José Martí: hijo de Bolívar, heredero de su antorcha

Miércoles, 28/01/2026 12:35 PM

José Martí es –sin duda- el continuador del Proyecto Bolivariano a finales del siglo XIX. Primero desde la palabra va gestando la resurrección del Libertador (Lourdes Ocampo Andina, 2012) proponiendo una mitología constituyente. Luego, como la crisálida, vive su propia metamorfosis catalizada por el amor infinito que siente por la libertad de su patria oprimida. De la tribuna y la reivindicación textual salta a la transfiguración del héroe que, habiéndolo invocado como referente inspirador, lo encarna a todo riesgo poniendo el pecho ejemplar en los combates que anunciaban una lucha más compleja y prolongada. He allí la vigencia del pensamiento, del ejemplo, de la dignidad, de estos prohombres de la gesta emancipadora de nuestra Abya Yala.

El legado heroico y literario de Martí bien podría calificarse como la excelsa continuación de las aspiraciones ciudadanas del Libertador. La vigencia del bolivarianismo como Doctrina de la emancipación latinoamericana y caribeña, se demuestra en la continuidad que le dieron los más preclaros revolucionarios de todos los tiempos, cada cual con sus aportes y especificidades. Es el caso del cubano José Martí, el más aventajado continuador del bolivarianismo a finales del siglo XIX.

Nos invitaba a amar a Bolívar como un padre, a rendirle honores más allá de los escollos, a materializar su proyecto inconcluso para nuestros pueblos. Martí oficia sobre el agradecimiento a los próceres como elixir de la construcción de ciudadanías patrióticas en un continente acechado por opresores foráneos.

El ideario de Martí es una antorcha viva iluminando entre las penumbras que imponían el agonizante Imperio Hispano y el gestante engendro imperialista de Norteamérica: "Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos". (Patria, Nueva York, 22 de septiembre de 1894)

Según Francisco Pividal, José Martí "tomó en sus manos toda la carga histórica de Latinoamérica para continuar, con mayor profundidad y radicalización la obra de Bolívar: pensamiento precursor del antiimperialismo".

Las ideas bolivarianas fundamentales de independencia, soberanía, fuerza moral, justicia social, libertades públicas, todas ellas forman una fértil amalgama en el pensamiento político martiano. Lo mismo ocurre con la estrategia de la unidad latinoamericana y caribeña como medida de aseguramiento de la estabilidad de nuestras repúblicas, y con todas las expresiones de un humanismo que, al decir de Pablo Guadarrama, adquiere carácter práctico en "el heroico ejemplo personal".

Sobre la convocatoria del Congreso de Panamá, dijo Martí: "Uno de los sueños más hermosos y visionarios de Bolívar fue la unión de los países hispanoamericanos independizados en una gran confederación de Estados. Para él, esa era la única vía que podía mantener la invulnerabilidad de la independencia alcanzada frente a los apetitos imperiales de la época, sobre todo frente a los que ya se veían venir desde el Norte".

A propósito del desdén de los Estados Unidos por nuestras luchas de independencia, en 1889 escribía Martí: "No fue nunca la de Norte América, ni aun en los descuidos generosos de la juventud, aquella libertad humana y comunicativa que echa a los pueblos, por sobre montes de nieve, a redimir un pueblo hermano, o los induce a morir en haces, sonriendo bajo la cuchilla, hasta que la especie se pueda guiar por los caminos de la redención con la luz de la hecatombe. Del holandés mercader, del alemán egoísta, y del inglés dominador, se amasó con la levadura del ayuntamiento señorial, el pueblo que no vio crimen en dejar a una masa de hombres, con pretexto de la ignorancia en que la mantenían, bajo la esclavitud de los que se resistían a ser esclavos."

Martí redondeó su pensamiento antiimperialista en un artículo publicado en 1889 en La Nación de Buenos Aires, relacionado con el panamericanismo y el libre comercio propuesto por Washington: "Jamás hubo en la América, de la Independencia para acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder…De la tiranía de España supo salvarse la América española, y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia."

Una tarea en la que aún estamos empeñados, y que el gran pensador ecuatoriano José Peralta nos señala sin ambages en su clarísima comprensión del fenómeno imperialista estadounidense: "En un Congreso Panamericano se condenó con solemnidad y unánimemente, el llamado derecho de conquista; la anexión de territorios por medio de la violencia; la intervención en los negocios domésticos de un país. Y no pasó mucho sin que la República dechado hollase tan sabias como justas resoluciones, en pueblos indefensos, a los que había invitado -como por sarcasmo- al Congreso que las expidió con mundial aplauso. ¿Cómo dar crédito a las repetidas declaraciones de los pacifistas de aquella nación falaz y artera? ¿Cómo soñar en la unión con una potencia que no medita sino esclaviza a sus hermanas? El Panamericanismo es imposible; y de ser hacedero, equivaldría al suicidio de la raza latinoamericana."

La obra de José Martí, de una belleza lírica conmovedora, abarcó por igual la prosa y la poesía, que frecuentemente se mezclan en su discurso profundamente humanista y antiimperialista, como en esta carta premonitoria que es pieza obligada de la antología martiana: "Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por la Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso…Viví en el monstruo y le conozco las entrañas, y mi honda es la de David." (Carta a Manuel Mercado, Campamento de Dos Ríos, mayo 18 de 1895)

El 19 de mayo cayó combatiendo por Cuba y Nuestra América, pero también por una mejor humanidad que se encaminara a una vida digna del colectivo social, inspirada en los más sublimes valores de la épica, la estética y la ética que alimentan la utopía revolucionaria.

