¿Cómo nos alienan la experiencia de la belleza actualmente en las expresiones de la vida, en sus apariciones estéticas sensibles? ¿Cómo nos bloquean el estremecimiento corporal placentero que brinda el arte de un buen poema, un cuadro, una melodía, etcétera; pero también las diversas percepciones o sentires de las vivencias y aconteceres de las interacciones cotidianas significativas, siendo que la belleza radica en la alterización u objetivación afectual de la otredad tan solo objetivada como cosa u objeto alienado, pasando de la condición de positividad alienante a la de negatividad estética liberadora de lo que nos rodea?
La afectación ética de la sensibilidad que produce el emplazamiento estético que nos interpela como belleza es una apelación o emplazamiento a vivir de otro modo en la sociedad, de modo fratriarcalista o hermanadora, sin explotación, sin dominio, sin alienaciones, sin manipulación mediática, sin supremacías, desigualdades, injusticias, neoliberalidades, imperialismos, neofascismos, patriarcalismos, etc. Así mismo, es una afectación estético-espiritual que ayuda a redimirnos de las "caídas" espirituales degradantes y repulsivas ante la fealdad del "mal vivir" de la deshumanización violenta (genocidios, ecocidios, feminicidios, epistemicidios, etc).
Por otra parte, se induce una sustitución del acontecimiento estético liberador con un simulacro de experiencia artística o artesanal que es vaciadora del reconocimiento real de la belleza por una superficialidad seductora placentera banal y fugaz (pero también perversa, por ejemplo, los aberrantes libertarismos dictatoriales de los incitados emprendimientos de la autoexplotación extenuante, y las pederastías neoliberales y neofascistas actuales), que acompaña principalmente al capitalista consumismo esteticista de lentejuelas en mercancías que promociona, que Byung-Chul Han denomina positividad, por el publicitado imperativo ideológico del neoliberalismo de la obligación de "ser positivos" pese a las adversidades que él mismo promueve en detrimento de la vida o existencia plena y realizadora. Ante lo que complementa con otra denominación manipuladora de las voluntades desprevenidas, la llamada "resiliencia", la conversión de la renuencia a aceptar determinados imperativos y opciones en aceptación de otras también imperativas de la mismidad, sin libre autodeterminación.
Frente a esa positividad alienante se propone la negatividad estética como sinónimo de resistencia libertaria auténtica y superación trascendente de esa positividad dictatorial. Un ejemplo de esto es la metaforización poética liberadora al interpretar la realidad con su advenimiento del acontecimiento de una resignificación sentizadora y figuradora de la metáfora que desborda y trasciende la hegemónica significación primera analógicamente, produciendo ese acontecimiento con la reinterpretación estética hecha metafóricamente con la formulación de una segunda lectura figurada en relación dialéctica, tensional y diversificadora con una primera lectura literal tan solo descriptiva, revelando aspectos desconocidos de modo hermenéutico al provocar una sinopsis entre lo conceptual y la afectualidad emocional. Igualmente ocurre cuando se simboliza con una sobrecarga o sobredeterminación estetizadora figurativa a la referencia.
La positividad se asocia a la condición homogeneizadora de lo "pulido o liso", como las pantallas digitales de iPhone, y lo "rugoso o relievante de la diferencia" a la negatividad estética resistente o reexistente, apreciadora de la alternativa pluriversidad o heterogeneidad. Lo pulido no ofrece resistencia alguna, tan solo uniformidad lisa.
Lo bello es lo que la imaginación y lo fantasmagórico agregan diferenciadoramente cuando refiguran o recrean con armonía un ámbito perceptivo de resonancia afectual trascendente por desalienante, para la sensibilidad radical del sentipensar anticonformista y crítico, satisfactorio por denso, ante lo banal e indiferenciado regido por la unificante mismidad lógica de la pulitura equivalencial del valor de cambio del intercambio mercantil capitalista.