Una biografía política de Simón Bolívar

Martes, 24/02/2026 05:46 AM

El historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy presentó en 2025 un nuevo libro, a mi juicio imprescindible, como todos los de este autor, titulado Él es la revolución. Biografía política de Simón Bolívar, con Monte Ávila Editores Latinoamericana y el Centro de Estudios Simón Bolívar. En 252 páginas, 14 capítulos, más prefacio, introducción, epílogo y bibliografía, presenta el autor una biografía breve pero enjundiosa de El Libertador.
 
Sergio Guerra Vilaboy, a quien recién pude conocer hace un par de años, y cuya obra he descubierto en el último año, es doctor de historia por la Universidad de Leipzig, Alemania, profesor titular y director del Departamento de Historia de la Universidad de La Habana, Cuba. Entre otras cosas, ha publicado: “El Dilema de la Independencia. Las luchas sociales en la emancipación latinoamericana (1790 - 1826)” (2000), “Miranda en Cuba: un capítulo decisivo” (2005), “Cubanacan, la nación imaginada. Derrotero de Soles y Rayos de Bolívar” (2024).
 
Como indica Sergio Guerra, “él es la revolución”, es la expresión sintética del temible mariscal español Pablo Morillo, que usó para describir a Bolívar luego que lo conociera personalmente el 27 de noviembre de 1820 para firmar el Armisticio y Regularización de la Guerra. La biografía política que propone es un repaso apretado de las fases de maduración del pensamiento político y social de Simón Bolívar, desde su juventud mantuana hasta convertirse en el “genio militar, brillante estadista y comprometido luchador social” en la plenitud de su vida, aunque acosado por enemigos y problemas insolubles para su época.
 
Lo importante de este libro, y lo que le permite hacer una sinopsis biográfica certera, es que adopta un método de análisis marxista alejándose de las tradicionales apologías. Este enfoque también permite eludir la trampa de las supuestas e inexistentes identidades nacionales pre independencia, y de la clase social criolla como supuesta constructora de esas naciones. Las historias basadas en enfoques chauvinistas y exaltaciones a las oligarquías nacionales no explican las contradicciones sociales reales, las largas y cruentas guerras civiles, el fracaso del proyecto bolivariano de unidad, tanto de Colombia como del Congreso de Panamá de 1826, ni los limitados alcances sociales y políticos de la post independencia.
 
Siento una gran satisfacción al encontrar en el libro de Sergio Guerra Vilaboy la confirmación de mis conclusiones generales en el libro Independencia hispanoamericana y lucha de clases, publicado por CLACSO-ALAS.
 
El enfoque que permite comprender el proceso que culminó en la independencia del sistema colonial español lleva en cuenta, en primer lugar, la existencia de clases sociales y cómo éstas fueron cambiando en sus opiniones y demandas políticas conforme evolucionaban los acontecimientos: los funcionarios del sistema monárquico absolutistas (miembros de las audiencias reales, altos militares y del alto clero), criollos (o mantuanos en la jerga venezolana) grandes propietarios de haciendas esclavistas y comerciantes, las castas (mestizos), indígenas y esclavizados.
 
Las etapas del proceso: 1808 - 1810, con la invasión napoleónica, la desaparición de la monarquía y la creación de la Junta de Sevilla; 1810 - 1811 o 1812, la creación de las Juntas Gubernativas y el inicio de la ruptura independentista (fase llamada de “la patria boba” en Colombia); 1813 - 1817, restauración del absolutismo con Fernando VII y derrota de los republicanos; nuevo auge revolucionario y crisis del sistema monárquico en América a partir de 1818 a 1826.
 
Este método permite comprender la política exterior inglesa, que entre 1808 y 1815 define a los monárquicos españoles como aliados, por lo cual no avalan los intentos independentistas en América y la fase posterior a la derrota de Napoleón cuando sus propios intereses comerciales los llevan a cambiar de bando y apoyar a los sectores independentistas de Hispanoamérica.
 
La primera realidad que hay que comprender es que, contrario a lo dicho en algunas “historias nacionales”, los criollos ni eran “ilustrados”, ni querían la independencia, pues temían que las ideas igualitaristas de la Revolución Francesa permearan en las sociedades que ellos dirigían con fuerza de trabajo esclava e indígenas en situación de servidumbre. Ya habían visto un anticipo en la Independencia de Haití (1804), y eso es lo que más temían.
 
Por eso, de 1808 a 1810, se oponen a la invasión francesa de España y a la monarquía modernizante que les propone José Bonaparte desde Madrid. Durante esa fase, al igual que en España, la independencia lo es contra Francia. Posteriormente, ante la desaparición de la Junta de Sevilla y el surgimiento del Consejo de Regencia, entre 1810 y 1814, la mayoría de los criollos se hicieron “juntistas” y no independentistas, es decir, querían Juntas Gubernativas en las que ser parte del poder político junto a los monárquicos absolutistas.
 
Fue la radicalidad con que los sectores absolutistas de la monarquía en América se opusieron a cualquiera reforma y a compartir el poder con los criollos lo que fue alimentando al sector más radical, originalmente intelectuales y militares de capas medias, que sí eran republicanos y que al principio el proceso eran una minoría.
 
