"La soberanía no se negocia por cuotas de mercado. La transición que propone el imperio no es más que el intento de convertir el legado de autodeterminación en una oficina de despacho para Houston."
El tablero geopolítico actual no admite ingenuidades. Bajo la narrativa seductora de una "transición pacífica", se esconde la vieja ambición del Departamento de Estado norteamericano: la recolonización energética de Venezuela.
La pregunta que recorre los pasillos del poder en Washington no es cómo restaurar la democracia, sino cómo extraer crudo sin la resistencia ideológica de la Revolución Bolivariana.
Para el imperialismo, el concepto de "chavismo moderado" es una herramienta táctica, no un reconocimiento político. Lo que buscan es una estructura administrativa que mantenga la estética de lo social pero que capitule en lo soberano.
El objetivo real: Desmantelar la arquitectura de la Soberanía Nacional mediante la flexibilización de la Ley Orgánica de Hidrocarburos.
La trampa: Presentar una transición como un alivio a las medidas coercitivas unilaterales (sanciones), siempre y cuando el nuevo gobierno acepte el retorno del modelo extractivista de la IV República.
Washington ha comprendido que el asedio total no ha logrado quebrar el espíritu de defensa nacional. Por ello, ahora apuestan por la "cooptación". La estrategia consiste en proponer un escenario donde Venezuela "vuelva al mercado internacional", lo que en lenguaje imperial significa:
Privatización encubierta: Permitir que las transnacionales controlen la operatividad total de los campos, relegando a PDVSA a un rol de cobrador de impuestos minoritario.
Ruptura del eje multipolar: Alejar a Venezuela de sus aliados estratégicos en la OPEP+ y el BRICS para devolverla a la esfera de influencia del Comando Sur.
Seguridad Energética de EE.UU.: Garantizar un flujo barato y cercano de crudo pesado ante la inestabilidad en el Medio Oriente, sin tener que negociar con un gobierno que exige respeto de igual a igual.
Un "chavismo moderado" o una "transición pactada" bajo los términos de la Casa Blanca sería, en la práctica, la entrega del subsuelo. No existe término medio entre ser una colonia energética o una nación independiente.
La verdadera transición que necesita el mundo no es el cambio de gobierno en Venezuela, sino la transición de EE.UU. hacia el respeto del derecho internacional y la aceptación de un mundo multicéntrico.