Alrededor de un frenópata

Lunes, 16/02/2026 09:27 PM

El eje del mundo es un frenópata. El mundo parece al borde del estallido. Un presidente desequilibrado al frente de Estados Unidos ha puesto en marcha una convulsión que enturbia cualquier intento de razonamiento sereno del resto de las naciones. La elocuencia sin prudencia ni sabiduría no es elocuencia, y menos liderazgo: es pura charlatanería. Y esa verbosidad inflamatoria eleva la tensión del globo por momentos.

Ese dirigente, al mando —todavía— de la mayor potencia armamentística del planeta, insiste en que la seguridad de su país está amenazada. Se presenta como acorralado por peligros difusos, casi fantasmales, mientras son muchos los pueblos que tiemblan no ya por sus palabras, sino por decisiones concretas. Ha intervenido de facto en Venezuela y se ha apoderado de la nación sin que mediara un disparo por parte del país; ha asfixiado a la población de Cuba, privándola de su casi único recurso —el turismo— al bloquearle el combustible e intimidar a quienes pudieran suministrárselo. Ha enarbolado motivos ridículos en su intento de adueñarse de Groenlandia, terminando por decir infantilmente "¡ya no la quiero¡" Ahora es Irán su punto de mira. No deja al mundo en paz. Son gentes estas que se aburren, que lo han probado todo y les excita la guerra en la que de ningún modo van a estar ellas…

En mi pueblo se dice que un loco hace ciento. Cuando el desvarío se instala en el centro del poder mundial y nadie parece capaz de ponerle freno, el efecto dominó es inevitable. Las naciones se sienten compelidas a rearmarse. Alexander Lukashenko presidente de Bielorusia, amenaza con armas nucleares, invocando a su vez la inseguridad que percibe. Aunque no lo haga explicito, a todas luces esa inseguridad proviene de la White House.

China, una nación históricamente pacífica, ahora potencia que basa su ascenso en la estabilidad y el comercio, se prepara para escenarios de confrontación. Rusia, desgastada por la guerra en Ucrania, no puede ignorar las continuas bravuconadas de quien ha sustituido el derecho internacional por la ley del más fuerte —esa constante sombría que atraviesa la historia humana.

Cuando la arbitrariedad se normaliza en la cúspide del poder, el mundo entero se vuelve rehén de un temperamento. Y entonces ya no hablamos de geopolítica, sino de algo más inquietante: la fragilidad de la paz sometida al capricho y disparates de un solo hombre.

Pero lo verdaderamente alarmante no es la excentricidad de un individuo, sino la pasividad de quienes deberían contenerlo. Porque la perversidad y la locura de quienes comandan las naciones son más disculpables que la pasividad de quienes las consienten: el propio pueblo estadounidense y luego las instituciones internacionales que se proclaman garantes del orden global callan o calculan. Ni el uno ni las otras hacen nada para removerlo del poder. De este modo, nos encontramos en una etapa peligrosa de la normalización del abuso.

Pues no estamos ante un episodio de retórica exaltada. Estamos ante la erosión consciente de las reglas que, con todos sus defectos de ineficacia, han evitado durante décadas el choque frontal entre potencias nucleares. Pero si el poder de máxima potencia se convierte en capricho e incluso el capricho en doctrina, el planeta entero queda a merced de un temperamento inestable y desquiciado.

Jaime Richart

16 Febrero 2026

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