Experimentar o percibir otras realidades

Consciencia y Utopía /Las voces del silencio

Jueves, 19/02/2026 05:11 AM

Fue un sueño. Muy lúcido. Estaba en un espacio muy amplio, parecido a un anfiteatro o auditórium. Tapizado de madera marrón, bellamente tallada y pulida. El techo de color blanco, con grandes lámparas de cristal. Al fondo, muchas luces de diferentes colores, como si fuese un arcoíris dentro de un teatro. Había muchos sillones, muy cómodos, de color azul índigo y todos estaban ocupados. Muchas personas, todas sonriendo. Todas parecían muy contentas. Yo estaba allí, en la segunda fila, muy alegre. Pude reconocer, que también estaban mi madre y mi tío Eldo (ambos ya no estaban en este plano, habían partido hacia otro paisaje), muy jóvenes, mirando hacia todas direcciones y sonriendo. Del mismo modo, reconocí a mi hermano César y a mi nieta Violeta, (quienes aún vivencian este plano dimensional), igualmente sonrientes. Me llamó la atención que Violeta no era una niña, era una joven muy hermosa, estaba sentada justamente a mi lado.

Asistíamos a una conferencia o algo así. Un ser con una apariencia de paz, armonía, serenidad y una expresión de vivaz sabiduría, apareció en el estrado. Sonreía. Seguidamente comenzó a comunicarse con todos los que allí estábamos presentes. Pero, su comunicación no era a través del lenguaje de voces, convencionalmente utilizada por los seres humanos. Yo percibía, que lo que nos comunicaba, aparecía en nuestras mentes de una manera fácilmente comprensible. Esto es lo que recuerdo, una vez que desperté de ese mágico sueño:

En esos mundos de tercera dimensión, donde la energía se densifica para experimentar o percibir otras realidades, la esencia del ser, individualizada en formas que juegan o participan en una obra de teatro, utilizando para ello el tiempo y el espacio, vivencian la alegría, la tristeza, la paz, la violencia, el miedo, la ternura y toda expresión posible, dentro de las probabilidades que inventa el creador del juego o la obra.

La esencia, ocupa un cuerpo o avatar que puede percibir, pensar, desear y sentir todo tipo de sensaciones. Y la esencia, como avatar, puede entonces experimentar aquello que le permite vivenciar el todo para llegar a ser nada.

Quien siente el miedo, la tristeza, el dolor, el sufrimiento, la alegría, la paz, el placer, es el avatar. La esencia solo contempla las vivencias y aventuras de su avatar, quien llega a crear una imagen de sí mismo, fraccionando todo lo que vive, creando la dualidad, lo de él, lo del otro. Busca seguridad y crea un Dios, una tribu, naciones, ideologías, estados, grupos, lo cual permite que emerjan los sistemas de creencias, el nacionalismo, los grupos políticos, religiosos y culturales, dependientes del pensamiento, o más bien, del yo construido por el avatar. Pero, la seguridad buscada y la diferenciación de grupos, genera conflictos y esto es el origen de las guerras. Cada grupo busca salir del conflicto con más guerra; y por supuesto, siempre será un mundo en permanente guerra. Es el mundo del avatar. Un mundo que no es real. Es una ficción que crea la esencia, para experimentarse y contemplarse a sí misma. Es un juego, una obra de teatro donde cada individualización juega o actúa. ¿Y cuál es el propósito del juego o la trama? Llegar a darse cuenta que es un juego o un acto teatral, en el cual, la esencia o consciencia absoluta, se individualiza en formas pasajeras, para llegar a ser lo que no es.

Los que asisten a este evento ahora no están en el avatar. Unos han venido acá en sueños, mientras el avatar duerme, otros, a través de lo que llaman muerte, se han desprendido del avatar, y en función de sus infinitas posibilidades de crear, experimentan otro juego de mayor nivel de amor, más cercano a la esencia o a la nada o planifican retornar a mundos de tercera dimensión, ya, para seguir experimentando otros niveles de ese juego o para ayudar a otros a darse cuenta de la obra de teatro en la que están actuando, adormecidos por el avatar.

El ser que nos comunicaba todo eso, nos invitó a observar a otros seres que preparaban unas peceras o acuarios didácticos, de cristal muy transparentemente, coloreado y luminoso.

Preparaban con gran dedicación todo el interior del acuario, con piedras y algas de bonitas formas y colores. Igualmente, dosificaban el agua con otras sustancias, utilizando una especie de tubos de ensayo. Luego soltaron peces de diferentes colores, muy hermosos, los cuales empezaron a moverse, inicialmente con precaución e incertidumbre, hasta que armoniosamente, se sintieron seguros en ese ambiente, pareciendo que danzaban, adaptados a ese escenario.

El ser que inicialmente se había comunicado, nos observó con detenimiento sabio y sonriendo nos anunció:

El acuario es el mundo de las formas o avatares, quienes se van adaptando al espacio y al tiempo, olvidando que son la expresión simbólica o imagen de la esencia que diseñó y preparó el acuario. La nada contemplándose desde el todo. El Ser dándose cuenta que Es, desde el no ser…

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