Cotidianas 2.0

Transición tutelada o nuevo consenso social

Miércoles, 14/01/2026 11:31 AM

Insisto, el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por parte del Gobierno de Estados Unidos es una acción brutal que no puede maquillarse ni justificarse. Marcó el inicio de una nueva etapa para el país, signada por la imposición externa. Un golpe de fuerza que pretende abrir paso a una transición tutelada sin horizonte claro ni rumbo definido. Lanza la población venezolana a un mar de incertidumbre.

La pretensión de Washington es instalar un modelo de colonización moderna, disfrazado de fases ordenadas y promesas de estabilización, pero en realidad se trata de un esquema que pretende despojar al país de su soberanía y colocarlo en una posición subordinada. Abriendo así, un proceso para el control geopolítico del hemisferio

En medio de este escenario, las decisiones internas, suspicazmente, se entrelazan con los anuncios de Donald Trump y Marcos Rubio sobre las supuestas tres fases del proceso, el reinicio de relaciones diplomáticas y los cambios dentro del Gobierno Nacional. Jorge Rodríguez anuncia una nueva arquitectura jurídica (8 nuevos códigos) que dibuja un Estado Nación nuevo, mientras el mercado del petróleo se convierte en el botín de negociación y la inflación junto con la dolarización de hecho golpean sin piedad a los trabajadores.

Todo esto configura un tablero donde las reglas no están claras y donde cada movimiento parece improvisado, como un combate de boxeo en el que los golpes llegan sin técnica y la población es impulsada a resistir sin protección.

En este contexto, preservar la Constitución Bolivariana de 1999 se convierte en un acto de resistencia y de afirmación soberana. No es un simple texto jurídico. Es el pacto fundacional que garantiza derechos intangibles, participación popular, soberanía sobre las Reservas Petroleras y el principio de autodeterminación. Renunciar a ella o permitir que sea arrasada por decretos de orden o imposiciones externas sería aceptar la disolución del marco que sostiene la vida política del país. La Constitución es el ring legítimo donde deben librarse las disputas, y su preservación es condición indispensable para cualquier desenlace que aspire a ser democrático y nacional.

El chavismo, por su parte, despliega una estrategia de sobrevivencia política en medio de la catástrofe. Busca mantener cohesión interna, reacomodar liderazgos y proyectar continuidad en un escenario adverso. Su narrativa se centra en la defensa de la Soberanía Nacional y en la denuncia de la intervención extranjera, mientras intenta conservar espacios de poder institucional y territorial. Es una estrategia de resistencia que combina pragmatismo y simbolismo, que apuesta a sobrevivir como fuerza política incluso en condiciones de tutela externa, y que se alimenta de la memoria de lucha y del vínculo con sectores populares que lo reconocen como referente de cambio y transformación.

La metáfora del boxeo nos recuerda que en toda clase es obligatorio demostrar los movimientos. En política, esa demostración es la transparencia y la pedagogía que hoy brillan por su ausencia. Una transición tutelada carece de monitores internos que animen y den sentido de pertenencia, que integren a la comunidad y fortalezcan la identidad colectiva. Sin esa guía, lo que se impone es más incertidumbre, más improvisación y más distancia entre el poder y la gente.

Venezuela no necesita una transición dictada desde afuera, necesita un rumbo propio, construido desde adentro, con legitimidad y participación popular. Porque cualquier salida que se pretenda imponer sin consenso social y político será apenas un espejismo. El país solo podrá encontrar sentido si se abre espacio de participación activa a todos los sectores de la sociedad. Trabajadores, empresarios, universidades, comunidades organizadas, movimientos sociales y todas las corrientes políticas sin miedo al pluralismo. Nadie destruye solo, pero tampoco se reconstruye solo. El futuro de Venezuela exige un "Nuevo Consenso Social y Político" que devuelva la voz a toda la sociedad y convierta la incertidumbre en proyecto colectivo para la Reconstrucción Nacional.

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