Reflexiones

Morir de mengua: El naufrágio del derecho a la vida en Venezuela

Jueves, 12/02/2026 01:00 AM

"No puede ser que la gente pobre se tenga que morir de mengua".
 
Así titulé, hace ya 17 años, unas reflexiones a propósito de la gestión de salud en
el estado Portuguesa (2000-2008). En aquel entonces, sostenía una convicción que
hoy defiendo con más urgencia que nunca: un gobierno que se pretenda humanista
no puede permitir que un ciudadano con cáncer o una afección cardíaca fallezca
por no poder costear su tratamiento. El Estado debe responder siempre; la salud no
puede ser un "resuélvase quien pueda".
 
El derecho que se volvió privilegio
 
En 2008, mi mensaje iba dirigido a un proyecto nacional que se fundamentaba en
la Constitución de 1999. El Artículo 83 es taxativo: “La salud es un derecho social
fundamental, obligación del Estado que lo garantizará como parte del derecho a la
vida”.
 
Durante nuestra gestión en Portuguesa, no sólo cumplimos la ley, sino que
demostramos que nuestros hospitales podían prestar atención de calidad.
Implementamos una política integral, oportuna y gratuita. Logramos hitos que hoy
parecen inalcanzables: realizamos trasplantes de riñón y equipamos unidades de
diálisis y nefrología de vanguardia. Además, construimos y dotamos un quirófano
para hacer trasplante de riñón de vivo a vivo. Instalamos dos unidades de oncología
con exámenes de despistaje y quimioterapias completamente gratuito. Creamos un
banco de marcapasos en nuestra unidad de cardiología…. No fue un milagro de
abundancia, fue un ejercicio de prioridades éticas.
 
El cáncer de la discontinuidad administrativa
 
Lamentablemente, en Venezuela la mezquindad suele imponerse a la eficiencia.
Padecemos un mal crónico: cada gobernante pretende refundar el mundo desde su
"personalismo", ignorando el principio de continuidad administrativa. Se olvidan
de que las instituciones deben trascender a los individuos. El mantenimiento
preventivo y correctivo pareciera reservarse sólo para las clínicas privadas.
Hoy, 11 de febrero de 2026, el panorama es desolador. Cuando la enfermedad toca
a la puerta de una familia venezolana, comienza el calvario de las vendimias, las
rifas y la caridad pública. Y que nadie pretenda excusarse bajo el argumento de la
falta de recursos; en Portuguesa atendimos a la gente sin despilfarros, sin lujos
públicos y sin enriquecimientos súbitos. La diferencia no estaba en el flujo de caja,
sino en la ausencia de corrupción.
 
La agonía en cifras: Relatos de la resistencia
 
La realidad tiene rostros y nombres.
 
El caso del docente jubilado: Un familiar cercano, tras toda una vida dedicada a
la educación, detectó un tumor en su corazón en diciembre de 2024. Su sueldo es
insuficiente y su seguro inexistente. Para operarse en un hospital público, debió
recaudar 15,000 dólares para insumos básicos, incluyendo desinfectante para el
quirófano. A última hora, el hospital no contaba con desfibrilador ni sonda
intraesofágica, sumando 1,300 dólares adicionales de alquiler. Lleva meses en
reposo absoluto, rogándole a Dios que su corazón resista mientras espera.
 
El mercado del marcapasos: En noviembre de 2025, una emergencia cardíaca en
Portuguesa obligó a una familia a vender sus bienes para reunir 5,400 dólares entre
el equipo y la clínica privada, ante la inoperancia del sistema público.
 
El costo del cáncer: Un amigo con cáncer de próstata enfrenta hoy un presupuesto
de 3,000 dólares en radioterapias y 5,000 dólares para una cirugía vital.
 
¿Cuántas familias en Portuguesa o en cualquier rincón del país disponen de esas
sumas con la premura que exige una emergencia?
 
Una advertencia para el presente y el futuro
 
Si el Estado no cumple con la Constitución, la mayoría de los venezolanos están
condenados. Este reclamo no es solo para quienes hoy gobiernan y han preferido
ser servidos antes que servir; es también para quienes aspiran a gobernar desde la
oposición. El poder del voto no debe ser un cheque en blanco para el olvido.
 
Hago un llamado a la Contraloría Social. No podemos permitir que la historia se
repita. La salud no es una mercancía ni una dádiva de campaña; es el cimiento
sobre el cual se construye la dignidad de una nación. No es posible, no es justo, y
no debe ser que nuestra gente siga muriendo de mengua.
 
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