"La indignación es un acto de amor": John Saxe-Fernández y el estudio de la geopolítica y la geoeconomía del capital

Lunes, 16/02/2026 05:48 AM

El pasado 5 de febrero de 2026 cerró su ciclo vital el Doctor John Saxe-Fernández, pensador y académico universitario nacido en Cartago, Costa Rica el 26 de enero de 1940. Radicado en México desde la década de los sesenta, y nacionalizado mexicano en 1984, se integró, de la mano de Don Pablo González Casanova –Director de la entonces Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)– desde aquellos años a la oleada de académicos e intelectuales críticos que debatían los problemas del subdesarrollo latinoamericano y la gravitación del imperialismo estadounidense.

John Saxe-Fernández fue uno de los últimos clásicos del pensamiento social latinoamericano. Su coherencia intelectual le condujo a ser un pensador inquebrantable en su crítica al imperialismo en cualquiera de sus formas. A su vez, fue un profundo conocedor de la historia de los Estados Unidos y de los impactos geopolíticos y geoestratégicos de los instrumentos de seguridad nacional de este imperio en América Latina. Además, fue sin cortapisas un latinoamericanista y un académico que contribuyó a la construcción del conocimiento sobre América Latina desde fundamentos teóricos inéditos. 

Influido en universidades estadounidenses por pensadores como Charles Wright Mills, Herbert Marcuse –a través de su curso de Historia de las ideas–, Alvin W. Gouldner e Irving Louis Horowitz, se graduó durante los años sesenta en Sociología por la Brandeis University –donde coincidió con compañeros como Angela Davis– y logró su Maestría en Sociología y Antropología con especialidad en Estudios Latinoamericanos por la Washington University. Posteriormente, se doctoró en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

Durante sus primeros años en la UNAM, colaboró en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de  Ciencias Políticas y Sociales. Allí dialogó con otros pensadores latinoamericanistas como Sergio Bagú, Ruy Mauro Marini, René Zavaleta Mercado, Clodomiro Almeyda, Agustín Cueva, Gregorio Selser, Jorge Turner Morales, Adrián Sotelo Valencia, María Guadalupe Acevedo López, entre otros. Posteriormente dirigió el Seminario de Teoría del Desarrollo del Instituto de Investigaciones Económicas de la misma Universidad; allí coincidió con Fernando Carmona de la Peña y con Alonso Aguilar Monteverde. De la mano de Pablo González Casanova funda, en el seno del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias Humanidades, el Seminario “El mundo actual. Situación y alternativas” y el programa académico “El mundo en el siglo XXI, desde donde dialogaron con académicos de la talla de Samir Amin, Immanuel Wallerstein, Atilio A. Borón, Carlos M. Vilas, Marcos Roitman Rosenmann, Arturo Escobar, Víctor Flores Olea, Hugo Zemelman, Xabier Gorostiaga, Ralph Miliband, William K. Tab, James Petras, Elmar Altvater, entre muchos otros. Desde esta misma entidad universitaria fue editor de la Colección “El Mundo del Siglo XXI”.

Histriónico, apasionado en el ejercicio de la docencia, atrevido en el planteamiento de ideas, riguroso, contundente y firme en el análisis, tanto en sus cursos universitarios como en sus conferencias y entrevistas, John Saxe-Fernández cultivó sin restricciones el pensamiento crítico latinoamericano. Sus líneas de investigación fueron pioneras en las ciencias sociales latinoamericanas desde principios de la década de los setenta. Incorporó el análisis de la geoestrategia y las políticas de seguridad nacional de los Estados Unidos al estudio de las relaciones de poder que inciden en el capitalismo latinoamericano. Un libro seminal y clave fue el titulado Proyecciones hemisféricas de la Paz americana, editado por Amorrortu Editores en 1971. Además, situó sistemáticamente el análisis geopolítico, enfatizando en las intervenciones estadounidenses en América Latina, inspirado por el historiador Gastón García Cantú y el periodista argentino Gregorio Selser.

A través de su obra, Saxe-Fernández desnudó la historicidad del proyecto imperial estadounidense, el poder del complejo militar/industrial de esta potencia en aras de controlar los recursos naturales, y la supeditación de las ciencias sociales a través de iniciativas como el Proyecto Camelot. A su vez, comprendió el sentido de las élites del poder estadounidense y su fusión con las oligarquías latinoamericanas, al tiempo que desentrañó las ideologías y los intereses creados de ambas. Conocedor como pocos de la historia de los Estados Unidos, John siempre tuvo a la mano los datos precisos para sustentar su pensamiento anti-imperialista y sus análisis críticos en torno a la guerra y los desafíos que supone preservar la paz mundial.

