Por el día del maestro. La "revolución educativa" de CAP de 1979 y la caída del cupo universitario

Jueves, 15/01/2026 02:09 PM

Nota: Hoy es día del maestro, como decir mi día, dado que, en eso me pasé toda mi vida. Lo fui antes, pues desde joven, en distintos espacios, particularmente en la política y siendo profesional de la docencia, aparte de mi trabajo de todos los días, con pesada carga horaria de docente por horas, también de ello hice en la lucha gremial; fue siempre mi empeño enseñar y aprender. Cada momento, era oportuno para aprender algo o enseñarlo.

En verdad, para ser franco, al sentarme frente a la máquina, como hago todos los días en mi encierro, dado la vejez, fui sorprendido. ¡Hoy es día del maestro! Busqué en mi archivo y hallé estos artículo de 1979, publicados en la prensa regional, específicamente, en el "Diario de Oriente" de Barcelona, que sirven para recordar cosas, como lo que entonces llamaron el "cuello de botella universitario"; es decir la escasa ampliación de la matrícula en ese nivel y el proceso de selección para ingresar a él. Circunstancia que dejaba varados a miles de bachilleres sin oportunidad de continuar estudios y como, hasta la izquierda del mundo universitario de aquel tiempo, con mucha influencia en él, se conformó con las llamados exámenes de admisión que solo servían para excluir a una gran cifra, por supuesto, de los pobres que no tenían posibilidades para acceder al sector privado que, de paso, comenzaba a crecer exponencialmente, en los distintos niveles.

Fue esa una época que, la izquierda no sólo se conformó con aquel estado de cosas o proceder para ingresar al mundo universitario, lo que se contentaron con llamar "cuello de botella", un conformismo, sino también desarrolló una política en el frente gremial, como el de usar el recurso de la huelga y paralización de clase por cualquier simplismo, favoreciendo los planes gubernamentales de los cuales hablamos también en esos dos artículos. Me refiero a lo de contener la inversión en educación. Práctica gubernamental y respuesta gremial, sobre todo desde el ámbito de la izquierda, que, en definitiva, atentaron contra la escuela pública y fortalecieron la ampliación de la privada. Sobre este tema, la desacertada política gremial y educativa de la izquierda, sobre todo en el desarrollo de formas de lucha que ayudaron al Estado en sus planes de detener la inversión en educación, tengo otros trabajos escritos. Como cuando denuncié, se engañó a Chávez en la idea que, la migración de buena parte de la matrícula escolar pública hacia lo privado, en los tiempos de la IV República, se había derivado del cobro de la pequeña contribución con la Comunidad educativa, cuando en verdad, lo determinante fue entonces, la política[ed1] gremial de buena parte dela izquierda, consistente en promover paros por cualquier cosa, hasta como he dicho antes, cuando el pago salarial, llegaba con apenas horas de retraso. Lo que el gobierno entonces llegó a hacer insistentemente para lograr sus fines de limitar la inversión en esa área. En esta responsabilidad, hay mucha tela que cortar y hasta nombres "muy ilustres".

Diario de Oriente

Barcelona, marzo de 1979.

Nota: Los dos trabajos siguientes bajo títulos "La revolución educativa I y II", contienen nuestros comentarios sobre la política educativa del gobierno de Carlos Andrés Pérez (CAP), durante su primer gobierno y cuando el país gozó de un ingreso petrolero descomunal. Leerlos sirve para hacer comparaciones y sacar conclusiones. Tómese en cuenta, como se señala abajo que, fueron escritos en aquella época.

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La gente del gobierno a través del primer ministro de educación de Carlos Andrés Pérez, Dr. Luis Manuel Peñalver, anunció al país que en materia educativa se proponían impulsar una verdadera revolución. Hasta ese ministerio llegó el soplo de optimismo frenético e irreal que Gumersindo Rodríguez, con sus planes entusiastas, insufló al jefe del Estado y al gobierno todo.

