Aprendiendo a ver: Entrevista a Mauricio Rodríguez. Fotografía y humanidad

Miércoles, 12/04/2023 12:47 PM

Mauricio Rodríguez, fotografo

12 de abril de 2023.- La fotografía siempre me ha interesado. Desde pequeña, recuerdo atesorar aquellos momentos que sentía preciados, cuando revisaba los álbumes viejos de fotos familiares que mi mamá con tanto celo, resguardaba. Con el tiempo, comprendí el valor de la imagen como registro histórico, y a su vez, como placer y aliciente visual. Pese a que terminé estudiando Historia, lo cual me dio -creo yo- cierta dimensión sobre la comprensión de lo humano, la fotografía permaneció latente en mí, como un horizonte a seguir. Gracias a mi amiga Deimar Monsalve, llegué de acompañante a un estudio y escuela de fotografía hace algunos años, ubicada en el primer piso del Centro Comercial Mamayeya, en la ciudad de Mérida.

Ese día, conocí al profe (con cariño de amantes del arte) Mauricio Rodríguez. Caraqueño, pero amañado gocho desde los dos años. Me contó que contaba con diez años cuando comenzó a tomar foticos con una camarita que le había regalado una amiga de su padre. Sin embargo, no fue sino hasta después de muchas fotos desechedas en el olvido, cuando pudo percatarse, por referencia de otros -por amigos que colgaban sus fotos en las salas de sus casas, o que le pedían que fotografiara a sus hijos- del valor de su visión artística, de su ojo particular.

Para mi sorpresa, un diploma que luego vi colgado en la pared, de la Seattle University, me dio a entender que era abogado de profesión. Graduado en la ULA en el año 78, y en cuyo seno, aún hoy ejerce como profesor de la Facultad de Derecho. Amable y cordial, nos invitó esa vez, a pasar al Estudio Talbot. Nos dio un recorrido alegre por el recinto, haciéndose evidente que este singular espacio, había sido labrado con mucha pasión, pero sobretodo, que se cobijaba en una visión propia, sujeta en la pedagogía que rompe con los parámetros habituales. Me llamó la atención, la cantidad de libros sobre fotografía, sobre el arte y la historia del arte, que a bien copaban los dos salones principales, en estantes y mesas para el debate. Cámaras de todas épocas e instrumentos fotográficos, se apreciaban por doquier. Su trabajo dispuesto y organizado en la biblioteca, se prestaba a ser revisado y criticado por cualquiera. Y con un gusto que transmitía en la mirada y el gesto, el profe Mauricio, colocaba en tus manos alguna cámara de época o de antaño para que curiosearas, para que al tacto que busca explorar, se inciara el acercamiento a un enfoque diferente.

Esa vez, la conversación giró en torno a la búsqueda de lo propio a través de lo visual. Quedé prendada. Pero ni mi amiga ni yo, teníamos un centavo para poder costear curso alguno, aunque el profe no cobraba nada caro. Vivíamos la peor época de la crisis económica en el país. El profe nos motivó a seguir yendo, a hacer uso de la biblioteca, a debatir. Notó tal vez, nuestra sensibilidad. Al tiempo -no mucho- recibí un mensaje de texto, que decía algo así: "Adriana. Tengo disponibles dos cupos en mi curso. Uno para Usted y el otro para su amiga Deimar. Las espero". De allí en adelante, nos embarcamos en una experiencia que apreciamos mucho más profunda que dedicarnos a aprender a manejar una cámara fotográfica. Se percibía una revolución interna.

Hoy, vuelvo a Mérida, esta vez de paso, pero me encuentro con la grata sorpresa del saludo sincero de mi amigo Mauricio, y aprovechando la ocasión para la tertulia, tomé mi grabadora para compartir parte de las conversaciones que normalmente compartimos. Aquí les va un abreboca.

Adriana: ¿Qué es la fotografía?