Creador nato de ideas y de análisis, Saxe-Fernández antepuso el rigor teórico/metodológico a la denostación y la estigmatización. Ese rigor lo deslizó en sus cursos de licenciatura y posgrado al interiorizarnos en la lectura de la obra La imaginación sociológica de Wright Mills, en aras de forjar investigadores rigurosos en la comprensión de las estructuras de poder propias del capitalismo. Abogó en sus cursos y seminarios por el aprendizaje del análisis histórico y del análisis territorial a través de la geografía, en aras de comprender la arquitectura y andamiajes de la acumulación de capital. Sus estudiantes siempre tuvimos su atención y nos proveyó de lecturas y textos incisivos en el análisis. Fue, sin duda, un Maestro –en el más amplio sentido del término– que dejó profunda huella en sus estudiantes y escuchas. Ese mismo rigor analítico y la inquebrantable crítica al poder los expuso también en sus columnas de opinión quincenales en diarios como Excélsior y La Jornada.

Observador agudo de la historia latinoamericana y mundial de la segunda mitad del siglo XX y principios del siglo XXI, Saxe-Fernández brindó testimonio de acontecimientos como la Revolución Cubana, los golpes de Estado en el Cono Sur, hasta la guerra del Golfo Pérsico, el derribamiento de las Torres Gemelas de Nueva York y la entronización del trumpismo. Fue también discípulo de sus propios estudiantes, de quienes aprendió y de quienes acogió sus reflexiones críticas en el seno de la UNAM.

Su integridad, coherencia, honestidad y compromiso intelectuales fueron signados por la comprensión de las relaciones de poder y las contradicciones del capitalismo como problema central y como riesgo para la soberanía nacional. Fue insistente su argumento de que el capitalismo no se comporta ni se despliega en el vacío, sino en estructuras de poder definidas y signadas por ideologías particulares de las élites. Aunque también extendió sus estudios al análisis de las transformaciones globales, el colapso climático, la geopolítica del petróleo y de las energías, las múltiples implicaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en la soberanía y el territorio mexicanos –lo cual analizó en su libro La compra-venta de México: una interpretación estratégica de las relaciones México-Estados Unidos–y la sociología del conocimiento que subyace en las ideologías hegemónicas. Riguroso en el manejo de los conceptos y de las categorías de análisis, su obra brinda luz sobre el armamentismo, la economía de guerra, los riesgos de una posible guerra nuclear, la lucha entre potencias imperialistas, el pensamiento neoconservador, las directrices de organismos internacionales como el Banco Mundial, el endeudamiento latinoamericano, entre otros temas de lo que él denominó como los cruces de la geopolítica y la geoeconomía del capital, y que se expresaron en otras obras escritas como Petróleo y estrategia: México y Estados Unidos en el contexto de la política global; Terror e imperio. La hegemonía política y económica de los Estados Unidos; Imperialismo y Banco Mundial; Imperialismo y crisis; Sociología política del colapso climático antropogénico: capitalismo fósil, explotación de combustibles no convencionales y geopolítica de la energía; entre otros títulos más. 

A su vez, fue un ferreo defensor y practicante del trabajo colectivo y colegiado para el cultivo de las ciencias sociales; al tiempo que reinvindicó los intervinculación de las ciencias y las humanidades, sin dejar de reconocer los aportes de los pensadores clásicos de las ciencias sociales y de los representantes del pensamiento crítico estadounidense.

Lejos de la pusilanimidad y de la sumisión intelectual, Saxe-Fernández fraguó a lo largo de seis décadas un pensamiento propio, fundamentado, frontal y articulado, donde diálogo de manera creativa con autores clásicos y contemporáneos, sin perder de vista el cambio histórico de los fenómenos que despertaron su interés académico y sin dejar de pensar la realidad social desde América Latina. 

Con la partida reciente de otros pensadores como Pablo González Casanova (1922-2023) –con quien trabó una mancuerna intelectual indisoluble durante varias décadas– y Enrique Dussel Ambrosini (1934-2023), el adiós de Saxe-Fernández como uno de los últimos clásicos del pensamiento social latinoamericano, cierra un ciclo fecundo en las ciencias sociales de la región, y que se caracterizó por una lucha intelectual para lograr su autonomía epistémica y cognitiva y por hacer de la academia una praxis viva que incidiera en los debates públicos. Época que aún no logra vislumbrar un relevo generacional claro en el cultivo teórico creativo e innovador de estas disciplinas académicas en la región. El análisis geopolítico y los estudios sobre el capitalismo y el desarrollo latinoamericano están en amplia deuda con una figura intelectual como la de John Saxe-Fernández, para quien “la indignación es un acto de amor”.

 

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