Maestros apasionados

Viernes, 06/02/2026 01:22 PM

Vivimos en la era del aprendizaje. En pocos años se cuestionará el papel que actualmente tienen las escuelas que se centran en enseñar contenidos googleables. Se dirá que es una pérdida de tiempo emplear 20 años de nuestra vida en aprender unos contenidos que están al alcance de un dedo, y que además enseguida olvidamos. Paradójicamente este sentimiento coexiste y coexistirá con el interés por el mundo del aprendizaje. Hoy se viene insistiendo en la necesidad de aprender desde la cuna hasta la tumba. Las personas y las sociedades tienen enormes ganas de aprender en cualquier sitio, a cualquier edad. Pero quieren aprender habilidades, competencias, hábitos, no informaciones googleables. Las empresas denuncian que los trabajadores jóvenes llegan sin las mínimas habilidades personales para trabajar en equipo y para emprender y crear.

El derecho a la educación es derecho al aprendizaje. Los docentes enseñan, pero ¿qué aprenden los alumnos? ¿Aprenden a conocerse y comprenderse, a ser mejores, a convivir con los otros diferentes, a crear, a resolver problemas, a aprender permanentemente, a lo largo y ancho de toda la vida? ¿Aprenden a vivir, convivir, amar y servir y ser felices? Para garantizar el aprendizaje permanente de conocimientos y valores y desarrollar el hambre de aprender, hay que garantizar a todos los alumnos las herramientas esenciales para un aprendizaje autónomo y permanente: lectura personal y crítica de todo tipo de textos y del contexto, de la imagen y los nuevos lenguajes digitales; escritura como un medio privilegiado para enseñar a pensar, a argumentar, a producir, a crear, a comunicarse; pensamiento creativo, crítico, y científico; solución de problemas; ubicación en el espacio y en el tiempo; y las actitudes esenciales para seguir aprendiendo y emprendiendo: curiosidad, experimentación, investigación, trabajo en equipo, deseos de hacer las cosas cada vez mejor, exigencia, esfuerzo, resiliencia, audacia, responsabilidad…

En su novela póstuma "El primer hombre" Albert Camus, filósofo y escritor, premio nóbel de literatura, recuerda con especial cariño y agradecimiento a uno de sus maestros, el señor Germain, al que dedica comentarios muy elogiosos: "Después venia la clase. Con el Sr. Germain era siempre interesante por la sencilla razón de que él amaba apasionadamente su trabajo… En la clase del sr. Germain la escuela alimentaba en ellos un hambre más esencial todavía para el niño que para el hombre, que es el hambre de descubrir. En las otras clases les enseñaban sin duda muchas cosas, pero un poco como se ceba a un ganso. Les presentaban un alimento ya preparado rogándoles que tuvieran a bien tragarlo. En las clases del Sr. Germain sentían por primera vez que existían y que eran objeto de la más alta consideración: se les juzgaba dignos de descubrir el mundo".

Para la transformación profunda de la educación en Venezuela , de modo que sea una columna esencial para la reconstrucción del país, más que cambios curriculares, necesitamos pasión. Nada importante en la vida se logra sin pasión y mucho menos en educación. Necesitamos maestros apasionados como el Sr. Germain, capaces de provocar en sus estudiantes el hambre de aprender, de ser, de convivir y de servir. Todos hemos conocido y posiblemente también hemos disfrutado de algún educador apasionado, al que también recordamos, como Camus, con especial cariño y agradecimiento: sus clases eran un viaje de aventuras por terrenos desconocidos, y el aprendizaje era siempre el descubrimiento de un nuevo tesoro que nos llenaba de alegría porque lo habíamos buscado con tesón y con ilusión. Todos ellos mostraban un gran amor a su profesión y un gran amor a nosotros, sus alumnos. Por ello nos querían felices y procuraban que las clases fueran divertidas y amenas. Nunca vi que ofendieran o humillaran a alguien, y no castigaban los errores, sino que los concebían como obstáculos a superar en el camino, como retos a enfrentar entre todos, como oportunidades para aprender..

Los maestros apasionados creen en las posibilidades de superación de cada alumno, se alegran con sus éxitos, aunque sean parciales, y están siempre dispuestos a darles una nueva oportunidad. Se preocupan también por cómo y qué enseñan y quieren aprender más acerca de ambas cosas con el fin de ser cada vez mejores, para así poder ayudar más eficazmente a sus estudiantes, en especial a los más carentes y necesitados. Porque tienen un hambre insaciable de aprender y ser esfuerzan por ser cada vez mejores, provocan las ganas de aprender y de ser en los demás. Para estos educadores, la enseñanza es una profesión creativa y audaz y la pasión no es una mera posibilidad, sino una realidad tangible.

Sin sentir, construir, investigar, sin misterio, no hay aprendizaje, solo transmisión. Aprender se convierte en aprender sintiendo. La transmisión de información no produce aprendizaje. Necesitamos decir también lo evidente: La transmisión de información mediante vídeo, powerpoint… tampoco produce aprendizaje. En este mundo líquido, complejo, veloz, incierto, en mutación constante, las únicas competencia perdurables que la escuela puede educar para vivir mejor en el futuro, son la crítica y la creatividad. Hasta ahora el alumno 20 era el que seguía las reglas al pie de la letra. Hoy día, educar a una persona creativa es educar a una persona capaz de imaginar, innovar y transformar.


 

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