"¡Estamos aquí, todos nosotros! "los condenados", con un pasado que nunca cesa, un futuro que nunca empieza, un presente que nunca acaba. ¿Dónde está la seguridad? ¿Qué protección pueden inventar que no se hayan imaginado ya? Es inútil pensar en la seguridad: no existe ni la más mínima.
No hay un lugar final donde retirarse... a no ser que nos quedemos quietos... inmóviles. Si llegamos a hacerlo, sin perder el equilibrio, sin dejarnos llevar por la embestida, puede ser que seamos capaces de controlarnos y de esa manera actuar" (Fragmento de mi novela Morbi Dei, Ediciones Corregidor, 1985)
Sensación de "orfandad" muy concreta se siente en Argentina... La sensación de violencia se palpa y es latente en mi país… Se percibe de manera clara la falta de verdad, la ignorancia, la agresión, la justicia ausente, la desazón, la contaminación real y metafórica, la eliminación de la libertad, en nombre de la ¿libertad?
El gobierno del misógino, plagiario Javier Milei reprime, silenciando a quienes piensan diferente y también a los que piensan… La consigna es: "no pensar", "ser leve", "mentiroso", "traidor" y "cobarde"… Mentir, acusar, descalificar, agredir, difamar, culpabilizar, dictaminar, decretar y expulsar mintiendo, siempre la mentira como signo de una administración cacofónica, marcan la tendencia de comportamiento de los "neo-salvadores de una Patria para pocos"… Un tanto escéptico, pero consciente en intuición, no dudo, ya que han existido pactos a espaldas del pueblo; nada ha quedado librado al azar.
"Argentina, hoy llora", ante la presencia de una bestia de espaldas al país que dice gobernar, violento e ignorante, inquisidor modelo tercer milenio, por una historia perdida, en su carácter de ciencia objetiva, comprobable, para adquirir el carácter de discurso: un nuevo tipo de relato cercano a la escritura de ficciones, aplicable a las oportunistas informaciones del aparato de medios, que opera dibujando una realidad inversa, manipulando la realidad…
En una posición de firme oposición al gobierno del colonizado Milei, asimilado al orden jurídico vigente, como las que han tenido poetas como Antonin Artaud o René Crevel, me lleva a dar una visión de la Argentina, en un tumulto de nihilismo, pesadillas, visión enferma y degradada de esta nación, perversidad, sado-masoquismo, epifanías, obscenidad, cinismo, que estallan en este editorial, cuál diagnóstico "naturalista" de los efectos que el odio, el miedo y la fealdad, interpuestos en el destino fatal de un pueblo, que camina con tedio, lenta, pero inexorablemente a su fracaso, en su afán de ser los "campeones del mundo".
Imbuido de coraje y fidelidad a mis ideales humanistas, asimilados a los valores de la Grecia clásica, impulsados por sus filósofos que priorizaron la búsqueda de la virtud, el equilibrio, la razón y la justicia, que destacaron la excelencia personal, la participación cívica en la polis, la amistad y el autoconocimiento, buscando la verdad y la felicidad humana, declaro al obsceno Milei como enemigo de Argentina.
La filosofía griega estableció los fundamentos del pensamiento occidental, enfocándose en la vida cívica y ética en antípodas a lo manifestado por el simulador mitómano, bestial Milei en Davos, días pasados, respecto a su alineamiento con esta civilización, donde nace la esencia del pensamiento occidental, hoy colapsado... Un obsceno que desdeña las leyes clasificándolas de adornos.
Cualquier similitud con la filosofía griega deviene en una entropía. (La entropía es un concepto que viene de la física, y se aplica en psicología para hacer referencia al desorden y a la cantidad de incertidumbre que hay en nuestra vida provocando sensaciones y situaciones que pueden llegar a ser desagradables). Cuantas más opciones haya en ese sistema, más aumentará la incertidumbre)
El fantoche Milei, mascota de EEUU, días pasados en Davos, supo entretener y provocar sonrisas al mundo con un discurso de barricada, degradante, sin conocimiento ni capacidad alguna; continúa cuestionando pilares de la filosofía política clásica, llegando a declarar simbólicamente "muerto" a Nicolás Maquiavelo, para proponer un nuevo orden basado estrictamente en el mercado, en antípodas a los valores de la Grecia clásica y sus exponentes, a los que este mitómano expresa simulada admiración.
