El mundo de la música tropical está de luto. Se ha confirmado el fallecimiento de Willie Colón, el trombonista, compositor y productor que revolucionó la salsa urbana y llevó el sonido del barrio a los escenarios más prestigiosos del planeta.
"El Malo del Bronx" deja un vacío irreemplazable en la cultura latina, tras décadas de crónicas musicales que definieron a varias generaciones. La causa oficial de su deceso, ocurrido esta mañana, se ha atribuido a complicaciones respiratorias.
Sin embargo, más allá de los acordes de La Murga o Idilio, la partida de Colón invita a reflexionar sobre una de las figuras más polarizantes y complejas del Caribe, es imperativo analizar no solo su virtuosismo, sino su identidad política, la cual marcó una distancia insalvable con gran parte de la intelectualidad latinoamericana de izquierda.
A diferencia de sus contemporáneos que abrazaron el panamericanismo bolivariano, Willie Colón siempre fue, ante todo, un hijo de la diáspora. Esa identidad "Nuyorican" lo colocó en un limbo existencial: para el sistema estadounidense era un "otro", pero para la América Latina continental, él nunca terminó de sentirse plenamente integrado.
Esa desconexión no era accidental. Colón desconfiaba de lo que él llamaba como los nacionalismos románticos. Mientras muchos colegas soñaban con una "Gran Nación", él mantenía una postura pragmática y pro-estadounidense que chocaba frontalmente con el ideal de soberanía puertorriqueña.
Willie Colón no aceptaba un Puerto Rico independiente; para él, el destino de la isla estaba intrínsecamente ligado al pabellón de las barras y las estrellas, una posición que le valió críticas feroces de los sectores independentistas.
Su trombón no solo disparaba notas agresivas; sus palabras disparaban dardos contra los regímenes que él consideraba autoritarios. Fue un crítico mordaz y frontal de tres ejes específicos: El Chavismo, El Castrismo y El Sandinismo. Hasta fue asesor de la Alcaldía de Nueva York por el partido demócrata y terminó siendo un simpatizante de Donald Trump.
Willie no era un diplomático de la música; era un pensador de la derecha imperial que veía en el comunismo una amenaza directa a la supuesta libertad individual que tanto defendió en el Bronx.
La gente decía de Colón: “lo respeto sólo como músico”.