Una revolución debía implicar por lo menos, en atención a la concepción manifiesta en los diferentes niveles del partido adeco, un cambio sustancial en la calidad de la enseñanza, una considerable democratización de la escuela, la adecuación de los lineamientos educativos a los planes económicos y, por supuesto, un aumento significativo de la matrícula escolar sobre la base de los ingresos del país y la demanda educativa.

Cinco años después, el fracaso es el signo del balance oficial. El presidente de la república, en el último mensaje al Congreso Nacional, a pesar del desmedido optimismo, no logró aportar una idea siquiera para justificar su fracaso en materia educativa. Apenas se limitó a lo que parece ser en él una ocupación placentera, la cita de cifras impresionantes para impactar al público.

No podía esperarse menos de un gobierno que dispuso de recursos fabulosos provenientes del petróleo. El único mérito que reclama para sí mismo el presidente es el aumento de la matrícula escolar.

En este sentido cabría hacer la siguiente reflexión:

¿Acaso es racionalmente admisible que este gobierno que hoy cierra su gestión no abriese nuevas oportunidades de estudio a los venezolanos, en un país cuyo crecimiento demográfico es rápido y el acomodo especial de la población genera agudas presiones en el sector urbano?

¿Puede levantarse como un trofeo el aumento de la matrícula escolar a varios niveles, sin que ese aumento satisfaga la demanda, en un país cuyos ingresos se mencionan en cifras increíbles y cuando nos habían ofrecido una revolución educativa?

Se le olvidó al presidente que, a pesar del aumento de la matrícula, no incorporaron a la escuela a más de un millón de niños en edad preescolar; ni pudieron evitar el aumento de la cifra de deserción escolar a niveles de primaria y secundaria Y el índice de repitencia. Se le olvidó señalar al presidente que, como resultado de su inadecuada política educativa, la universidad venezolana es hoy un cuello de botella que está cerrando el paso a más de 50 mil bachilleres.

Pero como la verdad muchas veces resulta difícil ocultar, al presidente no le quedó otra alternativa que reconocer el fracaso de su gobierno en el aspecto cualitativo de la enseñanza. Como dicen los abogados, a confesión de parte, relevo de pruebas.

La democratización de la enseñanza fue burlada cuando, como el caso citado anteriormente, se niega la posibilidad de estudiar a miles de venezolanos de los sectores de menores recursos económicos, pues a pesar de la fantasía presidencial, son muy pocos, por no decir ninguno, los hijos de obreros, artesanos, oficinistas, marginales que gozan de los beneficios del Plan Gran Mariscal de Ayacucho. La democratización no es un concepto puramente cuantitativo; además de lo dicho anteriormente, tampoco puede ser democrático una escuela cuya carga de valores y conocimientos está totalmente desvinculada de la realidad, donde sus miembros son víctimas de una formación económica y social injusta. No es democrática una escuela que forma gerentes y obreros, patronos y explotados en una reproducción antidemocrática del capitalismo. No es democrática una escuela que niega a maestros y alumnos la posibilidad de participar en la definición de los objetivos de la enseñanza.

En materia de formación de mano de obra para los delirantes planes económicos de Gumersindo Rodríguez, también fue negativo el resultado. Por ello tuvieron que importar mano de obra y, haciendo uso de los recursos del Estado, apelaron al curioso expediente de enviar contingentes de hombres a aprender oficios menores al extranjero.

Entonces cabe preguntar:

¿Cuál revolución?

La revolución educativa de CAP de 1979 (II)

Eligio Damas

Diario de Oriente.

Barcelona, Domingo 11 de marzo de 1979.

Parece un contrasentido, pero el recién finalizado gobierno de AD, que dispuso de recursos ilimitados, no soñados siquiera por gobiernos recientes, tuvo como preocupación fundamental impedir el ascenso, mantener bajas los costos del estado, incluso en áreas prioritarias como la educación.

En esto, el gobierno hizo filigranas con tal de seguir la consigna de Pedro Tinoco, vertida al gobierno a través de Gumersindo, del estado barato.