Lo advertía constantemente porque sabía que no bastaba tener la razón histórica, sino que ésta habría que arrancarla de las fauces de unos imperios moribundos –como el español- y otros jóvenes, impulsivos y avaros, como el anglosajón que Bolívar pronosticó en su testamento antiimperialista guayaquileño del 5 de agosto de 1829: "Los Estados Unidos que parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la Libertad".

Martí por su parte, como sabio estudioso de la Historia, sabía que: "Los grandes derechos no se compran con lágrimas, -sino con sangre…Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila", exponía el 24 de enero de 1880, New York, y en perfecta correspondencia con ese compromiso jurado, empalma su promesa con la herencia bolivariana que considera sagrada: "impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso".

Fue Fidel Castro quien dijo en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela el 3 de febrero de 1999 que "Martí no sólo era martiano, sino que era aún más bolivariano que martiano"

Había llegado a Caracas, 21 de enero de 1881, donde desarrolló un torbellino de actividades, fundando la Revista Venezolana el 1° de julio de ese año, pudiendo apenas editar un solo número, por haber sido expulsado por el gobierno de Guzmán Blanco el 27 de julio. Las razones: su elogio a Cecilio Acosta, quien era su gran amigo y odiado adversario de Guzmán.

Martí tiene la más alta valoración de Bolívar, que en Caracas se le brota como sentimiento conmovedor de patriotismo y amor filial. El 21 de marzo de 1881 pronuncia su discurso en el Club del Comercio: "busqué en torno mío la montaña más alta de los Andes, como si allá sobre la más alta cresta…debiera reposar nuestro gigante, como mensaje, el más enérgico que pudiera enviar la tierra al cielo".

Se refiere a sí mismo como "el peregrino humilde" que invoca el "derecho del asilo", pero que realmente viene en "busca de su solar nativo y pueblo propio". Le habla a las venezolanas y venezolanos a quienes considera "hijos de Bolívar, sus primogénitos, sus herederos obligados, los ejecutores de su voluntad".

Martí se hermana con la herencia bolivariana, desea integrarse a esa familia que ya abrazó como suya; dice: "luché en mi patria y fui vencido", como buscando consuelo en la tierra que parió al Libertador, a la que ofrece volver con los triunfos para ofrendar "en el altar del Padre Americano, el fruto de nuestra redención y el brillo y el honor de nuestra historia".

La prosa del Apóstol de Cuba se sublimiza en la entrega emocionada de sus más altruistas ideales: "Así armado de amor, vengo a ocupar mi puesto humilde en la urgentísima batalla; a ungir vengo mi frente en este aire sagrado, cargado de las sales del mar libre, y del espíritu potente e inspirador de hombres egregios, a pedir vengo a los hijos de Bolívar un puesto en la milicia de la paz".

Martí se asume hijo de Bolívar; afirma en la Edad de Oro en julio de 1889: "todos los americanos deben querer a Bolívar como un padre". Le habla a las niñas y los niños esperando sembrar la semilla futurista de un continente redimido: "Jamás se peleó tanto, ni se peleó mejor, en el mundo por la libertad. Bolívar no defendió con tanto fuego el derecho de los hombres a gobernarse por sí mismos, como el derecho de América a ser libre. Bolívar murió de pesar del corazón, más que de mal del cuerpo…Murió pobre, y dejó una familia de pueblos".

"El corazón se llena de ternura al pensar en esos gigantescos fundadores. Esos son héroes; los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad. Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales." Vale anotar un paréntesis que viene como jalado por los hilos del espíritu común: "La ambición de las naciones de Europa lleva el yugo y la esclavitud a las demás partes del mundo…".

El bolivarianismo de Martí se explaya en todas las direcciones, bien como militante de la emancipación continental, bien como solidario servidor de Venezuela: "De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, ésta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles; ni de su cuna reniegan hijos fieles. Deme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo."

Se va a New York. Agosto a octubre de 1889 publica su revista La Edad de Oro. Luego viene Nuestra América, en 1891. En agosto publican Versos Sencillos, escritos un año antes. Crea el Partido Revolucionario Cubano con exiliados en Tampa y Cayo Hueso a comienzos (5 de enero) de 1892. El 10 de abril es fundado oficialmente el PRC. Surge el periódico Patria el 14 de marzo. El 25 suscribe el Manifiesto de Montecristi con Máximo Gómez

Los desenlaces fatales fueron veloces. Campamento de Dos Ríos. A Manuel Mercado: "Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir: ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y orgullo y obligación: ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo – de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin (...)".

La gesta y obra martiana, vive muy intensamente en las luchas contemporáneas del pueblo cubano, y es un ingrediente insustituible en el pensamiento emancipador latinoamericano y caribeño, como contribución enriquecedora al humanismo bolivariano del siglo XXI, antiimperialista, igualitario y democrático-popular.

Sirvan las palabras de Fidel, para resumir la más exacta explicación del significado histórico de José Martí: "Martí nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo. En su prédica revolucionaria estaba el fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada. Por eso dijimos que él fue el autor intelectual del 26 de Julio".

Eso lo dijo el Comandante en Jefe el 26 de julio de 1973, y siguen siendo enseñanzas irrenunciables del tesoro más grande que tenemos en América Latina y el Caribe: nuestra Historia Rebelde de Resistencia y Dignidad Irreductible.

En ese proceso de continuidad de la liberación latinoamericana, el papel de Martí destaca como continuador de Simón Bolívar, al que revivió y revalorizó con tal entrega, enriqueciéndolo con sus propios aportes invaluables, y ofrendando su existencia material a la inmortalidad donde se fundieron sus legados para una nueva -y mejor- humanidad.

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