En una república convulsionada, casi a mitad del siglo XIX, en el seno de una humilde familia caraqueña, nace el niño que en la piedra bautismal dan en llamar, como a su padre, Juan Antonio, es el 30 de enero de 1846, es el noveno hijo de Juan Antonio Pérez- Bonalde y de Gregoria Pereira Rubín. Caracas observa callada el nacimiento de este niño y su valle le brinda excelsa cuna que engalanan con su esplendor la llegada de quien luego será un gran escritor, uno de sus más excelsos poetas, aunque siempre se le verá como un viajero, que en su largo peregrinar llevara la voz, el recuerdo, la imagen de la patria querida.
La figura y la obra de Juan Antonio Pérez Bonalde está relacionada con una serie de hechos que impactan la vida cultural, histórica, social y política de nuestro país. El escritor venezolano es reconocido como uno de los grandes creadores en el campo de la poesía y de ser un brillante traductor, amén de ser un excelente articulista y ensayista. Es el reconocidísimo autor de Vuelta a la patria, Flor, Poema al Niágara y el gran traductor de la hermosa poesía de Enrique Heine y de Edgar Allan Poe, le catapulta como el más destacado creador de la más bella poesía y por su dilatado amor a la tierra que le vio nacer. Los finales de la lírica romántica y el nacimiento del modernismo literario ven el transitar creador del gran poeta caraqueño.
Por el significado e impacto de su excelsa obra marcada en Vuelta a la patria, el gobierno bolivariano creó el hermoso programa de asistencia a nuestros hermanos que, por la guerra económica, financiera y cognitiva, el bloqueo y las sanciones aplicadas ilegalmente por los Estados Unidos, fueron forzados a salir del país, y que en el exterior han sido objeto de malos y crueles tratos, señalamientos injustos, detenciones y encarcelamientos arbitrarios, o pasando penurias alejados de su familia, vienen retornando al país dentro del programa Vuelta a la Patria, con la misma emoción que nos muestra en su poesía y en su amor a sus seres queridos y a su a tierra, nuestro gran Juan Antonio Pérez Bonalde, a quien le rendimos justo reconocimiento a 180 años de su nacimiento.
La imagen y la poesía de Pérez Bonalde la llevamos en nuestros corazones, el busto (de mármol blanco, obra del escultor Lorenzo González) de la plaza que desde 1946 lleva su nombre en Catia nos revela el carisma, la convicción de este gran patriota que anduvo otros senderos fuera de su patria, trabajando afanosamente, formándose en la literatura y en los idiomas, conociendo muchísima gente, siendo uno de los venezolanos más cercanos al gran escritor, el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, de quien recibió gran homenaje en el prólogo que el cubano le escribió por una de sus obras Poema al Niágara en 1882. En el prólogo nos dice Martí:
¡El poema está en la naturaleza, madre de senos próvidos, esposa que jamás desama, oráculo que siempre responde, poeta de mil lenguas, maga que hace entender lo que no dice, consoladora que fortifica y embalsama! ¡Entre ahora el buen bardo del Niágara, que ha escrito un canto extraordinario y resplandeciente del poema inacabable de la naturaleza... ¡El poema del Niágara! Lo que el Niágara cuenta; las voces del torrente; los gemidos del alma humana; la majestad del alma universal… Mueven el alma de este poeta los afanes, las soledades, las amarguras, la aspiración del genio cantor.
Dando un vistazo a la amplia biografía de nuestro gran poeta, nos encontramos con estas interesantes facetas: formado en un hogar caraqueño muy humilde pero muy comprometido con su país. Allí recibe sus primeras letras el niño Juan Antonio, en su formación temprana se inicia en las lenguas extranjeras y en la música, percibe las luchas que se están librando por el poder del país diversas facciones políticas y las luchas del pueblo en búsqueda de muy nobles aspiraciones. Dentro del fragor de la Guerra Federal su familia decide emigrar a Puerto Rico y a la isla de Santo Tomás; ello en el año 1861. Es Juan Antonio un joven de 15 años que continúa su formación en Puerto Rico, en donde también ofrece clases de música. En Santo Tomás se emplea en las firmas Paulsen y Cia. y en Ball y Cia. Como tenedor de libros.
