El gato que se come la cena. Desmontando el pragmatismo de remate de Jorge Rodríguez

Martes, 03/02/2026 05:41 AM

Ya salió en Gaceta Oficial Nº 6.978 Extraordinaria de la Reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburo 2026, rapidito como era de esperarse. Ahora es que viene el debate de lo que ocurrió con esa Ley aprobada en un cerrar y abrir los ojos.

Recuerdo en uno de los debates de la Segunda Discusión, el Presidente de la Asamblea Nacional recurrío a la famosa metáfora de Deng Xiaoping: "No importa el color del gato, siempre que cace ratones". Es una frase seductora, pero en el contexto de la reforma de la LOH 2026, escondía una trampa mortal para la soberanía venezolana. Si el gato caza los ratones, pero en el proceso se come toda la despensa y destruye la cocina, el dueño de la casa termina más hambriento que al principio.

Aquí las cuatro refutaciones fundamentales al discurso entreguista:

1. La falacia de la "Inversión Obstaculizada"

Rodríguez afirma que la ley anterior "impedía" la inversión. Lo que él llama "impedimentos" son, en realidad, las salvaguardas de la Nación. El Artículo 150 de la Constitución, que exige la aprobación parlamentaria, no es una alcabala burocrática; es el seguro contra la corrupción y los contratos leoninos.

Ninguna empresa petrolera seria (las que traen "prosperidad") teme al control parlamentario si sus términos son transparentes. Al eliminar este control, el gobierno no está atrayendo "inversión", está atrayendo "capitales de riesgo extremo" que exigen llevarse la parte del león a cambio de operar en la opacidad. La "plata" que viene bajo estas condiciones es la más cara y la que menos deja al fisco.

2. El espejismo de la "Vida Plena" sin renta

Dijo el diputado que hay que "sacar el petróleo y convertirlo en bienes y prosperidad". Aquí ignora voluntariamente la variable macroeconómica fundamental que es la renta petrolera: el State Take.

No se puede generar "prosperidad" si el Estado renuncia a la renta. Como explicamos desde la visión postkeynesiana, el bienestar social depende de la capacidad del Estado para financiar la demanda agregada (salarios, hospitales, infraestructura). Si producimos 3 millones de barriles pero regalamos la regalía y el ISLR para "atraer al gato", el Estado no tendrá recursos para esa "vida plena". Estamos cambiando un recurso agotable por un flujo de caja que apenas cubrirá la nómina ministerial.

3. La contradicción de la "Soberanía"

Rodríguez juró "resguardo estricto de nuestra soberanía" mientras firma una ley que le quita al pueblo (representado en la AN) la facultad de conocer y aprobar los contratos.

La soberanía no es un discurso, es un régimen de propiedad. Si el contrato no pasa por las manos de los representantes del pueblo y queda en la discrecionalidad de un Ministro (Art. 34), la soberanía ha sido transferida de la Nación al Burócrata. Es un retorno al esquema gomecista de 1922: la soberanía se convierte en una consigna de balcón mientras en las oficinas se firma el remate.

4. La trampa de los CPP (Contratos de Participación Productiva)

Alabarlos como "experiencia exitosa" es validar la opacidad.

Los CPP han sido el laboratorio del oscurantismo fiscal. Al extender este modelo a toda la LOH, se institucionaliza la "excepción" como regla. El éxito de un contrato no se mide porque "venga la plata", sino por cuánto de esa plata se queda en Venezuela para transformar la estructura productiva. Bajo el esquema actual, la mayor parte de esa riqueza se fugará legalmente hacia las casas matrices de las petroleras gringas.

 

Conclusión 

Diputado Rodríguez, el "muchacho" (el país) no se está "muriendo en la barriga" por falta de inversión, sino por falta de institucionalidad y probidad. Usar la urgencia de la gente para justificar la entrega de la renta petrolera es un acto de demagogia fiscal.

Usted propone un gato que caza ratones, pero nosotros le advertimos que este gato norteamericano que usted está invitando no viene a cazar ratones para nosotros; viene a quedarse con la bodega completa. El petróleo no se saca de la tierra para alimentar balances extranjeros, sino para sembrar el futuro de Venezuela. Y con esta ley, lo que están sembrando es una hipoteca que pagarán nuestros hijos.

Sugerencia de Andrés Giussepe para todos los venezolanos:  

Camaradas y amigos, no se dejen engañar por el lenguaje coloquial. Rodríguez intenta simplificar un problema complejo para evitar que hablemos de lo que importa: el robo de la renta fiscal. Cada vez que él hable de “prosperidad”, nosotros debemos responder con “cuánto le queda al fisco”. Esa es la única cuenta que no pueden sacar.

¡Más nada!

 

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