Una cita concertada al Consulado de Venezuela en Barcelona

Lunes, 09/02/2026 04:44 PM

 
¡Qué imperio, ni qué imperios! Con un día seminublado con frío que afloja los tapones del alma al más valiente y, atisba un concierto de recuerdos que se irán en ver y oír eructantes y soslayadas emociones más para aquellos que, como yo nacimos en un clima bien templado de calor con sol siempre ardiente y playas sudando de alegría entre olas que fertilizan sueños, sueños que a veces nos entripan de cojonudos pensamientos y, ahora alejado de una realidad que nos come por dentro sin perder la sensibilidad de ser venezolano, cualquiera el país donde nos hallemos no dejaremos de pensar en sol, tierra y mar y en crepúsculos de atardeceres compartidos.
 
Por segunda vez me acerqué a ese recinto acá en Barcelona en Pl. d’Urquinaona, 6, piso 6 oficina 6a. Y con solo ver nuestra bandera fuera de ese piso 6 soltando respirando profundo sin descanso que, entrelazan el ver un rincón de la Patria de Bolívar exclamándole a los catalanes que Venezuela vive y late a lo grande y no olvida y, sus tres colores sueltan al viento con ondas de atracción un grito hondo de alegría que encierra nuestro poder patrio como amor a la unión, no importa la lejanía, importa el sentir, esa pasión que nos devora sin matarnos y, sentimos y padecemos y comprometidos como estamos a ser libres no perdemos el Norte, aunque hollemos tierra del Sur.
 
Esta vez llegué a él a las 11 am y no como la vez pasada a las 7 am, pues, reponía un error de fecha y, por indicación para suerte la mía de la cónsul Yeritza Zuleima Rodríguez Alvarado -cararaqueña, alta, rápida y atenta- la que me atendió en la mesa dos como una empleada más dentro de los empleados del consulado que, al igual que ella como otra más se sirve en atender y, orientar con un orden esencial a los solicitantes que llegan en busca de que le resuelvan los problemas afines como residentes venezolanos en esta Comunidad autónoma de España.
 
Hombres, mujeres y niños vi, viejo ninguno, ahora como la anterior visita y, en cada uno de ellos observé una esperanza, unas ganas existenciales, una furia quizás por salir adelante, la vida acá es dura tanto para el catalán como para el inmigrante. Unos preparados y otros no, pero el destino puede ser él mismo y, en trompadas impuestas de buenas actitudes como profesionales o no, caras diferentes, nada fácil descubrir al venezolano, callados al instante con un comportamiento que los une en personas pensantes y, todos al unísono forman su cola abajo para subir después de cinco en cinco en ascensor a la oficina que les atiendan y les resuelva lo que en atención le corresponde pues, ningún trámite es gratis, porque recuerden que, trabaja el trabajador y el Estado recibe lo que presta en sí para cada uno de ellos.
 
Nada de celulares nada de gorras. Solo la espera envuelta en un tatequieto, lo que da pie para verse los rostros sin soltar palabras, enmudecidos como somnolientos no de pereza, sino de un sentir que despierta razones por estar en un país que también padece de sus males, pero cada quien anda en lo suyo, resolver la ecuación del momento en espera de días mejores. No importa que el frío del invierno nos congele las tripas de desobediencia: seguimos llevando nuestra cruz invisible tras de un fin hasta que la querencia de la ingratitud nos lleve a mejor vida, mientras hay que vivir esta. 
 
Palpé con mi mirada con distinción que Bolívar, Chávez y Maduro gozan de su resguardo institucional y risa me dio solo el pensar que Ramos Allup aparezca  y los elimine como lo hizo en la Asamblea Legislativa de Caracas o, quizá alguien más audaz que él y, quizás con pensamientos más feroces de apátrida, pero por ahora todo está en calma allí.
 
Por último: he pensado y seguiré pensando cómo adoptar acá en Barcelona: El día del venezolano, un día posiblemente de verano en que caras y corazones gocemos de un rato de buen esparcimiento y, por ahora: gracias Yeritza, gracias por el buen rato para despejar una razón de la comunicación y, suerte en tu presente y en tu futuro que, la Patria lejana te llenará de bendiciones y de satisfacciones y, no dejes de emular el pensamiento de nuestro Libertador, “Nuestra vida no es otra cosa que la herencia de nuestro país”.
 
Y señora cónsul recuerde además que, “La única manera de hacer un gran trabajo es amar lo que haces”.
 
 
 

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