De su itinerario vital tomamos nota de los siguientes hechos: en 1864 al finalizar la guerra en Venezuela la familia de Pérez Bonalde regresa al país en donde presenciará con dolor, la muerte de su padre y también intensos brotes de violencia. Son los años en que el poeta participa en la Sociedad Patriótica y en la Unión Nacional. En este ambiente se entroniza la figura de Guzmán Blanco. quien en 1870 ocupa la presidencia del país. Pérez Bonalde elabora una sátira en contra de él, que interpretó un payaso y por ello se ve impelido a salir nuevamente del país. El poeta se establece en Nueva York, en esa ciudad comienza a laborar en la firma de perfumes "Lanman y Kemp-Barclay y Cia." En el área de publicidad, que le da la oportunidad de viajar para la divulgación de sus productos en América, Europa, Asia y África. En Nueva York recibe la noticia del fallecimiento de su madre. En 1873 viaja a Brasil y Uruguay.
Es en Nueva York en donde Pérez Bonalde va a desarrollar su más resaltante obra literaria. Es la época de la publicación de sus libros de poemas, Estrofas y Ritmos. En Estrofas, 1877, publica toda la creación poética hecha hasta ese momento, son 40 poemas, y entre otras encontramos allí Vuelta a la patria. En la publicación se incluye también la traducción hecha por él del poema de Heinrich Heine, Intermezzo lírico. Tiene un breve retorno en 1876 a Venezuela en donde da lectura a su gran poema. Tiene también una corta estancia en Europa. El 27 de noviembre de 1879 contrae matrimonio con la estadounidense Amanda Schoonmaker, quien en 1881 le dio una hija que bautizaron con el nombre de Flor, quien lamentablemente fallece en 1883, sumido él, en profundo dolor, en memoria de su hija, escribió las obras, Flor y Gloria in Excelsis. En 1883 publica su segundo libro con 35 poemas, se trata de Ritmos, en donde aparece su célebre "Canto al Niágara" En el año 1881 viaja de nuevo a Santo Tomás y a Cuba.
Dentro de su obra periodística resaltan sus artículos publicados en la Opinión Nacional de Caracas, allí se publicaron excelentes ensayos cuya sección recibió el nombre de Perfiles Contemporáneos en el año 1883, con trabajos en honor a Richard Wagner y Heinrich Heine. En 1884 visita Europa y en España es honrado con su designación como Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, además viaja al oriente. En 1885 publica la traducción de El Cancionero, original de Heine. Pérez Bonalde realiza una hermosa adaptación del alemán al castellano, poniendo de manifiesto los temas del amor, del dolor y el desarraigo. Ese trabajo contó con el reconocimiento de dos grandes críticos literarios, el español, Marcelino Menéndez Pelayo y del alemán, Johan Fastenrath. Se reconoce la excelencia de esta traducción. En 1887 publica la traducción del poema de Edgar Allan Poe, El cuervo, que fue publicado en Nueva York en 1887 y reeditado en Madrid en 1909 esta traducción está reconocida como de alta fidelidad poética y musicalidad del original. En 1888 enferma gravemente y permanece recluido en un hospital por un año.
En 1889, bajo la presidencia de Raimundo Andueza Palacio es llamado a colaborar con el gobierno. En esta vuelta a la patria nuestro gran poeta regresa en precarias condiciones de salud. El gobierno le había enviado a Europa en misión diplomática, misión que no pudo cumplir por las condiciones adversas a su salud. Buscando mejoría vive un tiempo en San Juan de los Morros y en La Guaira con graves padecimientos de hemiplejia que lo mantiene inmóvil, recibe las atenciones de su sobrina Carolina Tesdorpf Pérez Bonalde. Nuestro gran poeta nacional fallece en La Guaira el 4 octubre de 1892. En el año 1946, en su centenario, sus restos fueron llevados al Panteón Nacional.