Los mitos construidos por las “historias nacionalistas” pretenden que ya tenían preconcebida en su mente la idea de la independencia próceres como Hidalgo, al que inventan que dijo en El Grito de Dolores “Viva México”; y a Bolívar que en el Juramento del Monte Sacro (1805) ya tenía clara la idea de luchar por la independencia de Venezuela.
 
Contrario a las tradicionales apologías, el libro de Sergio Guerra V., nos muestra la evolución de un hombre que, como era lógico, empieza pensando igual que la clase a la que pertenecía, los mantuanos esclavistas, y va evolucionando conforme se radicaliza la situación y él se convierte en la figura central de la emancipación.  
 
Sobre el “juramento de Monte Sacro”, Sergio Guerra nos aclara que eso lo dijo Simón Rodríguez cuando ya era un viejo de 80 años, y Bolívar llevaba muerto buen tiempo. Si eso fuera cierto, dice Guerra, Bolívar habría sido un “precursor” como Francisco de Miranda y Antonio Nariño. Y luego cita una carta de Bolívar a un amigo en la que da opiniones negativas sobre la expedición de Miranda de 1806 para liberar a Venezuela que tuvo la oposición de la clase de los mantuanos (Págs. 25 - 26).
 
Otro aspecto clave del libro de Sergio Guerra V. es que demuestra que el fracaso, tanto de la primera como de la segunda república en Venezuela, se debió a la falta de un programa social que incorporara a los explotados, especialmente a los pardos y a los esclavos en la zona de Venezuela, así como de liberar a los indígenas de las cargas de la servidumbre en la zona andina. Esa situación permitió a las fuerzas realistas utilizar a los sectores más explotados de la sociedad contra quienes veían como sus enemigos de clase directos, los criollos, que encabezaban los primeros intentos independentistas.
 
Es en el exilio caribeño y en su relación con el presidente de Haití, Alexandre Petion, que Simón Bolívar comprende la importancia de relacionar la independencia y la república con la liberación de los esclavos. A partir de 1817, con la expedición de Los Cayos, Bolívar reiteradamente decretó la liberación de las personas esclavizadas, lo que le permitió sumarlos al ejército libertador y poco a poco cambiar la correlación de fuerzas.
 
Hay que aclarar que esta política fue reiteradamente saboteada por los criollos aliados de Bolívar en cada región y cada vez que fueron proclamadas las constituciones políticas (Angostura, Cúcuta, etc.), en Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia. El libro que reseñamos describe de manera brillante este proceso que derivó en unas independencias nacionales que castraron su programa social, con lo cual la sociedad surgida de la independencia cambió poco al respecto.
 
Esa es la causa de las guerras civiles que asolaron el continente a lo largo del siglo XIX, las cuales deben interpretarse como intentos por completar las revoluciones inconclusas de la independencia.
 
El sabotaje de los grandes propietarios y comerciantes no se quedó en el programa social soñado por Bolívar, sino que se extendió a sus intentos de forjar tanto estados nacionales grandes y poderosos como de lograr acuerdos políticos y militares para la defensa mutua (como en el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826).
 
Sergio Guerra muestra el pérfido papel de las clases criollas, desde los políticos corruptos aliados de Francisco de Paula Santander, en Bogotá, como de los latifundistas y comerciantes peruanos, para sabotear primero la Confederación de los Andes y luego la propia Colombia, inventando argumentos revestidos de apariencia “democrática” y “liberal” acusando a Bolívar de “dictador” y al ejército libertador y su oficialidad de supuestos delitos, para debilitarlo y disolverlo. Siendo que el ejército fue la única entidad de esas sociedades donde las castas pudieron aspirar al ascenso social y la participación política.
 
Los criollos, que nunca fueron ni consecuentes republicanos, ni independentistas, al final del proceso, lograron mediatizar la revolución social que fue parte esencial de la guerra civil que culminó en la Independencia. Como explicamos en nuestro libro (Independencia hispanoamericana y lucha de clases), se verificó el proceso del péndulo revolucionario (esquema utilizado para interpretar las revoluciones francesa y rusa) en que éste osciló de un extremo al otro para volver a un estado aparentemente inicial, pero no el mismo.
 
Como dice Sergio Guerra V., pese al sabotaje del programa social de la revolución bolivariana, nuestras sociedades de todas maneras habían cambiado, tanto en las mentalidades, como en las formas de gobierno y de explotación ya no fueron las mismas: la monarquía y los títulos nobiliarios desaparecieron, se estableció el sistema republicano, desaparecieron formas de explotación como la mita, y a la larga la esclavitud, así como la sociedad jerarquizada en el sistema de castas.
 
El legado de Simón Bolívar es claro, y su ejemplo perdura en las luchas que tenemos en este siglo XXI, por alcanzar esos dos objetivos finales que están entrelazados: la segunda Independencia (del imperialismo norteamericano) y la revolución social que elimine toda forma de explotación.
 
Panamá, 22 de febrero de 2026.
 
Bolívar
Credito: Olmedo Beluche

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