La muerte del conquistador Juan Rodríguez Suarez

Jueves, 05/02/2026 10:36 AM

Este conquistador español tenía en su haber una dilatada experiencia militar, sus andanzas de violencia, humillaciones, asesinatos y esclavitud de indígenas se extendían desde Mérida hasta Caracas y sus periferias. Triunfante en los combates amparado por los arcabuces, los caballos, la pólvora y los mastines. Sus feroces perros los alimentaba con niños (bebés) indígenas que arrancaba de los brazos de sus madres.

En 1561 en el actual territorio de hoy denominado el Junquito, se enfrentaron durante dos días de combate los terepaimas y los españoles, éstos bajo el mando de Juan Rodríguez Suárez (Capitán de la Capa Roja), quien sucumbió, muere a flechazos de los alzados indígenas. Flechas que también acabaron con la vida de sus dos hijos.

Las acciones de Juan Rodríguez Suárez como conquistador, no constituyen un ejemplo como fomentador de la paz ni de los derechos humanos, su sadismo criminal es contrario a los principios constitucionales de la República Bolivariana de Venezuela y de los convenios internacionales suscritos por la patria de Simón Bolívar.

La actuación del conquistador Suárez Rodríguez no se puede ensalzar, glorificar ni se le puede rendir tributo, como ocurre mediante la estatuaria o monumento existente en el Estado Mérida, pues constituye una apología al delito, un ejemplo y enseñanza al trato cruel, inhumano y criminal. Por tanto no puede ser un acervo y patrimonio cultural de la nación venezolana.

Las flechas indígenas hicieron justicia, en medio de la resistencia de la dignidad, de la lucha de nuestros ancestros en la defensa de su tierra, su cultura y libertad.

La contradicción es que en el año de 1561 muere un esclavista conquistador, asesino de inocentes criaturas, en medio de las luchas libertaria de nuestros originarios pobladores y en el año de 1981, revive, se impone su presencia de triunfo, de dominación, su simbología de poder opresor, su lenguaje de maltrato e inhumanidad y se le alaba al erigirse, en nuestro país, en Mérida, una plaza y una estatua en honor de las "hazañas" del conquistador. Ello constituye la negación a la insurgencia indígena y la "valorización" de la empresa conquistadora, la admiración a su carga de violencia, de muerte, de exterminio de una cultura y de toda una civilización.

Aberrante y deformante monumento, el de Rodríguez Suárez, negador de nuestra memoria histórica, de nuestra identidad, de nuestras originarias luchas emancipadoras, de nuestros dolores y sufrimientos, de nuestro vivir en armonía y en paz con la naturaleza y en comunidad solidaria, es un total y absoluto contrasentido; tan idéntico sería en el caso de un monumento a Hitler, quien fue el responsable de la muerte de más de cuarenta marineros venezolanos de los buques petroleros venezolanos hundidos por los submarinos alemanes, frente a las costas de Paraguaná en 1942 y/o construir, en la Guaira, un monumento para rendir homenaje, pleitesía, afecto y cariño a las flotas navales extranjeras (inglesas, alemanas e italianas) que en 1902 bloquearon, cañonearon e intervinieron las aduanas venezolanas. ¡¡EL MUNDO AL REVÉS!!

Es hora de poner orden en casa y hacer cumplir la cuarta transformación por la descolonización cultural y cognitiva, así como sujetarse a los principios y normas constitucionales, por tanto nuestro espacio se debe librar de toda estatuaria, monumento, epónimo y topónimo colonialista, ya basta de Rodríguez Suárez, Cristóbal Colón y resto de su cofradía.

*Polvorín. Estallido de ideas insumisas. Un combate por la vida.

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