Porque Rusia mantiene activo un sistema que que ningún otra potencia atrevería a crear: Dead Hand, un mecanismo automático de represalia nuclear pensado para ejecutar el fin del mundo sin intervención humana. Sus sensores distribuidos por todo e país detectan radiación, explosiones, presión y temperatura. Si ocurre un ataque masivo y el mando central ruso deja de responder durante minutos, el sistema interpreta una sola cosa: que Rusia ha sido aniquilada y entonces actúa por su cuenta. Sin Putin, sin generales, sin códigos finales.
Dead Hand lanza miles de ojivas, más de 5.000, directo hacia Estados Unidos y otras potencias occidentales.
Ningún país sobrevive. Eso es a destrucción mutua garantizada.
Una garantía macabra que mantiene el equilibrio del mundo.