Ensayo Crítico: Materialismo Histórico, Biopolítica y Corrupción Judicial en Venezuela. Hacia una Crítica Integral del Poder
La crisis judicial venezolana trasciende la mera debilidad institucional o la falta de independencia. Constituye un laboratorio excepcional donde se intersectan y reconfiguran múltiples lógicas de dominación: la lucha de clases, la construcción ideológica del enemigo, la gestión neoliberal de los cuerpos y la biopolítica, y la persistencia de matrices coloniales de poder. Este ensayo propone una lectura dialéctica que, partiendo del materialismo histórico, incorpora los aportes críticos de Michel Foucault y la teoría del neocolonialismo para desentrañar la compleja funcionalidad de la corrupción judicial propia de los Sistemas Penintenciario-Judiciales Latinoamericanos y que al cual, no escapa el proyecto político Bolivariano del siglo XXI.
Lejos de ser un mero "fallo" o una "patología", la corrupción judicial sistémica se revela como un rasgo estructural y funcional, de un orden que hibrida un capitalismo de Estado rentístico con un autoritarismo revolucionario, y que encuentra en la narrativa de la "lucha contra el terrorismo" su principal dispositivo de legitimación y su tecnología de control social más refinada.
1. Materialismo Histórico Revisitado: La Infraestructura Económica y la Superestructura Ideológica del Poder Judicial
Desde la ortodoxia marxista, el sistema judicial venezolano ejemplifica la tesis de la superestructura jurídica como instrumento de la clase dominante. La transición del capitalismo rentístico clientelar (Puntofijismo) al capitalismo de Estado bolivariano no eliminó la lucha de clases, sino que reconfiguró los bandos. Surgió una nueva burguesía estatal –la "boliburguesía"– que capturó las palancas del rentismo petrolero, requiriendo un aparato judicial que cumpliera dos funciones materiales esenciales:
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Legalizar la acumulación primitiva irregular: Los fallos que anulan contratos públicos para readjudicarlos a consorcios aliados, que absuelven casos de corrupción monumental (como los de PDVSA) o que permiten la creación de monopolios bajo testaferros, constituyen lo que podríamos denominar la "jurisprudencia de la acumulación". El Poder Judicial sanciona, con el ropaje de la legalidad, el despojo de la renta nacional y su transferencia a una nueva clase dominante.
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Desactivar la lucha de clases tradicional y emergente: La judicialización de líderes sindicales independientes, la disolución de partidos de izquierda disidentes o la criminalización de protestas por servicios básicos bajo figuras penales como el "terrorismo" o el "sabotaje", neutralizan cualquier resistencia popular que cuestione el modelo de distribución. La justicia actúa aquí como un mecanismo de contención coactiva de las demandas de la clase trabajadora, protegiendo los intereses de la élite gobernante.
En este marco, la "lucha contra el terrorismo" opera como ideología en el sentido althusseriano más puro: un Aparato Ideológico de Estado (AIE) cuya función es reproducir las condiciones de dominación. Este discurso presenta la represión judicial selectiva como un acto heroico de defensa de la Revolución y la soberanía, cuando en realidad es el mecanismo que enmascara y justifica la defensa de los intereses materiales concretos de la nueva clase dominante enquistada en el manejo de los recursos públicos.
Sin embargo en universidades y círculos de investigación, se vierten otras corrientes de pensamiento que según visiones pueden complementar, o retroceder el reconocimiento del Materialismo Histórico como fuente de conocimiento y de procesos de liberación-emancipación de los pueblos. Entre ellos, podemos encontrar:
2. El Desplazamiento Foucaultiano: Del Poder Represivo al Poder Productivo y la Biopolítica Judicial
La perspectiva de Michel Foucault permite realizar un desplazamiento crucial en el análisis, complementando y complejizando la lectura marxista. Para Foucault, el poder no es primordialmente represivo (una propiedad que se tiene y se ejerce para prohibir), sino productivo (una relación que se ejerce para generar realidades, saberes y tipos de sujetos). Desde este ángulo, la corrupción judicial venezolana puede leerse como una tecnología de gobierno biopolítico y panóptica.
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El Panóptico Judicial: El diseño panóptico de Bentham, analizado por Foucault en Vigilar y Castigar, se actualiza en el sistema judicial venezolano. No se trata solo de castigar al "otro" visible (el opositor encarcelado), sino de generar un efecto de vigilancia internalizada en toda la población. La arbitrariedad y la imprevisibilidad de las decisiones judiciales –donde cualquier ciudadano puede ser potencialmente enmarcado como "terrorista" o "traidor"– crean una sociedad de control donde la disidencia se autolimita por miedo. El poder judicial corrupto se convierte en un gran ojo invisible que disciplina la conducta política y social.
