La nueva construcción social venezolana (II)

Miércoles, 28/01/2026 12:21 PM

La construcción social de la realidad política en contextos de crisis y polarización exige un análisis que integre teoría psicológica y sociopolítica y que permita comprender cómo determinadas dinámicas cognitivas dan forma a percepciones, expectativas y conductas colectivas. La situación contemporánea de Venezuela bajo la conducción de la presidenta encargada Delcy Rodríguez y en medio de las tensiones generadas por la amenaza y la presión diplomática y económica ejercida por la administración Trump —esencial para entender la percepción internacional y la mejora de políticas públicas en el país— ofrece un caso paradigmático para explorar el impacto de fenómenos como el efecto Hawthorne, el efecto Pigmalión y el efecto Halo en la construcción de ese imaginario social. Estos conceptos, profundamente estudiados en psicología social y ciencias del comportamiento, aportan herramientas interpretativas que permiten observar cómo la atención, las expectativas y los sesgos cognitivos configuran no sólo la conducta individual sino los procesos de legitimación, movilización, resistencia y adaptación social.

El efecto Hawthorne y la visibilidad de la atención en contextos políticos. El efecto Hawthorne describe la modificación del comportamiento de sujetos al saber que están siendo observados o estudiados, independientemente de las condiciones experimentales implicadas en un cambio determinado. Este fenómeno fue inicialmente identificado en los estudios realizados en Hawthorne Works, donde cambios en condiciones ambientales parecían mejorar la productividad de los trabajadores no tanto por las condiciones mismas sino por la atención que se les dedicaba al ser observados más de cerca¹. El principio fundamental aquí es que la percepción de atención genera un cambio de conducta. En un contexto sociopolítico como el venezolano, bajo la mirada atenta de organismos internacionales, medios de comunicación globales y gobiernos externos, el efecto Hawthorne se manifiesta en la forma cómo actores internos ajustan sus discursos y estrategias políticas y sociales al sentir que están bajo escrutinio global, y en especial bajo la atenta mirada del Imperio Estadunidense. La atención generada por la administración Trump sobre Venezuela, a través de sanciones económicas, declaraciones públicas y medidas diplomáticas, produce no sólo presión sino también una conciencia amplificada de que las acciones del Estado y de sus líderes son objeto de evaluación internacional. En respuesta, las autoridades tienden a enfatizar ciertas políticas y discursos que proyecten estabilidad, legitimidad y control social, incluso cuando la realidad estructural subyacente sea compleja y contradictoria.

Este ajuste de conducta, derivado de la percepción de ser observado más que de cambios materiales objetivos, no solo redefine la praxis gubernamental, sino que influye en la percepción de sectores de la población que internalizan esa "mirada internacional" y responden con reafirmación o rechazo. Los actores políticos, desde la presidencia encargada hasta los líderes comunitarios, se vuelven más sensibles a la atención externa que a las condiciones socioculturales internas, lo que puede intensificar la construcción de narrativas tanto defensivas como reivindicativas.

El efecto Pigmalión y las expectativas de desempeño político-social. El efecto Pigmalión, también denominado efecto Rosenthal, implica que las expectativas que una persona u organización tiene sobre otra pueden influir en el rendimiento y comportamiento de esa otra. En pedagogía y psicología organizacional este fenómeno ha sido ampliamente demostrado: expectativas altas tienden a generar mejoras reales en desempeño y expectativas bajas a reducirlo⁷. La metáfora del escultor griego que crea una figura que termina cobrando vida ilustra cómo las creencias internas y las expectativas sociales pueden volverse profecías autocumplidas.

En el ámbito político la aplicación del efecto Pigmalión es particularmente relevante para entender cómo las expectativas de líderes, élites políticas y pública en general influyen en las acciones y autoevaluaciones de otros grupos sociales. En Venezuela, cuando un líder como Delcy Rodríguez proyecta expectativas de resiliencia, soberanía y continuidad revolucionaria frente a la presión externa, estas declaraciones pueden actuar como catalizadores cognitivos que impulsan a grupos sociales a internalizar dichas expectativas como marcos de acción. Esto tiene implicaciones tanto para quienes apoyan al gobierno como para quienes se opongan: los primeros pueden reforzar su compromiso y resiliencia, mientras que los segundos pueden adoptar una contraposición que, en sí misma, responde a expectativas de fracaso económico o institucional.

El liderazgo político en contextos de crisis no solo administra recursos materiales, sino que moldea expectativas sobre capacidades de adaptación social e individual, lo que a su vez se traduce en comportamientos que confirman esas expectativas. Al enfatizar expectativas de recuperación, de legitimidad internacional o de cohesión social, un liderazgo influye en cómo los ciudadanos perciben sus propias capacidades para enfrentar la adversidad.

El efecto Halo y la formación de juicios políticos. El efecto Halo es un sesgo cognitivo por el cual una impresión positiva o negativa en una dimensión particular de una persona o fenómeno influye en la evaluación general de otras dimensiones no necesariamente conectadas. En política, este sesgo tiene profundas implicaciones. Cuando se percibe positivamente a un líder por ciertos atributos —carisma, retórica firme, aspecto físico, historia personal— esa percepción tiende a extenderse a otros rasgos, como capacidad de gestión o legitimidad democrática, aunque no haya evidencia objetiva que lo respalde. Esta tendencia a integrar atributos sin suficiente evidencia objetiva complica la evaluación crítica de los liderazgos y de las políticas públicas.

