¿Chavismo sin Chávez y Maduro? El dilema de la supervivencia sistémica

Viernes, 13/02/2026 03:34 PM

La ciencia política clásica suele sostener que los movimientos personalistas tienden a la fragmentación o la disolución cuando su líder carismático desaparece de la escena. Sin embargo, Venezuela en 2026 está desafiando los manuales. Con el fundador, Hugo Chávez, fallecido hace más de una década, y el sucesor, Nicolás Maduro, fuera del ejercicio físico del poder tras su secuestro y traslado ilegal a Estados Unidos en enero de este año, el país se enfrenta a una pregunta inédita: ¿Puede el chavismo sobrevivir como un sistema de cuadros y no de caudillos?

Sociológicamente, el chavismo ha pasado de ser un movimiento de "fe en el líder" a una estructura de intereses y supervivencia mutua. La actual administración transitoria, liderada por la presidenta encargada Delcy Rodríguez junto a su hermano Jorge Rodríguez (desde la Asamblea Nacional), representa la consolidación de una "burocracia pragmática".

A diferencia del carisma volcánico de Chávez o el estilo de resistencia de Maduro, los hermanos Rodríguez operan bajo una lógica de "resiliencia institucional". Su control sobre el aparato del Estado y el Consejo Nacional Electoral (CNE) busca proyectar una imagen de normalidad y continuidad legalista que intenta seducir a ciertos sectores de la comunidad internacional y estabilizar el frente interno.

El análisis de sistemas de partidos nos indica que el PSUV no es solo un partido, sino una coalición de bloques de poder. Mientras los Rodríguez manejan la cara diplomática y administrativa, Diosdado Cabello permanece como el garante de la cohesión interna y el control territorial a través del aparato de seguridad.

Esta bicefalia o triunvirato, si sumamos la influencia de Jorge desde el legislativo, ha evitado la implosión que muchos vaticinaban. La "unidad" no es necesariamente afectiva, sino estratégica: saben que la desunión en este escenario de presión externa (tras la operación "Determinación Absoluta") equivaldría al colapso total de la élite gobernante.

Resulta paradójico, pero comprensible desde la sociología del comportamiento electoral, que algunas proyecciones sugieran una base de apoyo resiliente para el chavismo en un escenario de elecciones inmediatas. Los factores son múltiples:

La fragmentación opositora: A pesar del liderazgo de figuras como María Corina Machado, (que no está muy bien en las encuestas) el sistema de partidos opositor ha enfrentado dificultades para articular una ruta clara ante la nueva realidad institucional de 2026.

El nacionalismo reactivo: La captura de Maduro por fuerzas extranjeras ha permitido al PSUV desempolvar el discurso del "antiimperialismo", aglutinando a una base que, aunque crítica con la gestión económica, rechaza la intervención externa.

El chavismo sin sus dos grandes figuras referenciales está intentando demostrar que es un sistema capaz de funcionar por inercia y control técnico. Si el grupo de los Rodríguez logra normalizar la relación con los actores económicos internacionales y mantener la unidad popular – policial - militar, podríamos estar ante el nacimiento de un modelo de "autoritarismo burocrático" post-carismático.

La gran incógnita es si el pueblo venezolano aceptará un "madurismo sin Maduro" o si la ausencia física del líder será el catalizador definitivo para una transición que, por ahora no parece viable, ya que el chavismo sigue apareciendo como la primera fuerza política y mejor organizada del país.


 

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