Ese día Caracas era acariciada con su frío mañanero, aun cuando todos los caraqueños, se la pasaron llenos de expectativas y con el alma ardiéndoles, por los sucesos que hubiesen de desarrollarse en medios de grandes y apasionados debates, por la libertad americana hasta bien entrada la noche.
Ese 5 de Julio de 1811, representantes de las provincias adscritas a la Capitanía General de Venezuela, después de arduas deliberaciones, se convocaron a la Capilla Santa Rosa de Lima, para dejar su huella en la historia; a través de lo que a partir de ese momento, conoceríamos como el Acta de la Independencia.
Todos los convocados ese día, se habían nutrido de las ideas derivadas del proceso revolucionario francés, y de la revolución de independencia de los Estados Unidos; las cuales penetraron en la Capitanía General, con los papeles del Archivo de Miranda, y por las andanzas conspirativas, que otro venezolanos ya con antelación venían realizando con fervor patriótico.
Con todo ese arsenal de ideas, los conjurados fundadores de la República, participaron en la rebelión del 19 de abril de 1810; conformaron el nuevo gobierno de Caracas en sustitución del anterior régimen; organizaron y participaron en la elección de los Diputados al Congreso General de las Provincias de dicha Capitanía a partir de junio de 1810; declararon solemnemente la Independencia el 5 de julio de 1811; y redactaron la Constitución Federal de los Estados de Venezuela.
He allí el origen y fuente permanente de nuestra férrea voluntad civilista y democrática. Al decir verdad; nuestra historia, por muchos períodos ha estado bajo el dominio de regímenes militaristas, como el que hoy impera en el pais; pero siempre ha prevalecido en la conciencia de nuestro pueblo, la herencia dejada por hombres de la talla de Juan Germán Roscio, Francisco Miranda, Andrés Bello, Francisco Javier Ustáriz, Miguel José Sanz, Francisco Iznardi, quienes aquél 5 de Julio decretaron nuestra independencia del dominio español.
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