En Venezuela, el efecto Halo ha sido relativamente visible en la construcción mediática y simbólica de figuras como Hugo Chávez o Nicolás Maduro, y ahora puede seguirse en la imagen pública de Delcy Rodríguez que, bajo contextos de polarización extrema, puede ser objeto de percepciones que trascienden los datos empíricos sobre gestión económica o social. Por ejemplo, una parte de la población puede atribuir rasgos positivos de liderazgo a partir de narrativas que enfatizan resistencia al imperialismo, mientras que otra puede proyectar rasgos negativos basados en percepciones de incompetencia económica, aun cuando estos juicios ignoren variables estructurales complejas sobre sanciones, caída del ingreso petrolero o dinámicas internacionales.

Este sesgo cognitivo no solo moldea percepciones subjetivas, sino que configura la opinión pública y la legitimación o deslegitimación de autoridades. Si los votantes o ciudadanos internalizan juicios basados en un efecto halo positivo o negativo, sus decisiones políticas y sociales tienden a reforzar esas evaluaciones, reduciendo la posibilidad de un análisis crítico y matizado de la realidad objetiva.

Interacciones entre Hawthorne, Pigmalión y Halo en la construcción social. Los tres fenómenos no operan de manera aislada, sino que interactúan profundamente en la construcción de la realidad social política en Venezuela. La atención internacional y las expectativas de actores externos (Hawthorne) generan ajustes de comportamiento y discursos que reconfiguran las expectativas internas (Pigmalión) y, simultáneamente, influyen en los sesgos evaluativos (Halo) que los ciudadanos y observadores externos aplican a las figuras políticas.

Esta interacción produce un ciclo autoalimentado: la atención externa intensifica la conciencia interna de ser observado, lo que modifica conductas y discursos oficiales, reforzando expectativas de persistencia del modelo político y económico vigente. Esas expectativas, a su vez, generan interpretaciones sesgadas de competentes o incompetentes dependiendo de las narrativas dominantes, lo que condiciona juicios políticos y polariza aún más la percepción pública.

Aplicaciones a la realidad venezolana bajo Delcy Rodríguez y la amenaza Trump. El análisis de estos efectos tiene implicaciones teóricas y prácticas para la interpretación de la política venezolana reciente. La administración Trump ha ejercido una presión constante mediante sanciones y declaraciones políticas que, más allá de su impacto material directo sobre la economía, han recalibrado la percepción internacional de la gestión venezolana. Esta atención constante ha alimentado respuestas performativas del liderazgo venezolano que enfatiza resiliencia y antiimperialismo como pilares discursivos, reafirmando expectativas internas de resistencia y legitimidad. La presidenta encargada Delcy Rodríguez ha utilizado estas narrativas para consolidar una imagen de continuidad revolucionaria y soberanía, apelando a la historia bolivariana y al rechazo de las intervenciones foráneas como mecanismos de construcción de identidad política.

Estos procesos producen efectos sociales concretos: por un lado, sectores de la población se cohesionan en torno a narrativas de resistencia y orgullo nacionalista, lo que se traduce en prácticas cotidianas de apoyo o indiferencia ante presiones externas. Por otro, sectores críticos pueden reforzar sus expectativas de cambio radical, polarizando aún más el tejido social.

Ventajas y salidas para el desarrollo social en Venezuela. Entender estos efectos no implica romantizar la situación política ni ignorar los desafíos estructurales reales, sino reconocer variables psicológicas y sociales que influyen en la interpretación y acción colectiva. Desde una perspectiva académica, se abre la posibilidad de diseñar estrategias de comunicación política y de políticas públicas que tomen en cuenta las expectativas sociales, la atención mediática y los sesgos cognitivos para fomentar diálogos más constructivos y menos polarizados.

Potenciar espacios de deliberación pública que reduzcan la activación de sesgos como el halo, promoviendo análisis basados en datos y evaluación crítica, podría contribuir a una ciudadanía más informada. Asimismo, utilizar el efecto Pigmalión de manera positiva —estableciendo expectativas altas de recuperación económica, cohesión social y fortalecimiento institucional— puede inspirar procesos de organización comunitaria y resiliencia social.

En conclusión, el efecto Hawthorne, el efecto Pigmalión y el efecto Halo son instrumentos conceptuales valiosos para comprender cómo variables cognitivas influyen en la construcción de la realidad social y política en contextos de crisis como el venezolano. La atención internacional, las expectativas de desempeño político y los sesgos perceptivos interactúan para moldear conductas y juicios colectivos que tienen consecuencias reales para la legitimidad, la cohesión social y las prácticas políticas. Reconocer y analizar estos fenómenos permite ir más allá de explicaciones simplistas, favoreciendo un enfoque académico, riguroso y centrado en variables psicológicas y sociales que enriquecen la interpretación crítica y propositiva de la realidad venezolana actual.

De un venezolano, hijo de la Patria del Libertador Simón Bolívar

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