Dentro de esa idea de ahorrar recursos financieros para trasegarlos al sector privado por vía de comisiones, empréstitos, inversiones mixtas, condonación de deudas e incluso para uso del estado en propaganda electoral, se incluyó al sector educativo.

Es cierto, como gusta decir a los portavoces oficiales, que cada año se aumenta la inversión del estado en materia educativa. Pero también es verdad que esa inyección de recursos siempre estuvo por debajo de la demanda de la población venezolana y de las necesidades del aparato educativo.

Esta política pichirre, limitante, ahorrativa, explica la incapacidad del aparato educativo a nivel universitario para recibir las oleadas de muchachos que egresan de la escuela media. Frente a este drama y a esta tendencia que amenaza con un conflicto de grandes proporciones, el gobierno de CAP no ofreció nada digno de tomarse en serio sino, aparte de las llamadas hipócritas e irreales a buscar caminos distintos a la universidad, una antidemocrática y muy peligrosa vía selectiva.

Algunos sectores universitarios, incluso marxistas, olvidando a Marx, peligrosamente han expuesto seleccionar al estudiantado; ignorar que toda selección de este tipo, en el seno de una sociedad como la nuestra, es injusta. Los menos favorecidos por el sistema, que de paso son la mayoría, compiten en condiciones de total desventaja. Los hijos de los grupos pudientes aun siendo descartados por el aparato escolar universitario, les quedan el recurso de la universidad privada y la vía al exterior.

También el ministro de Educación, en forma subrepticia, intenta crear, bajo una aparentemente inofensiva medida, muy de gusto del simple "sentido común", una peligrosa alternativa selectiva.

Para el primero de febrero, el ministro de Educación, profesor Gerardo Cedeño, resolvió reducir a dos las oportunidades para presentar asignaturas pendientes. La simple información, analizada bajo la débil luz del sentido común del maestro o profesor, parece buena; tal como dijo un vocero del gobierno, "cuatro pruebas parecen un exceso".

Pero lo insólito es afirmar que la norma derogada motivaba el desinterés y pretender que la nueva medida inducirá a cambios sustanciales de conducta. Pero como nosotros, que no nos chupamos el dedo, sabemos que en el ministerio saben que eso es falso. Por eso, podemos asegurar que tal medida sólo persigue disminuir el nivel cuantitativo de los egresados de la escuela media y frenar los gastos del sistema educativo. Es decir, el gobierno de CAP quiso con eso resolver en parte el nudo del cupo universitario.

¿A cambio de qué?

A cambio del aumento de la deserción escolar a nivel medio, en una población muy joven, entre los 13 y 17 años. A cambio de aumentar el contingente de jóvenes sin ocupación ni oficio; a riesgo de lanzar una multitud de niños en brazos de la delincuencia, del consumo de drogas y cuantos vicios estimula esta sociedad.

Esa medida no es mala si la consideramos en abstracto; es buena dentro del marco de una sociedad capaz de absorber los rechazados por la escuela tradicional y utilizarlos en frentes productivos. Pero es mala, donde no hay posibilidad de ofrecer alternativas adecuadas que permitan al joven realizarse y aportar su fuerza y buena voluntad en bien de la nación.

El esfuerzo que tal medida por sí sola puede provocar, no justificará los efectos nocivos que ella misma generará. Lo que el Estado se ahorra ahora, al disminuir el gasto educativo por efectos de esa medida, lo gastará más tarde en represión de la delincuencia.

¿Puede una sociedad que estimula el facilismo, la irresponsabilidad, el desinterés por la cultura y que valora la educación con un fin de ascenso social, cambiar a sus jóvenes con una medida como esa?

Es deseable que el nuevo gobierno, con mayor sensatez y responsabilidad, estudie detenidamente esta situación y ofrezca una alternativa científicamente sustentable ante esa nueva salida empírica de un gobierno que no llegó a pegar ni una.

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