De una Serie del Caribe a una Serie para la América Toda

Martes, 10/02/2026 05:33 AM

La Serie del Caribe siempre ha sido, en gran medida, una iniciativa con ADN venezolano. Fueron los dueños de los equipos, y por ende de la liga de béisbol de Venezuela, quienes organizaron las primeras Series del Caribe por allá en los ya lejanos años 40. Oscar Prieto y Pablo Morales, ambos dueños del Cervecería Caracas, hoy gloriosos Leones del Caracas, fueron los creadores de la Serie en 1949. En aquella etapa, Venezuela contra Cuba era el juego que todos querían ver; era la verdadera rivalidad deportiva del béisbol del Caribe.

Tras la prohibición del profesionalismo en Cuba en 1961, el torneo se desvaneció y no regresó sino hasta 1970. En ese renacimiento, los dominicanos participaron por primera vez y México fue el último en incorporarse a lo que, por la salida de Cuba, quedó reducida a un "cuadrangular": Venezuela, Puerto Rico, Dominicana y México.

Recuerdo muchísimo cuando los equipos de televisión viajaban a cubrir la serie en Dominicana o en Puerto Rico. Aquellas transmisiones vía satélite, todavía en blanco y negro, con enormes deficiencias técnicas que nos hacían ver, a los niños de la época, nuestro nivel de subdesarrollo; aquellas imágenes saturadas de brillo, con muy pocas cámaras y en unos estadios pueblerinos que contrastaban con el majestuoso escenario de la Serie Mundial de las Grandes Ligas, que Venevisión pasaba en horario estelar, desplazando por varios días a la novela de las 9. Y para rematar, como guinda del pastel picho, el comentario lapidario de los comentaristas de la época, donde siempre se colaba aquel: “Un fracaso económico total ha sido la Serie del Caribe”.

Puedo decir que, de las 56 series de la segunda etapa, es decir, sin Cuba, tengo conciencia de haber visto o seguido 50, y siempre ha sido el mismo peo: un cuadrangular hecho improvisadamente, sin fondos, sin público y sin los peloteros que la gente quiere ver, pues la MLB no les permite participar.

Ya de adulto, trabajador, casado y con hijos, casi vi morir a la Serie del Caribe. A mediados de los 80 y principios de los 90 la cosa era una paridera. Recuerdo con tristeza y risa aquella serie montada en un estadio de fútbol americano de Miami (el Orange Bowl), donde tuvieron que inventar un "doble por regla" si un batazo por el left field caía antes de cierta butaca, ¡pues el estadio apenas tenía 73 metros hasta la barda! Aquello no era béisbol, era una caimanera de lujo.

Luego hubo un modesto repunte cuando las sedes no capitalinas de Mazatlán, Hermosillo y Puerto La Cruz llenaron los estadios. También hay que recordar que en esa época había mucha rebeldía de los peloteros contra la MLB, algo que explotó con la huelga del año 1994. Esa huelga, que tuvo al nicaragüense Dennis Martínez como una de sus figuras más dignas y firmes, benefició de rebote al béisbol del Caribe, pues Puerto Rico armó el famoso "Dream Team" de 1995, participando no solo con el equipo campeón, sino con una verdadera selección nacional llena de estrellas de Grandes Ligas.

De allí en adelante la Serie ha sido más o menos rentable, a pesar de que siempre gana Dominicana. Lo cierto es que el equipo que gana el campeonato, al menos en el caso de Venezuela, no es el que va completo a la Serie del Caribe; los peloteros deben irse corriendo al campo de entrenamiento de la MLB a cuidar su puesto o a ganarse uno, así que la Serie queda para los que no tienen restricciones o no tienen trabajo en los EE. UU.

Este año 2026, la Serie del Caribe debía haberse realizado en nuestra Caracas, pero intervino la "mano peluda" de los EE. UU., y entre amenazas, aranceles y sanciones, los hermanos del Caribe decidieron llevársela a México. Venezuela no participó en ese torneo oficial y la vida continúa.

La Serie volvió a la oscuridad, pues a pesar de que los números fueron "azulados" gracias a convertir un torneo internacional en una prolongación del torneo local (con México participando con dos equipos), la proyección, la cantidad de fanáticos y la bulla internacional que causaría la serie en Caracas proyectaban números mucho más interesantes. Es más, la intención en Venezuela era una verdadera serie internacional con Colombia, Cuba, Panamá, Curazao, Nicaragua, y hasta Japón, Corea del Sur e Italia. Estábamos hablando de dos o tres grupos, semifinales y una final... pero bueno, otro día será.

Por lo pronto, nuestra agredida Venezuela organizó con mucho éxito —hay que decirlo— una edición especial de la Serie de las Américas, en la cual participaron Colombia, Argentina, Curazao, Nicaragua, Cuba y Venezuela. Con humildad, pero con muchísima calidad.

Hemos visto que el béisbol puede superar el yugo de la MLB, hemos visto cómo Venezuela es exportadora de peloteros buenos en todos los equipos, y estamos seguros de que es posible que esta Serie de las Américas (o Serie de la América Toda) evolucione, salga de esa penumbra y la convirtamos en un verdadero torneo internacional que le dé trabajo a peloteros, técnicos, dirigentes y comerciantes, no solo en esa cuarteta histórica sino en otras plazas.

Imaginemos una Serie del Caribe en Barranquilla, en Argentina o, ¿por qué no?, en Italia, en España o en Japón... con estadios techados y calefacción para jugar caribe en pleno invierno.

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