La izquierda fraccionaria al servicio del globalismo. Por la Soberanía y por el Trabajo: ¡uníos!

Domingo, 22/02/2026 11:30 AM

La izquierda española se encuentra en una encrucijada histórica. Desde la muerte de Franco, ha acumulado una serie de errores estratégicos, ideológicos y culturales que la han llevado a su progresiva irrelevancia y descrédito. La situación actual no es fruto de la mala suerte o de una conspiración de las derechas, sino de décadas de desorientación, sectarismo y abandono de las bases teóricas y materiales que deberían sostenerla. Este ensayo pretende abordar, desde una perspectiva crítica, los principales puntos de fracaso y proponer una reflexión necesaria sobre el rumbo perdido.

1. El error fundacional: La Transición y la amnesia histórica

Uno de los primeros errores de la izquierda española fue aceptar acríticamente el relato de la Transición. El pacto del olvido, la monarquía como "herencia del 78" y la falta de una ruptura real con el franquismo sentaron las bases de una democracia tutelada. Durante décadas, la izquierda mayoritaria (PSOE) asumió el papel de gestora del régimen del 78, abandonando cualquier pretensión transformadora. Mientras tanto, la izquierda extraparlamentaria se fragmentó en disputas identitarias y estériles, alejándose del pueblo trabajador. Esta falta de una crítica radical al origen del sistema permitió que las estructuras de poder franquistas se reciclaran, pero también que la derecha pudiera, años después, reivindicar la Transición como un proceso inmaculado, mientras la izquierda quedaba atrapada en una defensa timorata de lo existente.

2. La rendición ideológica ante el neoliberalismo

La izquierda española, especialmente desde los años 80, abandonó la lucha de clases para abrazar la "modernización" y la "Europa". Se convirtió en una correa de transmisión de las políticas de la OTAN y la Unión Europea, asumiendo sin rubor la cosmovisión neoliberal: la competitividad, la flexibilidad laboral y el mercadeo de derechos como mercancías. El "marxismo" se convirtió para muchos en un adorno retórico, vacío de contenido. Ejemplos como el del exministro Alberto Garzón son paradigmáticos: un ministro que se autoproclama marxista, pero cuyas propuestas estrella fueron una "huelga de juguetes" (una medida moralista, ridícula y anecdótica) o la reducción del consumo de carne, sin atender a las complejidades de la producción ganadera familiar del norte de España, a cuyos paisanos atacó. Lejos de articular una crítica al capitalismo, la izquierda se ha refugiado en un individualismo pequeñoburgués y en un ecologismo de salón, alienando a los trabajadores del campo y la ciudad, que ven en estas posturas un ataque directo a su modo de vida.

3. El sectarismo y la ignorancia de las élites emergentes

El auge de Podemos y su posterior decadencia es un síntoma claro de esta crisis. Líderes como Pablo Iglesias, investidos de un aura intelectual, demostraron una alarmante fragilidad teórica. Que un profesor universitario no sea capaz de citar correctamente a Immanuel Kant en público no es una anécdota; es la prueba de un vaciamiento del pensamiento crítico en favor de la pose, el eslogan y la táctica cortoplacista. Esta izquierda ha sustituido la formación política por el activismo digital y la corrección política. Se ha vuelto analfabeta filosóficamente, incapaz de comprender las corrientes profundas de la historia y, por tanto, de ofrecer un relato de país. Al carecer de una visión estratégica nacional, ha caído en un localismo identitario o en un internacionalismo naíf que desprecia la noción misma de soberanía, dejando ese terreno fértil para que lo ocupen las derechas y las extremas derechas.

4. La ceguera ante la soberanía nacional y la injerencia extranjera

Uno de los puntos más ciegos de la izquierda española es su incapacidad para comprender la geopolítica y así poder defender la soberanía nacional. El festejo sectario del asesinato de Carrero Blanco es un ejemplo grotesco. Más allá de su figura como "guardián del franquismo", el atentado de ETA, ejecutado con la colaboración técnica de la CIA, fue un golpe contra la soberanía de España. Celebrar ese acto es celebrar la injerencia de potencias extranjeras en los asuntos internos de la nación. La izquierda ha mirado hacia otro lado mientras los servicios de inteligencia de la Anglosfera (EE. UU. y Reino Unido) y otros actores (como el Mossad) han mantenido contactos y financiado a grupos separatistas vascos, catalanes y canarios. La estrategia de las potencias hegemónicas ha sido clara: mantener a España fragmentada y chantajeable, para que se pliegue sin resistencia a los dictados del globalismo neoliberal y a las estructuras de la OTAN y la UE. La izquierda, atrapada en un discurso europeísta acrítico, no solo no ha combatido esto, sino que a menudo lo ha facilitado, presentando a los separatistas como "compañeros de viaje" en una supuesta lucha contra el "centralismo". Hoy, el paseo de Puigdemont por Europa sin ser detenido demuestra que nuestros "socios" no solo no respetan nuestra soberanía, sino que la desprecian activamente.

5. El abandono del pueblo trabajador

El resultado de todo esto es el descrédito total de la izquierda ante el pueblo trabajador. Ese pueblo ve cómo sus representantes se preocupan más por el lenguaje inclusivo, los "derechos" a abortar o a cambiar de sexo, y los "derechos de los animales" o por las polémicas culturales importadas de las universidades estadounidenses que por la precariedad laboral, la vivienda o el cierre de fábricas. Ve cómo se defienden los derechos de los animales antes que los derechos de los ganaderos. Y, como respuesta lógica, una parte importante del pueblo entrega su voto a formaciones de ultraderecha, que al menos le hablan de nación, de seguridad y de dignidad, aunque sea desde premisas falsas y xenófobas. La ultraderecha se ha convertido en el refugio de las clases populares abandonadas por una izquierda que prefirió ser cómplice del capitalismo global antes que defender los intereses de su propia base social.

Conclusión: Hacia una izquierda soberana y popular

La izquierda española necesita una refundación profunda. Debe recuperar el análisis materialista de la realidad, abandonar el sectarismo y la frivolidad intelectual, y volver a pisar el terreno de lo concreto. Debe entender que la defensa de la soberanía nacional no es un tema de derechas, sino la primera condición para que un pueblo pueda decidir libremente su futuro. Frente a un globalismo que busca fragmentar los Estados para someter mejor a los trabajadores, la izquierda debe alzarse en defensa de la integridad territorial y política de España como espacio de solidaridad entre clases y territorios, esto sin perjuicio del reconocimiento de la pluralidad lingüística y cultural de España. Debe denunciar las injerencias de la Anglosfera y el sionismo internacional, y debe construir una alianza con los trabajadores del campo y la ciudad, con los ganaderos y los industriales, con todos aquellos que quieren vivir con dignidad en una patria libre y soberana. Si no es capaz de hacerlo, su desaparición será definitiva, y el pueblo, desesperado, seguirá buscando refugio en cualquier otro lado, por oscuro que sea.

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