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La Biopolítica del "Terrorista": Foucault identifica en la modernidad un pasaje del "poder soberano" (que decide sobre la muerte) al "biopoder" (que administra la vida). El Estado venezolano, a través de su narrativa oficial, realiza una operación biopolítica perversa con la figura del "terrorista": construye un "otro" que debe ser expulsado del cuerpo social nacional. Al estigmatizar al disidente como un agente patógeno, externo y deshumanizado ("apátrida", "agente imperial"), el régimen justifica la suspensión de sus garantías biopolíticas fundamentales: el derecho a un juicio justo, a la integridad física, a la vida misma. La corrupción judicial es el instrumento que ejecuta esta necropolítica (término de Achille Mbembe): decide qué vidas son "dignas de ser vividas" dentro del proyecto nacional y cuáles pueden ser "dejadas morir" en prisión o en el exilio.
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Producción de Subjetividades Dóciles: Este sistema no solo reprime; produce. Produce el súbdito leal que internaliza el discurso del enemigo externo y acepta la corrupción como mal menor en una "guerra existencial". Produce también el ciudadano precario y despolitizado, más preocupado por la supervivencia económica que por la exigencia de justicia, y por lo tanto, fácilmente cooptable por los mecanismos clientelares del Estado.
3. El Matiz Neocolonial y Socialdemócrata: La Disputa por el Discurso del Pueblo y la Lucha de Clases
La retórica bolivariana ha sabido hibridar elementos antiimperialistas con una práctica que algunos teóricos denominan "neocolonialismo interno" o "socialismo rentístico". Este matiz es fundamental para entender por qué un proyecto que se proclamó emancipador terminó replicando estructuras de dominación.
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El Discurso Socialdemócrata como Camuflaje: El lenguaje de la inclusión social, los derechos humanos y la soberanía popular –típico de la socialdemocracia y del constitucionalismo garantista– ha sido instrumentalizado para enmascarar la lucha de clases. Se presenta una épica de confrontación "pueblo vs. oligarquía/imperialismo" que oculta la verdadera pugna: la élite estatal bolivariana vs. el resto de la sociedad (incluida la clase trabajadora y los sectores populares). Las Misiones sociales, inicialmente un avance, devinieron en muchos casos en un gigantesco mecanismo de control clientelar, donde el acceso a alimentos, medicina o pensiones se condiciona a la lealtad política, corroyendo la autonomía de la ciudadanía y su capacidad de demanda.
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Neocolonialismo Interno y Rentismo: El modelo mantiene una estructura económica colonial basada en la exportación de materia prima (petróleo) y la importación de todo lo demás, concentrando la renta en una élite que, aunque se autodenomine "revolucionaria", reproduce la lógica extractivista y de dependencia. La corrupción judicial es la llave que permite a esta nueva élite acceder y blindar su control sobre la renta, en una dinámica que es profundamente antagónica a los intereses de las clases productivas. Se disfraza así una lucha de clases vertical (entre una nueva burguesía estatal y el pueblo) como una lucha horizontal contra un enemigo externo.
Conclusión: La Corrupción Judicial como Nudo Gordiano del Poder en el Siglo XXI
La corrupción judicial en Venezuela es la encrucijada donde convergen y se potencian múltiples lógicas de dominación:
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Económica (Marxista): Es el mecanismo superestructural que asegura la acumulación y concentración de la renta en la boliburguesía.
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Política-Jurídica (Foucault/Garantismo): Es una tecnología biopolítica y panóptica que produce sujetos dóciles, administra la vida y la muerte del "otro" y demuele el Estado de derecho para instaurar un régimen de excepción permanente.
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Ideológica (Neocolonial): Es el dispositivo que permite camuflar una lucha de clases depredadora bajo el discurso épico del antiimperialismo y la inclusión social, utilizando la retórica socialdemócrata para desactivar la crítica y el disenso.
La narrativa de la "lucha contra el terrorismo" es el cemento ideológico que unifica estas dimensiones. Al construir un "otro" existencial y deshumanizado, proporciona una justificación totalizante y aparentemente moral para la corrupción de la justicia: el fin supremo (salvar la patria) justifica cualquier medio (vaciar las garantías, vender fallos, torturar). Desentrañar este nudo gordiano exige, por tanto, una lucha en múltiples frentes: no solo una transformación de las relaciones de producción y propiedad, sino también una batalla por el discurso, una reconstrucción de las subjetividades políticas y una reivindicación radical del garantismo y los derechos humanos como trincheras irrenunciables contra la biopolítica autoritaria. La verdadera independencia judicial solo será posible cuando deje de ser el botín en una lucha de clases sin mediaciones democráticas y se convierta, nuevamente, en la garantía de todos. Muchos cambios se están gestando posteriori a la incursión Norteamericana, el secuestro o entrega negociada de Maduro. Uno de ellos, es la liberación de los denominados "Presos Políticos".
El debate sobre la liberación de presos políticos en Venezuela como "acto de entreguismo" representa un punto de tensión crítica que revela una fractura profunda en la doctrina del proceso bolivariano. Este análisis examina cómo esta decisión expone la contradicción entre los principios ideológicos fundacionales y las realidades geopolíticas y humanas del gobierno actual.