Para ser exacto, ha abierto el apetito voraz de los depredadores de soberanía, de aves de rapiña, succionadores de la sangre de pueblos sometidos al escarnio... una combinación que el líder de oportunistas y especuladores del Mercado, sin fundamentos teóricos fundamentados, con una forma de comunicación agresiva, confrontativa y popular, llega a ser elegido por millones de temerosos y desesperados aspiracionales y la horda de bestias de siempre, que dibujan un porvenir sin huellas.
La avidez, inseguridad, misoginia y megalomanía del represor "blindado" Milei, quién se proyecta, de modo inconsciente en espejo lacaniano con "el maligno", es incomparable con todo lo apreciado hasta el presente, se remite a lo inexpresable, a un gesto de ocultamiento que cual estrategia demonológica intenta afirmarse con afán patológico en todos los espacios que hacen a la vida en este sistema de sujetos-objetos, con la inestimable ayuda de los poderes financieros multinacionales, mediáticos, culturales apócrifos y del espectro político en su totalidad, salvo excepciones de quienes transitan el sendero de la invisibilidad y la exclusión.
El demonismo en el caso de este Satán del subdesarrollo, es una metáfora que por ello sólo puede declinarse en un sortilegio de metáforas, en las que la oscuridad refleje solo oscuridad.
La metáfora del demonismo y el demonismo de la metáfora que se resiste a su propia certificación, a su propio lenguaje y también a la continuidad de la vida, creo así la denominamos en su propio lenguaje.
En cierto sentido, entonces, la semiología se convierte en el mensajero de antiguas divinidades: significante y significado, cuerpo y espíritu, mundo, demonio y Dios... Vida, muerte, entropía y eliminación de todo lo que no se asimile a su perplejidad, instalada en su sombría vida de mendicante, adulador y servil al poder sionista.
Referir la situación actual de sobrevida del pueblo argentino, congelado al pie de ningún altar, a la metáfora del demonismo es una prevención, un aviso emergente de los que sabemos que asistimos al final de un tiempo, un paso más allá de ingenuas y absurdas soluciones reaccionarias, sin meta y sin finalidad alguna, en estado de desesperación inocultable, lanzando un silencioso alarido que llame a las deidades a producir un cambio milagroso, pues la resurrección de dioses y demonios crece, cuánto crece la incertidumbre.
En ella afloran al mismo ritmo todo tipo de creencias y descreencias, que crecen en su propio ocultamiento.
Hablar de demonismo es hablar de la subida de la marea negra del ocultismo, trenzada con la oscura amalgama de las religiones clásicas, modernas y posmodernas, donde las ceremonias secretas de los oficiosos reptilianos antropófagos, como "el maligno Milei" y la horda de "serpens" que conforman su entorno siniestro... Ceremonias que se multiplican revisando juicios sumarios al disidente, coincidiendo con el tránsito en un tercer milenio de las grandes muertes, como anatemas y exorcismo de la incertidumbre, un principio de milenio perpetuo que consiste en ocultar la arbitrariedad del calendario, donde el áurea ha perdido la batalla.
La cultura es el conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales y afectivos que caracterizan una sociedad o grupo social. La cultura engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, creencias y tradiciones, que Milei defenestra y degrada, en nombre de la mercantilización y apostando a divorciar política de cultura, cuando a lo largo de la historia estuvieron asimilados de modo indisimulable.
Lo que manifiesto, acerca de la cultura y sumo la contracultura, es justamente lo que el doméstico Milei desea modificar, y parece lo está logrando a fin de garantizar el funcionamiento de su plan general de gobierno, modificando nuestra identidad y destino.
Pues cada cultura comienza por inventar el desorden, proyectándose sobre el orden anterior y fingiendo un principio. La moralidad de gobiernos satánicos y habitantes del planeta, no es ya doble o triple, sino infinita, y en ese juego sin fondo, sin gracia alguna, la mentira de ninguna verdad alumbra la falacia de cada moralidad oculta en su negación. Se trata de una nueva treta que exige una nueva sensibilidad, una nueva lógica, una gonia.
"Cualquiera, todos y ninguno" son las entidades de una nueva trinidad, cuyo imperio sacrifica simbólicamente a "cada uno" y en su nombre. "Cualquiera, todos y ninguno", es el lugar de una nueva legitimación, el número y el numen de Satán Trimegisto, elevado a ley, que el "maligno Milei" denuncia a quién se incline por una vida en equidad, justicia social, armonía y disfrute, con estado protector... El tal Milei escribe un nuevo evangelio de la Ley de Mercado, dando la espalda a quienes sienten y piensan de modo diferente, insultándolos, humillándolos de modo procaz, roñoso y fuera de toda posibilidad de relación, a la que este engendro deplora.