Mauricio: Es como una adicción, una especie de droga que te hace buscar por aquí y por allá.

Adriana: ¿Por qué nace el concepto de la Escuela Talbot?

Mauricio: Eso proviene de lo más interno de uno. Explicarlo en palabras no es fácil. Se trata de brindar un curso como el que yo siempre quise tener. Yo me dediqué a estudiar mucho, pero me di cuenta de que todo aquello, ya yo lo hacía intuitivamente. Como el que aprende por oído. Y descubrí a grandes fotógrafos como Antolín Sánchez, Joaquín Cortés, Audio Cepeda, Paolo Gasparini. Y como me gusta dar clases, yo soñaba con jubilarme de la ULA y dedicarme a montar un tallercito de fotos. Al principio daba clases en la casa y después, tras hacer un curso de francés de 6 a 8 de la tarde, me vinculé a la Alianza Francesa y comencé a dar algunos talleres y organicé algunas exposiciones para los muchachos. Tenía mucho tiempo libre. Participé también en el colectivo, "Casa de la Fotografía de Mérida". La revista francesa Photo también publicó algunos de mis trabajos.

Adriana: ¿Algún proyecto visual?

Mauricio: A mí lo que me gusta es salir con la cámara y capturar lo que salga. Si hay paisaje, hago paisaje; si hay retrato, hago retrato. Con mucha espontaneidad. Sin buscar algo. Yo salgo a ver. Todo es espontáneo. Ahora, después de haber leído el concepto de arqueología fotográfica -creo que fue en Antonlín-, me he dedicado a buscar en los discos duro, las imágenes que uno tiene. Ya tengo 68 años y en un disco duro tengo millones de fotos y tengo tres o cuatro cajones de negativos. Me dedico a mirar atrás, el trabajo que he hecho. Salen cosas bonitas. Yo siempre le digo a los muchachos que nunca boten las fotos, porque una foto que a uno en el momento le parece muy mala, es buena; y una que le parece muy buena, entonces resulta que es una catástrofe. Entonces yo no boto nada.

Adriana: ¿Tiene algún conflicto con el paradigma de lo digital respecto de lo analógico?

Mauricio: No, para nada. Más bien, agradecimiento. El paradigma digital ha sido una gran ayuda. Pero no porque la cámara sea digital, van a salir mejores fotos.

Adriana: En algún momento mientras participaba de sus clases, usted mencionó un concepto que guardo cercano. Usted dijo, "para ser fotógrafo, hay que aprender a ver", ¿qué es eso de aprender a ver?

Mauricio: ¡Aprender a ver! Ayayay! Este principio surge inspirado en algo que leí en Antonio Machado, a quien mi padre, Carlos César Rodríguez, admiraba y estudiaba mucho, e incluso escribió un libro que se llama "El retrato de Antonio Machado". Bajo el nombre de Juan de Mairena, éste se pregunta al final de una prosa: "Niño, ¿dónde tienes los ojos? Aprende a ver". Y esto es lo que yo me he preguntado toda mi vida, ¿dónde tienes los ojos? Porque uno ve con estereotipos.

Adriana: ¿Entonces para aprender a ver hay que despojarse de los estereotipos?

Mauricio: Si.

Adriana: Pero, ¿y cómo se hace eso? ¿Cómo se aprende a ver?

Mauricio: Bueno, ver sin estereotipos es muy difícil. Porque llevar la vida bajo estereotipos es como ir en piloto automático, pero cuando uno rompe los estereotipos comienza a dudar, como a nadar contra corriente. Todos los grandes fotógrafos han dicho lo mismo, lo primero es liberarse de los estereotipos. De los buenos y de los malos. Porque los estereotipos son como verdades que no necesariamente son ciertas. ¡Ay! Pero, ¿cómo hace uno? El despojarse de los estereotipos es algo interno, es un proceso que no tiene mucha racionalidad, simplemente abrir la mente, y tratar de ver, como pasa con un cuadro abstracto. Al fondo, toda arte es un vehículo que transmite una emoción. Aunque no toda persona se emociona con el mismo producto. Es subjetivo.