???? La Contradicción Ideológica Fundamental
El "Entreguismo" supone ceder principios ante una potencia externa. Para que exista, deben existir primero principios claros e inquebrantables, como justificación para evitar un mal mayor constituye una tesis discutida, que en el caso de nuestra República, vale la pena discutir, y que a la luz de la verdad, nos invita a reflexionar sobre sin nos encontramos en un escenario que busca garantizar la supervivencia del proceso social o de individuos particulares y sus intereses de clase. El proceso bolivariano se fundó en dos pilares ideológicos que entran en conflicto directo en este escenario:
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El Antiimperialismo y la Soberanía Absoluta: Un principio central ha sido la resistencia a cualquier injerencia o imposición externa, especialmente de Estados Unidos. Negociar desde una posición percibida como de debilidad (bajo sanciones y presión internacional) puede leerse como una claudicación de esta soberanía.
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El Humanismo Revolucionario y el "Supremo Valor de la Persona Humana": La retórica oficial siempre ha enmarcado la revolución como un proyecto profundamente humanista que coloca el bienestar y la dignidad humana por encima de todo. Desde esta óptica, la liberación de cualquier persona privada de libertad por motivos políticos podría interpretarse como un acto de coherencia con el principio humanista máximo, no como una debilidad.
La acusación de "entreguismo" solo tiene sentido si se prioriza el primer pilar (la soberanía como no-negotio) y se considera que las personas liberadas son efectivamente "presos políticos". Si el gobierno sostiene que son delincuentes comunes o terroristas, entonces la liberación sería una incoherencia grave. Si sectores del chavismo los reconocen como presos políticos, entonces la liberación, aún bajo presión, puede verse como un regreso tácito al principio humanista, pero manchado por el contexto de imposición externa.
???? El Marco de las "Imposiciones Capitalistas": Más Allá de la Ideología
La presión internacional sobre Venezuela no es solo ideológica; es material y está basada en mecanismos de poder capitalista global:
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Sanciones Financieras y Comerciales: El bloqueo de activos, la prohibición de transacciones con PDVSA y el aislamiento del sistema financiero internacional buscan estrangular la economía rentista estatal, que es la base material del gobierno.
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Diplomacia de Coerción: El reconocimiento de figuras alternativas y la presión en foros multilaterales buscan debilitar la legitimidad internacional del gobierno.
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La Moneda de Intercambio: Los presos políticos se convirtieron, en este marco, en una moneda de cambio geopolítica. Su liberación no se negoció a cambio de un principio, sino de contrapartidas concretas: alivio de sanciones petroleras (permisos a Chevron), acceso a fondos congelados o gestos diplomáticos.
Esta es la demostración de debilidad más clara: el cimiento material (la economía) demostró ser más vulnerable que el cimiento ideológico. El gobierno se vio forzado a transar en un área sensible (la justicia, soberanía interna) para obtener alivio en un área vital (la economía, supervivencia del Estado).
???? La Dependencia de la Figura de Nicolás Maduro: La Personalización del Proceso
Aquí reside la paradoja más aguda. El proceso bolivariano, que nació carismáticamente ligado a Hugo Chávez, transitó hacia una hiper-personalización bajo Maduro, donde la supervivencia del proyecto se identifica casi exclusivamente con la permanencia del líder en el poder.
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La Debilidad como Fortaleza Negociadora: Paradójicamente, la percepción de debilidad o riesgo para la estabilidad del mandato de Maduro (por crisis económica o presión externa) es lo que habilita la negociación. Es porque el gobierno necesita alivio para sostenerse que puede justificar internamente un intercambio tan polémico.
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El "Coste Humano" como Herramienta y Carga: La retención de presos políticos fue durante años una herramienta de presión y disuasión interna. Sin embargo, su mantenimiento se volvió un coste geopolítico insostenible que impedía cualquier negociación con occidente. Su liberación muestra que, en la balanza entre el símbolo (el preso como trofeo de la "lucha contra el imperio") y la necesidad material (el alivio económico), primó lo segundo. Esto revela que la doctrina es pragmáticamente flexible cuando la supervivencia del liderazgo central está en juego.
???? Conclusión: ¿Debilidad Ideológica o Pragmatismo de Supervivencia?
La liberación no demuestra que el gobierno haya "abandonado" sus ideas, sino que ha tenido que jerarquizarlas y subordinar algunas a la necesidad suprema de preservación del poder estatal y de su liderazgo.
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El núcleo ideológico duro (el antiimperialismo, la retórica socialista) se mantiene en el discurso doméstico.
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El núcleo operativo real es el pragmatismo de supervivencia: garantizar la continuidad del gobierno y del liderazgo de Maduro, incluso si eso implica realizar transacciones con el "imperio" que antes se declaraban impensables.
Por lo tanto, más que una debilidad del cimiento ideológico per se, es una demostración de que la ideología está subordinada a la lógica de poder y a la supervivencia material del régimen. El "entreguismo" sería, desde esta óptica, el precio táctico que el núcleo del poder está dispuesto a pagar para asegurar su existencia continua, redefiniendo los límites de lo "negociable" en función no de la doctrina, sino de la necesidad. El verdadero cimiento, se revela, no es el ideario chavista abstracto, sino la perpetuación de la estructura de poder que dice encarnarlo. #ProletariosDelMundoUnios!.