Queridos lectores, esta historia que escribo fue verdadera y sucedió tal como se las escribo a mi en persona.
En un pequeño pueblo rodeado de montañas, vivía Clara, una mujer conocida por su bondad y alegría. Cada día, iluminaba la vida de todos a su alrededor, pero un día el destino decidió llevarla a un lugar donde no podía seguir compartiendo su luz.
Apenas unos días después de su partida, una mañana tranquila, mientras yo observaba el paisaje desde mi ventana, noté algo inusual. Una mariposa azul, vibrante como el cielo despejado, danzaba en el aire. Su color era tan intenso que parecía brillar. Se posó suavemente en el alféizar de la ventana y me miró con sus delicadas alas que brillaban al sol.
De repente, sentí una corriente cálida que llenó la habitación. No era solo el viento; era un susurro familiar. Era Clara, y estaba aquí, manifestándose a través de esta hermosa mariposa. Su empatía y dulzura, características que siempre la definieron, se reflejaban en cada movimiento de la pequeña criatura.
"Hola", murmuró un eco suave que parecía provenir de la mariposa. "He venido a despedirme, aunque siempre estaré contigo."
Sintiéndome conmovido, me acerqué a la mariposa. Las lágrimas comenzaron a brillar en mis ojos mientras recordaba los momentos que habíamos compartido. "Te extraño tanto, Clara", le dije. "¿Por qué tuviste que irte?"
La mariposa aleteó suavemente, como si respondiera a mis lamentos. "Mi cuerpo ya no está aquí, pero mi esencia vive en cada rayo de sol, en cada flor que florece, y en tu corazón. Nuestra conexión nunca se romperá."
Entonces, la mariposa comenzó a volar, haciendo círculos alrededor de mi cabeza antes de regresar a la ventana. Con cada giro, las memorias de risas compartidas, lágrimas y confidencias llenaron el aire. Era como si danzara en un cielo lleno de recuerdos, recordando que la muerte no es el final, sino una transformación.
Finalmente, la mariposa se posó nuevamente en el alféizar y me miró una vez más. "No llores por mí. Celebrar nuestra amistad y vive con alegría. Estoy en paz". Con esas palabras, emprendió vuelo hacia el horizonte, desvaneciéndose en el azul del cielo.
Desde ese día, cada vez que veo una mariposa azul, siento que Clara está cerca, iluminando mis días con su risa y amor. He aprendido a vivir en honor a ella, recordando que aunque se haya ido físicamente, su alma siempre volará libre a mi lado, llena de luz y esperanza.
Espero que al leerla queden tan sorprendidos como yo, aquella tarde que apareció frente a mi ventana, aquella maravillosa mariposa azul.