El Destape de Leviatán y la Oración de los Pueblos

Domingo, 25/01/2026 11:31 AM

A mis catorce años, cuando la diplomacia me parecía un juego de sombras, yo intuía que algo demoníaco latía bajo la mesa. Hoy, tras lo acontecido en Davos, ya no es necesario intuir: el velo se ha rasgado. Lo que habitaba en la oruga del orden internacional resultó ser más aterrador que cualquier criatura de ficción; la realidad ha devorado a la fantasía.

Lo que representa la figura de Donald Trump, ese "Agente Naranja" de la política contemporánea, no es solo una presidencia, sino la encarnación más cruda de una maldad imperial que ya no requiere eufemismos. El reciente anuncio de su "Comité de la Paz" es la cima del cinismo: una estructura que no busca concordia, sino la pacificación por exterminio, la gestión del botín y la consolidación de un orden donde la vida es un "sacrificio necesario" para el flujo de capitales. Lo hemos visto en la tragedia de Palestina, reducida por este eje a un simple solar para megaproyectos sobre las cenizas de un genocidio.

Como bien diagnosticó Mark Carney en Davos con una honestidad brutal: "Esto no es una transición hacia otro sistema, es ya una ruptura". Carney destapó la "mentira útil" en la que vivíamos, admitiendo que el multilateralismo fue una ilusión colectiva sostenida solo por conveniencia. Hoy, esa ilusión ha muerto. La economía es un arma y la diplomacia, un espectáculo de sumisión.

Frente a este escenario de cinismo armado, mis reflexiones de hace apenas diez días parecen prehistóricas. La realidad se desactualiza a la velocidad de la crueldad. Conceptos como la "buena voluntad" han sido vaciados. Hemos caído en un "infierno textual" donde las palabras se tornan armas y el imperialismo ondea su bandera triunfal sobre el despojo.

Ante este endemoniado futuro que nos embiste, se hace urgente buscar nuestro ropaje: el de nuestros Libertadores, el de nuestros Caciques y el de nuestra fe más profunda. Si el Diablo ha decidido mostrarse a plena luz del día, nosotros debemos valernos de todo, hasta de la más discreta estampita, no por superstición, sino por soberanía espiritual.

Hoy, como en la llanura de Alberto Arvelo Torrealba, el reto es hacerle frente a la sombra que quiere atropellarnos. Si, como nos enseñó Carney, la única salida es "dejar de vivir dentro de la mentira", a nosotros solo nos queda el fulgor de la conciencia y el escudo de la unidad popular:

"Zamuros de La Barrosa / Salgan del alcornocal / Que al Diablo lo agarró el día / Queriéndome atropellar..."

Sácanos de aquí con Dios…, con la verdad de los pueblos y con la firmeza de quien ya no acepta vivir dentro de la mentira imperial.

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