Adriana: ¿Tiene la fotografía un rol de importancia en la sociedad?

Mauricio: Hay un libro del 2012 que se llama "La Fotografía lo cambia todo", una compilación de setenta ensayos o algo así. Allí se explica, por ejemplo, cómo un astrónomo sin cámara, no tendría telescopios. No habría televisión ni cine. Alguien dijo por allí, que la cámara es un invento tan importante como la agricultura.

Adriana: Si habría que hacer una valoración de la fotografía actual, ¿cuál sería?

Mauricio: Hay dos grandes etapas de democratización de la fotografía. La fotografía nace como exclusiva por ser costosa y laboriosa. Pero cuando la Kodak inventa el rollo fotográfico y la camarita, se despega el proceso de democratización de la foto porque cualquiera podía comprar una camarita, comprar un rollo. El slogan de la kodak era, "apunte y dispare que nosotros hacemos lo demás". El segundo gran momento de democratización, no es cuando aparece la cámara digital, como tal vez uno pudiera creer. No. Es cuando al teléfono celular se le incorpora una cámara. Entonces a partir de allí, todo el mundo se convierte en fotógrafo.

Adriana: ¿Y en un sentido artístico?

Mauricio: Yo no creo que exista el arte. Lo que existen son obras de arte. Es el hombre lo que la califica. Lo artístico es un adjetivo del hombre que califica. La materia con que se hace "arte" es lo que cambia; la tecnología. Como cuando aparece el óleo, o cuando aparece la cámara fotográfica hace menos de 200 años. En el 2039 se cumplen 200 años del nacimiento de la fotografía. Pero la danza, la música, tienen miles de años.

Adriana: Entonces, ¿fotógrafo es cualquier persona que disponga del instrumento para fotografiar?

Mauricio: hoy día yo hablaría de "hacedor de imágenes" más que de fotógrafo. Porque hoy día la intervención de la imagen se hace con mucha facilidad. Todo es válido. No hay estereotipos. A fin de cuentas, lo que importa es que la imagen transmita una emoción. Hacedor de imágenes entonces, porque una persona puede hacer imágenes con escaners, manipular imágenes de juegos de video. Capturarlas con la computadora. Hay imágenes en las que no hay cámara. Se capta la imagen con cualquier instrumento.

Adriana: ¿Desde cuándo existe la Escuela Talbot y qué le deja esta experiencia?

Mauricio: Desde hace cinco años. Ay, a veces me deja conflictos, pero no todo es naufragio. Hay mucha gente que uno ve que anda por ahí y que ve avanzar. En la escuela no sólo se trata de aprender los principios básicos para el manejo de la cámara, hay que leer. Es un despertar, es crear un contexto de aprendizaje donde cada quien se sienta cómodo, descubriéndose a sí mismo. Bueno, usted estuvo aquí, ¿no? El contexto de aprendizaje pretende la auto-revelación. Porque las técnicas las pueden conseguir en cualquier parte, Youtube, etc. Yo, por supuesto enseño a manejar la cámara pero no es el fundamento de lo que hacemos aquí.

La premura de las ocupaciones cortó nuestra tertulia que resumo en esta corta entrevista. De las clases con el Profe Mauricio, descubrí una forma para intentar ver lo sencillo de la vida y de los hombres, las contradicciones que se manifiestan a diario, para capturar precisamente eso, que es a fin de cuenta lo que tiene valor para mí en la búsqueda de un sentido a esto que llamamos vivir. Agradezco al profe Mauricio por su maravillosa labor y amistad. No sé si sigo siendo cegata, pero a algunos pasos, habré dado ya hacia la luz.

rodrifuentes.a@gmail.com

Instagram: adrianarodriguez496

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