El inicio de 2026 marca un giro trascendental en la geopolítica energética mundial, con Venezuela emergiendo como el epicentro de un nuevo boom petrolero. Bajo la administración de Donald Trump en Estados Unidos, se impulsa una masiva inversión destinada a revitalizar la explotación de la Faja del Orinoco, reconocida globalmente como la reserva de crudo más grande del planeta. Este impulso, aunque promete una recuperación económica sin precedentes para Venezuela, genera un conflicto directo e ineludible con los objetivos climáticos globales, ya que el petróleo extraído de esta faja es, irónicamente, el más contaminante del mundo. La promesa de riqueza choca frontalmente con la urgencia de la crisis climática.
La Trayectoria Histórica: De la Influencia Global al Colapso
La historia petrolera reciente de Venezuela se puede segmentar en tres fases críticas que ilustran la compleja interconexión entre la política, la economía y las emisiones de carbono del país:
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La Era Chávez (2000–2012): Auge de Producción y Emisiones Elevadas. Durante este período, la producción se mantuvo en un nivel alto y estable, superando consistentemente los 3 millones de barriles diarios (Mb/d). Este caudal de ingresos financió extensos programas sociales y sirvió como herramienta para proyectar la influencia ideológica y económica de Venezuela a nivel internacional. No obstante, esta bonanza cimentó una dependencia estructural casi total del crudo y resultó en emisiones de carbono que superaban las 470 millones de toneladas de CO₂ al año (MtCO₂/año).
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La Era Maduro (2013–2025): El Colapso y la Reducción Involuntaria de la Huella Fósil. En un contexto de profunda crisis institucional y económica, la producción petrolera venezolana se desplomó drásticamente, cayendo a menos de 1 Mb/d en los momentos más álgidos de la crisis. De forma paradójica, esta debacle interna llevó a una reducción significativa de las emisiones, alcanzando un mínimo de 157 MtCO₂/año en 2020. El país redujo su huella fósil global, pero lo hizo a costa de un colapso social y una pérdida sustancial de su rol como actor energético global.
El Escenario Proyectado 2028–2050: El Retorno y el Riesgo Multiplicado
El nuevo escenario, proyectado bajo la estrategia de control e inversión estadounidense (2028–2050), contempla una recuperación progresiva y acelerada de la capacidad productiva venezolana.
Cuadro 1. Proyección de Producción y Emisiones (2020-2050)
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Año |
Producción (Mb/d) |
Emisiones (MtCO₂/año) |
Adicionalidad vs. 2020 |
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2020 |
1,0 |
157 |
— |
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2030 |
1,5 |
236 |
+50% |
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2040 |
2,2 |
345 |
+120% |
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2050 |
3,0 |
471 |
+200% |
Elaboración propia, Fuente IPCC, AR6 Climate Change 2023,FastBull (2025)
El retorno a los 3 Mb/d en 2050, niveles históricos previos al colapso, implica un aumento de las emisiones en 314 MtCO₂/año extra, triplicando el nivel de emisiones registrado durante la crisis de 2020.
Esta ambiciosa recuperación no solo devuelve a Venezuela a la primera línea de productores, sino que triplica las emisiones nacionales respecto a su nivel de crisis. El impacto acumulativo de este repunte compromete seriamente el presupuesto global de carbono. La adición de 314 MtCO₂/año pone en peligro directo el margen de carbono restante que el IPCC estima en apenas 250–300 GtCO₂ para tener una probabilidad razonable de limitar el calentamiento global a 1,5 °C. El auge económico venezolano se traduce, a escala global, en un riesgo climático de proporciones monumentales.
Intensidad de Carbono: La Singularidad del Crudo Venezolano
La principal preocupación climática reside en la naturaleza intrínseca del petróleo de la Faja del Orinoco. Este crudo es clasificado como pesado y ácido. Su composición incluye un alto contenido de azufre y posee una consistencia densa, similar al alquitrán.
La dificultad de su manejo radica en que su extracción, transporte y posterior refinación requieren un uso significativamente mayor de energía en comparación con el crudo ligero y dulce, típico de yacimientos como los de Arabia Saudita. Esta mayor demanda energética se traduce directamente en una mayor intensidad de carbono por barril producido.
Un análisis detallado realizado por S&P Global Platts Analytics ha confirmado que los campos venezolanos exhiben la mayor intensidad de carbono del mundo. El estudio califica estos yacimientos como "extremos" y subraya que su explotación es "difícil de justificar en un mundo con presupuestos de carbono ajustados", lo que subraya la debilidad competitiva del crudo venezolano en un mercado que progresivamente valora la sostenibilidad.
Cuadro 2. Comparación de la Calidad del Crudo
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Característica |
Crudo venezolano (Faja del Orinoco) |
Crudo Saudí (Ligero y Dulce) |
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Tipo |
Pesado y ácido |
Ligero y dulce |
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Consistencia |
Densa, similar al alquitrán |
Fluido, fácil de bombear y refinar |
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Azufre |
Alto (requiere procesos de hidrogenación intensivos) |
Bajo |
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Intensidad de carbono |
Extrema (Mayor huella por barril) |
Baja a moderada |
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Competitividad Climática |
Débil y altamente cuestionada |
Fuerte en un contexto de transición |
laboración propia, Fuente IPCC, AR6 Climate Change 2023
El Presupuesto de Carbono en Peligro y el Abandono de Compromisos
El IPCC ha sido inequívoco: el presupuesto de carbono restante es el factor limitante para la supervivencia climática. Con solo 250–300 GtCO₂ de margen antes de superar la barrera de 1,5 °C, y dado que las emisiones globales se mantienen cerca de 40 GtCO₂/año, el margen se agotaría en menos de siete años.
En este delicado contexto, las proyecciones indican que el plan de expansión petrolera en Venezuela podría consumir hasta un alarmante 13% del presupuesto global de carbono restante (según estimaciones citadas por FastBull en 2025).
Lejos de integrar restricciones climáticas a este nuevo auge, la administración Trump ha manifestado su desvinculación formal de los acuerdos internacionales clave. En 2026, Estados Unidos se retiró del Acuerdo de París, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el IPCC (reportado por El País en 2026). Esta decisión estratégica elimina de facto cualquier barrera o compromiso climático que pudiera frenar la explotación de la Faja del Orinoco, priorizando la seguridad energética y el beneficio económico inmediato sobre la estabilidad climática a largo plazo.
El boom petrolero impulsado por Estados Unidos en Venezuela se presenta, por lo tanto, como un gigantesco dilema: una oportunidad económica que promete restaurar la prosperidad venezolana y asegurar el suministro energético global, pero a costa de convertirse en un peligro climático que amenaza con acelerar el agotamiento del presupuesto de carbono.
Como lo resume el IPCC, "cada tonelada de CO₂ cuenta". En el caso del crudo venezolano, esta máxima adquiere un peso adicional: cada barril venezolano cuenta aún más, pues es, intrínsecamente, el más contaminante del planeta.
Ingeniero Forestal – Consultor Ambiental y Forestal- Especialista en Ecosistemas y medio ambiente - Project Management, Línea de Investigación: Economía Climática – Docente Universitario- Email AlvaroCarrera2@gmail.com - +584145656113