento, menos destrucción si lo hacemos en casa y los de casa.
Los pueblos europeos, del cual el mío –España- forma parte esencial, tienen que ir en masa a Bruselas y arrojar de sus Cuevas lujosas a esa banda de ladrones que están saqueando todas nuestras posibilidades de futuro. Previamente, hay que mover las poltronas que en su nombre nos sujetan en casa. En España, la corrupta y maloliente poltrona sanchista. Sin campo, sin industria, sin dignidad, la Cueva de Ladrones nos ha dejado completamente desprovistos de algo que no es mensurable: la moral. Una Europa sin normas morales no merece seguir existiendo.
La guerra de Ucrania también ha servido como termómetro moral de esta Europa inánime, inerte, hedonista y –hasta ahora- opulenta. La Europa asesina, que se ha quitado la careta y se ha puesto "en modo ISIS" es la que boicotea la paz.
De los palestinos que estaban siendo masacrados desde 1948, los "occidentales" decíamos: "siempre se han llevado a matar con los judíos, y los judíos con ellos". Bien, pero del gran cementerio que hoy es Ucrania, el resto de los pueblos del mundo dirán, análogamente, de ahora y para muchos siglos, cuando este invento de Occidente ya no exista: "los europeos fueron una Civilización fallida". Sí fallida, y ellos, los hombres libres del futro continuarán afirmando en cualquier café de un país de Asia, Rusia o África: "los norteamericanos azuzaron todos sus avisperos, luego entraron con sus ejércitos y dólares, su Hollywood y su Pato Donald, y se hicieron los dueños, y cuando Europa entera se convirtió en un despojo (cero hijos, cero tradiciones, cero valores, cero producción), los hijos del Tío Sam abandonaron el cadáver a su suerte para que los propios buitres –ya no tiburones- financieros devoren la carroña y la arrojen, como carne infecta, al otro lado de los muros de Rusia, como última y suicida provocación. Eso se dirá en pocos años. Triste epitafio.
Esta Unión Europea que habría que destruir en las propias Cuevas de Ladrones de Bruselas, como a la víbora en su madriguera, esta OTAN que se ha vuelto la más peligrosa organización terrorista de la Historia, esta Organización Occidental anti-europea, tiene que ser destruida. No es sólo cuestión de que los pueblos digan ¡Basta!. Ello es solo el comienzo. Es cuestión de supervivencia: hay que hacer caer a todos los gobiernos europeístas y otanistas ya, rápido, sin dilación. Antes de que apliquen sus medidas represivas, ya en marcha (el "Escudo para la Democracia" de von der Leyen), antes de que mueran nuestros muchachos llevados como reses (¡otra vez!) al frente. Antes de que una lluvia dura empiece a caer en tus cielos. Antes que la dictadura y la Austeridad nos hagan imposible vivir. Una lluvia dura va a caer.