Ciro el Grande, ¿Donald J. Trump, el nuevo ungido de Dios?

Viernes, 06/02/2026 11:33 AM

Buscar a Cristo no es nada malo, por supuesto que no, pero de ahí a que uno de los seres mas controversiales y poderosos del planeta lo asuma como campaña política es algo que hay que mantener en observación, "Make a Christ Great Again" dijo Trump esta semana y de inmediato su secuaces Bukele sacó decretos cristianos en El Salvador y el Presidente de Honduras recién electo por Trump ordenó la lectura de la biblia en las aulas de clases todo los días.

La historia de la CIA y su relación con la penetración religiosa en Latinoamérica el siglo pasado no es ficción, sino una realidad comprobada, pero este nivel que Trump plantea y que ya su gabinete comenzó a ejecutar es otra cosa (entren a las cuentas oficiales en X de todos los departamentos y vean de que hablo)

En las páginas de la historia, Ciro el Grande, el rey persa del siglo VI a.C., es recordado como un liberador mesiánico en la Biblia: el no judío elegido por Dios para restaurar Jerusalén y liberar a los cautivos. Hoy, en el turbulento 2026, Donald Trump ha sido ungido por sus devotos evangélicos con un manto similar, comparándolo repetidamente con Ciro como un "instrumento imperfecto de Dios" para restaurar la fe y la grandeza en América, pese a sus fallas personales.

Líderes religiosos lo presentan así desde hace años, siendo muy evidente el día de su toma de posesión o inauguración como llaman ellos. Últimamente esta narrativa se ha intensificado con acciones concretas, para de esta forma fusionar lo divino con la ignorancia y así dar un paso más en su plan supremacista. Conociendo el grado de inestabilidad mental que ha marcado su trayectoria —exabruptos impredecibles, teorías conspirativas y un ego que roza lo mesiánico—, el mundo podría estar al borde de un peligro mayor si este "loco del norte" se proclama iluminado o algo parecido, escalando de la retórica política a un culto personal con ecos autoritarios.

Estos días, la administración Trump ha inundado las redes oficiales con una campaña coordinada que pinta a Estados Unidos como una nación inherentemente cristiana renacida. En el "Desayuno Nacional de oración" el pasado 5 de febrero, Trump anunció un gran evento a llevarse a cabo en el National Mall el 17 de mayo para "rededicar América como una nación bajo Dios", invitando a millones a orar por la renovación espiritual en el 250 aniversario de la independencia.

La cuenta oficial de la Casa Blanca en X posteó: "Vamos a rededicar a Estados Unidos como UNA NACIÓN BAJO DIOS", acompañado de videos y fotos que proclaman "Estados Unidos es, y siempre será, Una Nación Bajo Dios". Trump declaró: "Para ser una gran nación, hay que tener RELIGIÓN. Hay que tener FE. Hay que tener a DIOS", y enfatizó que bajo su mandato se defienden los derechos religiosos, revirtiendo políticas de Biden que, según él, "armaron" al gobierno contra los fieles. La Casa Blanca lanzó "Oración Americana", una iniciativa para unir en oración al país, y proclamaciones como la del "Dia de la libertad religiosa 2026" reafirman el compromiso de "restaurar América como una Nación de oración, un país de fe, y una nación gloriosa bajo Dios".

El gabinete y aliados amplifican esto en una gran campaña contra el "sesgo anti-cristiano" hasta posts que celebran victorias en libertad religiosa, todo converge en la idea de que EE.UU. debe ser explícitamente "Una Nación bajo Dios", con Trump como su lider.

Esta oleada no es mera política cultural; es el preludio potencial a algo más oscuro. Trump ya ha mostrado señales alarmantes en este orden, así vimos como el año pasado posteó una imagen generada por IA de sí mismo como Papa durante el cónclave, luciendo sotana y mitra, y bromeó diciendo que le gustaría serlo, generando indignación católica. Hace poco se divulgó un video donde aseguraba que le gustaría que la gente se sentara o levantara cuando lo mandara, como hacen los norcoreanos bajo el régimen de Kim Jong Un, obedeciendo ciegamente a su dictador.

Aunque lo presentó como sarcasmo, el deseo de que los estadounidenses salten, se sienten o paren a su orden resuena hoy con fuerza, especialmente cuando fusiona su persona con la divinidad nacional. Sus seguidores del entorno intimo y su gabinete lo ven como un Ciro moderno, un "elegido" para "drenar el pantano" y defender a los cristianos, pero su ego —declarando haber hecho más por la religión que cualquier presidente— sugiere que podría cruzar la línea hacia proclamarse iluminado ante la comunidad general.

Si Trumpoleon escalara esta retórica a una teocracia personal, fusionando su liderazgo con la fe como un "Su Santidad", el riesgo sería inmenso: control sobre el arsenal nuclear, una base fanática que lo adora como profeta, y erosión de la separación iglesia-estado.

Críticos advierten que esto arma la religión para un nacionalismo cristiano que ataca minorías y disidentes. La historia enseña que los Ciro pueden convertirse en Calígulas rápidamente. La abundancia de mensajes oficiales sobre una América cristiana no es solo estrategia electoral; es una señal de alerta que hay que vigilar, porque si el "loco del norte" se ve como divinamente iluminado, el mundo no solo reirá: temblará, como tembló con otros bufones que ya pasaron por este planeta dejando ríos de sangre y desolación.

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