El escritor merideño Gonzalo Picón Febres en 1906, dijo de Pérez Bonalde:
Brillante, gloriosa e inmortal es la figura de Juan Antonio Pérez Bonalde. Esa cabeza de pensador, de artista, de poeta, circundada de laureles, es una de las más excelsas cumbres de la literatura nacional. Amó la belleza con fervor, porque tuvo alto sentido de la estética, e hizo de la palabra humana un instrumento melodioso, porque poseyó los secretos que se necesitan para hacerla vibrar como una música sonora. Obra poética más grande, más sentida, más luminosa que la suya, ninguna en Venezuela. A veces tiene los resplandores del sol, a veces lo profundo del océano, ora el hondo sollozo, el grito desgarrado, el inmediato rugido del dolor.
Extractos de poemas de Pérez Bonalde.
Flor
Flor se llamaba, flor era ella,
flor de los valles en una palma,
flor de los cielos en una estrella,
flor de mi vida, flor de mi alma.
Era más suave que blanda arena,
era más pura que albor de luna,
y más amante que una paloma,
y más querida que la fortuna.
Eran sus ojos luz de mi idea,
su frente lecho de mis amores,
sus besos eran dulzura hiblea,
y sus abrazos collar de flores.
Vuelta a la patria
¡Tierra!, grita en la proa el navegante
y confusa y distante,
una línea indecisa
entre brumas y ondas se divisa;
poco a poco del seno
destacándose va del horizonte,
sobre el éter sereno,
la cumbre azul de un monte;
y así como el bajel se va acercando,
va extendiéndose el cerro
y unas formas extrañas va tomando;
formas que he visto cuando
soñaba con la dicha en mi destierro.
Ya la vista columbra
las riberas bordadas de palmares
y una brisa cargada con la esencia
de violetas silvestres y azahares,
en mi memoria alumbra
el recuerdo feliz de mi inocencia,
cuando pobre de años y pesares,
y rico de ilusiones y alegría,
bajo las palmas retozar solía
oyendo el arrullar de las palomas,
bebiendo luz y respirando aromas.
Poema al Niágara
IV SUB-UMBRA
¡Adelante, alma mía!
allí junto al peligro está la boca
de la sima profunda …
¡fe, valor, osadía!
ya el pie resbala en la musgosa roca,
ya la lluvia iracunda
me flagela la frente …
¡este es mi Sinaí relampagueante,
este es mi Oreb ardiente!…
¡Adelante! ¡Adelante!
¡Qué hermosa caverna!
¡Qué espantoso ruido! ¡Aquí tienen su nido
la oscuridad eterna,
el torbellino airado,
la fragorosa espuma,
el Aquilón helado,
la sofocante y cegadora bruma! …
¡Adelante! ¡adelante! ¡Allá en el fondo,
la sombra es más intensa,
el rugido más fuerte,
la atmósfera más densa
y más cerca al espíritu la muerte.
Allí, allí está el hondo
santuario en que se oculta
el dios de la terrible catarata!
¡Cómo llegar a él! … En arco enorme
que en el vórtice hirviente se sepulta,
sobre mi frente pálida, tendida,
cual bóveda de plata,
pasa la mole rápida y deforme
de la corriente al báratro impelida.
Bajo mis pies se escapa
la resbalosa peña
que sirve, artera, de engañosa capa
a la muerte en sus grietas escondida.
El vértice se adueña
de mi turbada mente …
¡un paso más … y terminó la vida!
Foto tomada por Wolfgang R. Vicent Vielma, Plaz Pérez Bonalde, Catia
Caracas, 28 de enero de 2026
Wolfgang R. Vicent Vielma. Licenciado en Geografía y Postgrado en Análisis de Datos en Ciencias Sociales. Jubilado de la Casa de Nuestra América José Martí. Profesor de la Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada.
Obras consultadas en la Biblioteca Nacional:
J. A. Pérez Bonalde. Estudio preliminar por Pedro Pablo Paredes (1964). Caracas: Academia Venezolana de la Lengua, 1964 Tomos 1 y 2
La literatura venezolana en el siglo XIX de Gonzalo Picón Febres. Caracas: Edicions de la Presidencia de la República, 1972
Poesías y traducciones (recopilación) de Juan Antonio Pérez Bonalde. Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación Nacional, 1947