Bajo esta lógica teológica simulada y oportunista, que apoyan, millones de electores de este engendro, instituciones públicas como universidades, centros de investigación (CONICET) o servicios de salud son vistos como "obras del maligno", justificando así sus políticas de recortes, desfinanciamiento y eliminación.
Nunca ha ahorrado términos degradantes, insisto, para eliminar valores esenciales como salud, educación y sobre todo libertad de expresión, de todos modos las corporaciones mediáticas, como la autodenominada oposición cobarde y negociable, compuesta por mercaderes, le permiten todo acto que atenta al "buen vivir".
No hay límites para que el "maligno Milei" siga arrasando con lo que ha sido la otrora República Argentina, donde los derechos y garantías se han diluido, bajo la pesada bota de este dictador del tercer milenio, cabeza de playa de Estados Unidos y de Israel en el cono sur.
A la pasión y muerte del autor-dios, anunciada por Roland Barthes en 1971 en su publicación "From Work to Text", que completaría en su ensayo de 1977 "The Death of the Author", continúa entonces su resurrección en un nuevo y peligroso "Mesías Inverso" como considero al tal Milei, que no dice hablar ya en nombre de los dioses - como el mesías clásico, ni en nombre de la historia o el progreso - como el mesías moderno-, sino en nombre de una nueva Autoridad, una divinidad que apenas hemos identificado: cualquiera, todos y ninguno, juntos en su desapasionamiento hacia todo lo que es, indiferente a la diferencia, frívolo en sus formas y dogmático en sus actitudes. Es ese hombre pervertido y perverso, que habita en el santuario sacralizado de este tiempo luciferiano por el que transitamos.
Quizá sea difícil encontrar una imagen más perfecta de espectáculo abierto, multidimensional, real, frívolo y profundo que el imperio de simulación, donde se debaten las realidades argentinas, incluidas campañas eleccionarias, fundidas en la representación y máscaras satánicas, basta visualizar los rostros de los invitados al espectáculo de la moralina donde cada personaje juega su libreto sin necesidad de una conciencia macroscópica de la escena, sin existir un director local que asigne los papeles y que pague la comisión de un espacio donde la ceremonia se consume.
Descubrir, a pesar de todos los que pueden horrorizarse de mi visión, que nuestras instituciones, nuestra vida cotidiana, nuestros sistemas de interpretación, están sometidos al imperio de la simulación, es poco más que descubrir que el modelo humanista de la vida en estado natural, es poco más que un modelo olvidado, hoy un recuerdo escindido.
Este es el estado artificial y continuo que como paisaje recibimos. Lo que resultaría aún más ingenuo sería elevar al terreno del deseo justo lo que ya existe como realidad.
Porque aunque el conocimiento implique responsabilidad, la irresponsabilidad de los ignorantes que rigen en esta tierra, no va a curarnos del conocimiento, ni de la incapacidad de funcionarios, para asumir responsabilidades, que hagan de precisa su permanencia en la función para la que no están capacitados, pero la máscara del simulacro impone criterio.
Mientras siglos de valores construidos con la sangre de infinidad de generaciones de seres humanos, nos contemplan, predestinan holocaustos cotidianos, frente a los que la indolencia de la nueva civilización que se cocina en las pistas de información de las redes de la web, descree lo que supone superado, permaneciendo inerte, congelada, al pie de alguna página que aún no ha sido escrita.
El demonismo es una transición a lo falaz, al desvalor, al desvanecimiento de la armonía, a la materialización del alma devenida en producto a consumir, el advenimiento de las sombras, de los sombríos personajes que todo lo aniquilan en nombre de ningún sentido, la simulación de un simulacro y la metáfora de una metáfora, en un pliegue de espectáculo cuál germen de discontinuidad.
Y lo que ha sido útil para hacer, equivale para deshacer, aniquilar y eliminar: un delito de lujo, promocionado y anunciado por eunucos sin cabeza que reptan hacia la cima de la pirámide de Ex nihilo... "Maligno Milei" emperador del holocausto cotidiano que experimenta Argentina.
Desde la dialéctica de la soledad, disfrutando del juego solipsista, afirmo que la vida en libertad y verdad, sin eufemismos ni metáforas demónicas, es la reivindicación de muy pocos, extraña paradoja cuyo anclaje es indefinido, una barrera fundamental que logra más allá de cualquier intento fundacional que la identidad deje de multiplicarse, proyectándose en espejos cóncavos y convexos, donde nadie sabe ya quién mira a quién, ya no hay por qué, ni para qué, sólo sexo, sangre y soplo, escrituras rituales, cifras de un sentido.