Si no ganas elecciones no gobiernas

Sábado, 07/02/2026 05:57 AM

Aunque una nueva invasión de ese Estados Unidos, todavía semi feudal, trata de torcer el ritmo democrático que desde su origen han establecido los países de América Nuestra y en particular Venezuela, la democracia, la libertad la soberanía se mantienen incólumes como los principios que deben organizarnos y orientar sus líneas de política. Una invasión es un exabrupto en ese proceso de libertad.

Aparejado a esta situación tenemos la ley de Amnistía que los sectores más clasistas de la derecha tratan de presentar como un regreso del desahogo de iniciativas que realmente atentaron contra la integridad del país y han puesto en amenaza su vida independiente, amenaza mayor a la que de hecho viven todos los países de América, amigos o enemigos del Estados Unidos semi feudal. 

Claro que fue el apoyo externo el que alimento a las fuerzas derechistas para lanzarse por el barranco, que ellos veían como camino real, de la guarimba y los improperios. Ese apoyo se ha dosificado y ya no pueden contar con el plenamente.

Por lo tanto con la Ley de Amnistía quedan todos los políticos ante varias condiciones, que no puede decirse que son fáciles. Porque en primer lugar esa ley recoge todas las cartas del juego y se vuelve a empezar. No se recoge la mesa, pues alguien entendió allá en el norte que la violencia que se generaría sería de una magnitud que no se podría contener en un solo país.  Nadie puede negar que la ley de amnistía por muy general que se plantee, cubre solo aquellos hechos que pueden ser amnistiados.

Así debe entenderse la amnistía, un reinicio donde todos tienen voz, pero se olvidan que la ley da también voz al pueblo, que observa cómo mientras los 1000 derechistas estuvieron presos, regresó la paz al país. De querer volver a sus correrías y darle la espalda al pueblo, también tomara posición ante ese hecho. El pueblo y la población en general no es un convidado de piedra.

La amnistía, en este contexto donde los políticos no son los únicos actores y autores pues el pueblo directa o indirectamente opina y participa, no es borrón y cuenta nueva, sino un reinicio estratégico bajo su mirada de un pueblo que valora una paz recuperada. Por ello se mantiene el principio que sin respaldo electoral, cualquier aspiración al mando carece de fundamento ético y político.

Otro elementos que traen las nuevas condiciones es mas de realismo politico, que no se llegará al poder por un golpe de fuerza, que si no se ganan elecciones no se puede llegar al poder. Este principio o premisa constituye la característica de la sociedades más modernas, pues es salvaguarda de algo que todos valoramos grandemente, aunque pareciera para los dogmáticos ideológicamente incorrecto, como es la libertad individual plena y constructiva, sobre la cual se construirán nuevas formas de organización social.

Este principio no es simplemente una regla de juego, sino el reconocimiento, politico, filosófico, explícito de que la soberanía reside de manera inalienable en el ciudadano. Al establecer el triunfo electoral como el único portal de acceso al mando, la democracia despoja a la fuerza, al linaje o a la riqueza de su capacidad para imponerse sobre la voluntad común, elementos que sustentan al sistema politico, semi feudal, de los Estados Unidos.

La revolución política que trae el voto, aunque sabemos de las fuerzas mediáticas y manipuladoras que lo desvirtúan, es que transforma el poder, eliminando la noción de que el gobierno es un derecho natural de una élite y de una clase social hegemónica, donde todos pueden exigir su derecho de participar y gobernar.

Bajo esta lógica, la necesidad de ganar elecciones obliga a los aspirantes, inclusive a los amnistiados, a un ejercicio politico que está siendo evaluado socialmente y de esa evaluación saldría su fracaso o sus triunfos. De esta manera se espera que al respetar el voto popular  el político, sabiendo que su destino depende de la aprobación comunitaria, se ve compelido a articular propuestas que resuenen con las necesidades del mayor número posible de personas.

Esto genera así, una especie de mercado de ideas donde la competencia no se resuelve mediante la violencia, sino mediante la calidad y la pertinencia de esas ideas. Aunque ya lo dijimos la publicidad juega su gran papel, pero no puede evitarse. La democracia, por tanto, utiliza la ambición de poder de unos o el deseo de ayudar de otros, como un motor para el bienestar público, para llegar a la cima, el candidato debe primero convencer a la base de que su proyecto es el más beneficioso.

Por ultimo queremos señalar que la victoria electoral como requisito garantiza la paz social y la estabilidad institucional. Cuando la regla que solo quien suma más voluntades gobierna, se elimina la incertidumbre que históricamente ha conducido a guerras civiles y revueltas.  Aunque tal como se vivió no impide las invasiones. 

El voto funciona como un escape pacifico para las tensiones sociales pues permite que el descontento y la esperanza se expresen y la Ley de Amnistía propende a esta nueva paz nacional. Cuando los grupos dominantes no ven en el voto una salida o no van a ganar, recurren a la violencia.

He propuesto y apareció en Aporrea, lo que llamé un juramento que todos podrían firmar para que se vea el compromiso real por el bienestar del país y la paz. 

 

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